El espíritu de Filadelfia debe guiar la post pandemia

 

El colapso de la economía mundial ya deja millones de desempleados y, si la recesión se extiende, podría causar mayor inestabilidad global, más fisuras en Europa y escalar los roces ya visibles entre Occidente y China. Es hora de tener mayor decisión política y mejor compromiso social, en correspondencia con el espíritu que nos legó la Declaración de Filadelfia de la OIT.

 
Carlos Rodríguez Díaz
 
Expresidente de la CUT
 
 

A raíz de mi columna anterior en la que propuse que la post pandemia exige gobernar con la oposición, porque la gravedad de la situación así lo amerita, surgieron opiniones respetables, que manifiestan la imposibilidad de ello por el nivel de polarización y de odio que cunde en el ambiente.

Ante esta inquietud me permití recurrir a algunos especialistas para analizar, si la crisis del coronavirus dejará un panorama comparable al que resultó después de la Primera Guerra Mundial, o si es posible trabajar por concretar respuestas como las ocurridas a partir del momento en el que concluyó la Segunda Guerra Mundial.

Recordemos que en 1919 se creó la Organización Internacional del Trabajo, OIT, como parte del Tratado de Versalles, que puso fin a la Primera Guerra Mundial. La OIT nació reflejando la convicción de que la Justicia Social es esencial para alcanzar la paz universal y permanente. En aquel momento, tras la Primera Guerra Mundial y la llamada gripe española que azotó al mundo, se entró en una peligrosa espiral de crisis económica, tensiones políticas y conflicto armado, que “regresar a la normalidad” era un deseo tan generalizado, que un candidato presidencial en Estados Unidos ganó las elecciones de 1920 con ese eslogan.

En aquel marco, creció la inestabilidad global, sobre todo tras la Gran Depresión de 1929 que hundió el comercio, disparó el desempleo, fortaleció el nacionalismo y debilitó la democracia, llevando al mundo al mayor conflicto bélico de su historia. La Segunda Guerra Mundial.

Después de esta devastadora Guerra y aún con las heridas abiertas, los países con generosidad e incuestionable decisión política dejaron de lado sus diferencias para responder a los riesgos del nuevo orden internacional que asomaba. Entonces, se crearon organizaciones para promover gobernabilidad, paz y seguridad global. Avanzó la cooperación entre países. Se integraron economías y se evitó una nueva guerra mundial.

Es preciso señalar que la OIT, en medio de la Segunda Guerra Mundial, realizó en Filadelfia, el 10 de mayo de 1944, su 26 Conferencia Internacional con delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores de 41 países y adoptó una emblemática Declaración de Filadelfia, que fue marco referencial para incorporarla a la carta de objetivos y propósitos, cuando en 1946 la OIT se convirtió en una Agencia especializada de las Naciones Unidas.

Ahora según la ONU, el coronavirus como pandemia, pone al planeta en una situación de extrema gravedad que se convierte en el mayor reto para el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Además, el FMI, anticipa que las medidas para combatir el virus traerán la peor recesión económica desde la Gran Depresión.

En este contexto, los demócratas debemos trabajar porque el nuevo escenario mundial, que resultará de la post pandemia, lleve la impronta del espíritu de filadelfia, revitalizando un Nuevo Contrato Social y para ello, su desenlace debe estar en función de más dialogo, mejor democracia y cooperación multilateral, para vencer la pandemia y lograr que la vacuna sea un bien público. Reducir las consecuencias económicas y sociales. Asumir la Agenda 2030 de Naciones Unidas, discutiendo la democratización de la globalización y la reorientación del modelo de desarrollo.

Para ello, necesitamos un mayor liderazgo, como lo admitió Antonio Guterres, Secretario General de Naciones Unidas al decir: “Es obvio que nos falta el liderazgo que solo puede ser posible si (…) las potencias mundiales clave son capaces de aproximarse, adoptar una estrategia común y luego reunir a toda la comunidad internacional”.

Guy Ryder, director de la OIT, también ha expresado que: “Para apoyar a los trabajadores en el lugar de trabajo y a las empresas, se debe mejorar la coordinación y tener una dimensión internacional. Es importante la descripción de los problemas, pero hoy las circunstancias ameritan acciones concretas”.

Sin duda, hoy se afirma que estamos en una situación de desafíos globales cada vez más claros que requieren respuestas globales. Ahora, el colapso de la economía mundial ya deja millones de desempleados y, si la recesión se extiende, podría causar mayor inestabilidad global, más fisuras en Europa y escalar los roces ya visibles entre Occidente y China, la gran potencia emergente.

Frente a la gravedad de los hechos, es hora de tener mayor decisión política y mejor compromiso social, en correspondencia con el espíritu que nos legó la Declaración de Filadelfia de OIT.

Edición 685 – Semana del 6 al 12 de junio de 2020
   
 
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