Ruta de la acción comunal y
social en la y post-pandemia

 

Aún en medio de la pandemia, debemos saber que la llamada post-pandemia acentuando la grave situación socioeconómica propia del modelo de desarrollo vigente, será aún más compleja y nos corresponde pensar ¿qué hacer? ¿Seremos parte de la solución o del problema?

 
Guillermo A. Cardona Moreno
 
Observatorio Nacional Comunal, Movimiento Comunal Alternativo
 
 

En Colombia y en el mundo estamos ante una situación inédita por causa de una bacteria invisible, jamás pensada ni por los más extraterrestres visionarios ni astrólogos.

Lo más claro que tiene la historia de la humanidad es que el principio de comportamiento que ha permitido salir de las más graves crisis ha sido la solidaridad, muy invocado hasta por los poderosos para que las mayorías resuelvan sus problemas mientras ellas con habilidad y avidez sin límites, se apropian de los grandes capitales de la emergencia.

Es el principio sobre el cual teóricamente se soportan nuestras organizaciones y que imprescindiblemente debemos retomar como práctica cotidiana en la base social y como la misma razón de ser hacia la supervivencia física y como organizaciones a corto, mediano y largo plazo.

La crisis también ha mostrado la inviabilidad de un modelo de desarrollo insaciable en sus ganancias y más en las emergencias aprovechándose de la zozobra e inmovilidad ciudadana y de sus poderes dictatoriales, como en efecto está sucediendo hoy con las medidas adoptadas desde el Gobierno Nacional.

La pregunta es si desde las bases sociales y de nuestras organizaciones el camino es profundizar la desesperanza y el lamento o hacer un pare reflexivo y actuar en consecuencia con nuestra razón filosófica y conceptual de ser.

Aún en medio de la pandemia, debemos saber que la llamada post-pandemia acentuando la grave situación socioeconómica propia del modelo de desarrollo vigente, será aún más compleja y nos corresponde pensar qué hacer en el nivel básico o primario como es la supervivencia de la población para acceder a los bienes básicos pues dentro de las medidas adoptadas por el Gobierno no se ha considerado un plan de choque agresivo para potenciar la producción del campo en la perspectiva de garantizar la soberanía alimentaria en un país que importa cerca del 50% de los productos de consumo diario (Según contexto ganadero del 18 de Mayo/2020) cuando en pocos meses los países que nos venden, por los mismos efectos de la pandemia, no tendrán excedentes para nuestro consumo, situación más complicada para nuestras importaciones por los elevados precios de las divisas frente al peso que harán insostenibles esas eventuales compras.

Por eso, además de seguir reclamando al Gobierno que dentro de las medidas de emergencia adopte urgentemente un Plan de Recuperación de producción para el consumo –concertado con las verdaderas organizaciones de campesinos que producen la comida, que no son los grandes gremios–que debe contener suficientes incentivos económicos, técnicos y comerciales al productor de pan coger, desde nuestras organizaciones comunales y sociales en alianza con universidades, instituciones y organizaciones especializadas, debemos avanzar en nuestro propio plan y estrategia autónoma que ocupe nuestra atención, preocupaciones y nuestro tiempo, estrategia que por lo menos incluya:

Granjas y huertas familiares y comunitarias: fomentar, estimular, apoyar, programar granjas y huertas caseras según las características y posibilidades de cada región y lugar, para lo cual es conveniente conseguir la asesoría necesaria de profesionales y expertos en los municipios para muchos de los cuales pueden ser los funcionarios o ex funcionarios de las UMATA, del SENA y otras entidades especializadas. Lo más recomendable sería que cada familia se especialice en uno o dos productos en la perspectiva del intercambio comunitario en su sector y algunos excedentes para el mercado local. Muy importante vincular a los jóvenes de manera que construyan afectos por la naturaleza a la vez que opciones reales de trabajo.

