Ventrílocuos y fantoches

 

No es gratuito, en estas condiciones de negación de la participación política de las mayorías ciudadanas, de precariedad de la democracia, de despolitización generalizada y de manejo acomodaticio de la prensa, que un gamonal veredal quiera constituirse en guardián de la moral.

 
Julio César Carrión Castro
 
Universidad del Tolima
 
 

Una pantomima democratera

Umberto Eco estableció con claridad que “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad”. Sin embargo esta aseveración debemos regularla y complementarla ya que, asimismo, el masivo empleo de las redes sociales, por otra parte, resulta positivo, pues podríamos pensar que fenómenos tan despóticos y criminales como el de la llamada “solución final”, o la muerte administrada dispuesta por el Tercer Reich de Hitler –y sus secuaces, incluido su socorrido Ministro de propaganda Joseph Goebels– que fue una “norma de protección ciudadana”, aplicada por los nazis a quienes consideraban “anormales”, “asociales” o en fin, “inferiores”; es decir a aquellos que no cumplían con los altísimos patrones de calidad moral, étnica y política establecidas por la pseudo-filosofía racista que inventaron. Los nazis establecieron elaboradas argucias politiqueras, con el propósito de demostrar que los sectores populares, contrarios a sus dictámenes y lineamientos utilizaban, “nuevas formas de expresión maligna, que buscaban desinformar, hacer daño, lograr orientar entre mentiras y verdades, la opinión publica y peor las decisiones mediáticas de algunas autoridades institucionales”.

La llamada “solución final”, (con que sueñan aún tiranos y déspotas a nivel global e incluso muchos jefecillos, arrieros y gamonales provincianos) que llevo al exterminio a millones de judíos, gitanos y otros grupos étnicos, a los discapacitados, homosexuales e individuos considerados “de condición contradicha”, así como a opositores políticos del régimen, a los sectores minoritarios políticos de oposición, con el establecimiento y puesta en marcha de campos de concentración y de exterminio, no habría sido posible si hubiese existido la Internet, porque dichos crímenes de Estado hubiesen sido puestos en evidencia y rechazados de una manera viral.

Si bien es cierto la actual apatía y desencanto de las masas frente a los asuntos públicos y ciudadanos ahora se pretende compensar, de manera resignada, con el placebo de la “participación virtual”, también es válido entender que existe la esperanza de que las plurales perspectivas ciudadanas expresadas por la gente, gracias a las redes sociales, logre compensar toda la cantaleta publicitaria que, disfrazada de “información”, nos dan unos medios de comunicación parcializados, fletados y pagados por los organismos de poder, para “posicionar” la imagen de los gobernantes y tergiversar los hechos.

Esta fuerza mediática, consentida y ponderada tanto por los títeres que usufructúan el poder, como por sus titiriteros, estos recadistas y cagatintas de la grande y la pequeña prensa, deplorablemente ha llegado ya a la plena realización de lo que profetizara George Orwell en su obra “1984”: Esa saturación mediática que se suele denominar “periodismo”, fue señalada por Orwell como un mecanismo valioso para lograr el control social, por parte de los sectores hegemónicos, de lo que llamó “El Gran Hermano”. A esa estructura de vigilancia y control, así como de propaganda direccionada del sistema, disfrazada de información, que busca el lavado de cerebros y la uniformidad de opiniones, Orwell la denominó “doblepensar”, una actitud y mentalidad “profesional” con que están pertrechados todos los plumíferos del régimen: “Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella, creer que la democracia es imposible y que el partido (de gobierno) es el guardián de la democracia…”

No es gratuito, pues, en estas condiciones de negación de la participación política de las mayorías ciudadanas, de precariedad de la democracia, de despolitización generalizada y de manejo acomodaticio de la prensa, que un gamonal veredal, como Oscar Barreto, (encumbrado luego de haber probado las mieles del poder como gobernador del Tolima, no se sabe en gracia de cuantas maromas y zalamerías) mediante actos taumatúrgicos, de hechicería y de birlibirloque, con presunciones de hegemon, –guía y orientador– quiera constituirse en guardián de la moral, “defender la verdad y la integridad de las personas, para no seguir teniendo homicidas de la moral (sic)”; que una especie de policía del pensamiento y de las opiniones pretenda, ahora sí, como a su amañada manera lo hizo durante su desastroso gobierno, “defender la verdad, la honra y bienes de las personas, de las instituciones”. Las ansias de figuración y “liderazgo”, le llevan a estas payasadas con que pretende mantener su perjudicial vigencia, en el deplorable y triste guiñol a que se redujo el quehacer político regional, nada más ver y oír ese fantoche –de apropiado apellido Hurtado–, que Barreto hace fungir como alcalde en la ciudad de Ibagué. El pelele, repitiendo a su ventrílocuo ha dicho también: “Urge que los medios de comunicación que tienen credibilidad y experiencia se posicionen con la verdad, frente a los “delincuentes cibernautas” que con noticias falsas quieren recuperar el poder y otros conquistarlo. Es importante el compromiso de las casas radiales y prensa sería”. Tomado de Andrés Hurtado@Andreshurtado_7 En Twitter.

“Homicidas cibernautas”, es la clarísima definición que tiene tanto el ventrílocuo como su muñeco, para pedir la penalización de quienes nos atrevamos a contradecir el modelo pantomímico de gobierno que nos han impuesto...

Edición 681 – Semana del 9 al 15 de mayo de 2020
   
 
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