Agricultura urbana: por municipios y localidades de las grandes ciudades organizar grupos de expertos en agricultura y producción urbana en hidropónicos, hongos como champiñones y morellanas, estas últimas de fácil y rápida producción en espacios pequeños y oscuros y de gran valor nutricional, de todas maneras, siempre siguiendo las orientaciones de profesionales y expertos. Los medios virtuales son buena asesoría. De todas maneras, será necesario producir y reproducir muchas cartillas pedagógicas.

Mercados comunales campesinos: como nunca este programa de los mercados campesinos mantienen su vigencia, en una relación directa del productor-consumidor en medio de la pandemia –cuando se denota la excesiva manipulación en los fruver del productor al primer intermediario, de allí al centro urbano de abastos al tercer intermediario y de allí al tendero, carretero o vendedor ambulante– los está convirtiendo en el principal vector de contaminación, tanto que con mucha certidumbre se sospecha que la bacteria a muchos lugares ha llegado a través de la comida, como el caso de San Andrés Islas. Generar redes de comercialización entre las comunidades urbanas y las rurales con las mínimas condiciones de salubridad, es una buena opción que contribuiría a superar la especulación de los grandes supermercados y almacenes de superficie ante la ausencia de los ambulantes que son hoy sus principales competidores. No es difícil organizar estos mercados si se cuenta con espacios y lugares urbanos, es cuestión de iniciativa y diligencia.

Ollas comunitarias: es el programa que con mayor regularidad y originalidad solidaria han desarrollado centenares y tal vez miles de comunidades en la base ciudadana, generalmente concitando el apoyo de pequeños y medianos empresarios locales y de comida como tendederos y supermercados.

Distribución de mercados desde nuestras organizaciones: Después de oír con juicio muchos intervinientes de las regiones en la asamblea de delegados de la Confederación Nacional Comunal del pasado 15, 16 y 17 de Mayo, la mejor recomendación es que los comunales en los municipios –quienes denuncian que han sido punto de apoyo principal para los listados y la información, pero que la distribución de los eventuales beneficios se hace a través de la politiquería– la mejor recomendación es que no se comprometan con esta actividad, pues posiblemente acudirán a las juntas para descargar sobre ellas las deficiencias y culpas, por ejemplo en mercados que los corruptos han saqueado en el camino. Lo mejor es asumir nuestras agendas propias como lo estamos indicando, por fuera de la corrupción politiquera en la perspectiva de construir autonomía y poder real desde la base social con hechos concretos, autonomía y poder que jamás otorgarán las instancias de poder que solamente conciben a nuestras organizaciones como instrumentos de uso. Histórica y universalmente está demostrado que quienes tienen el poder jamás ceden un milímetro de él, se les debe arrebatar con conocimiento, organización, planeación y acciones concretas.

Movilización ciudadana: De hecho, en la mayor parte de movilizaciones y reclamaciones generadas en medio de la pandemia de comunidades reclamando soluciones, están dirigentes comunales y sociales a quienes debemos exaltar, pero será necesario asumir con mayor convicción y compromiso que es la principal estrategia para conquistar derechos ante el Estado ya sea local, regional o nacional. Muchos estudios en Colombia y en el mundo indican que las mayores conquistas las han conseguido las organizaciones y los pueblos en su lucha organizada frente a los dueños del poder y muy poco han conseguido en el sometimiento a las políticas, programas y estrategias del Estado.

Lo que se vislumbra muy pronto son grandes movilizaciones ciudadanas ya no solo por lo urgente –como es la supervivencia– sino hacia un modelo de desarrollo alternativo que privilegie la vida sobre la muerte, el trabajo sobre el capital; la agricultura para la soberanía alimentaria sobre la agroindustria extensiva; el agua, la vida, la biodiversidad y el ambiente sobre la destrucción de la naturaleza por la minero-energía; la democracia plena con participación decisoria de la población sobre las dictaduras; la racionalidad del dinero como instrumento necesario de la intermediación de bienes de consumo versus la acumulación y especulación salvaje e irracional del capital.

Edición 683 – Semana del 23 al 29 de mayo de 2020
   
 
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