Un plan de emergencia será
posible con movilización ciudadana

 

Desde muchas orillas se ha dicho que después de esta pandemia el mundo debe cambiar, pero ese nuevo futuro solamente será posible con la movilización consciente, digna, altiva y organizada de las mayorías con condiciones para que se vinculen decisoriamente los desposeídos.

 
Guillermo A. Cardona Moreno
 
Observatorio Nacional Comunal. Movimiento Nacional Comunal Alternativo
 
 

Cuando se dimensionó la gravedad de la pandemia del Covid-19 hacia el mes de marzo/2020, desde diferentes sectores sociales, entre ellos el comunal ofrecimos nuestra experiencia al Gobierno Nacional para acciones y decisiones que contribuyeran a enfrentar colectivamente de la mejor manera el problema.

Nunca nos han escuchado ni respondido, pero si hemos visto a un Gobierno bien acuartelado con los grandes decisores haciendo de la pandemia un pretexto para medidas económicas e institucionales en beneficio del sector bancario y de los grandes gremios económicos con algunas medidas asistenciales e insuficientes para sectores populares y muy poco en beneficio de quienes producen la comida y el empleo, como son los campesinos y pequeños y medianos empresarios. Es una realidad incontrovertible que muchos analistas y sectores académicos, sociales y políticos han denunciado ante al autismo del Gobierno.

En la lógica del gran capital, los recursos que han asignado para el sector productivo los tramitan a través de la banca privada a la que no acceden más del 90% de pequeños y medianos campesinos e industriales pues no tienen tradición en el sistema bancario o ni siquiera tienen cuentas.

Un reflejo del carácter de las decisiones gubernamentales es la confesión del ministro de trabajo cuando el miércoles 28 de mayo en “Pregunta Yamid” si las trabajadoras de familia tienen derecho al subsidio de cesantías y palmariamente dijo que no califican. Es que solamente califican quienes tengan nóminas y contabilidades bien registradas o la economía formal, según se hizo entender, quienes son muy pocos frente al universo de la economía popular.

Por estas razones dentro de estas medidas tampoco caben los tenderos y menos los vendedores ambulantes a quienes consideran desechables no obstante que el DANE reconoce que el Colombia el 62.5% del trabajo es informal.

Los recursos de salud asignados en nombre de la emergencia, debieron llegar directamente hacia los hospitales para resolver su déficit de dotación, pagar los sueldos atrasados de los trabajadores y en general fortalecer el sistema público de salud, eliminando la intermediación laboral, sin embargo no fue así, se tramitaron principalmente a través de las EPS que se quedan con buen aparte de ellos, las que además siguen recibiendo mensualmente cerca de 3.6 billones del presupuesto ordinario de la Nación.

Aprovechando la distracción con la emergencia en las regiones apartadas han intensificado la persecución contra los campesinos en las zonas de producción de cultivos de uso ilícito, en vez de negociar la sustitución dándoles todo el apoyo acordado para que permanezcan en sus territorios produciendo comida y protegiendo el ambiente. El interés real del Gobierno no es tanto eliminar la producción de estas hojas sino desplazar a los campesinos para entregar las tierras a los grandes capitales nacionales e internacionales como está haciendo en la Altillanura y en la Macarena, pues cuando se sustituye esta producción en negociación con el campesino, al año siguiente no se resiembra ni el 1% pero cuando se fumiga se resiembra más del 40% han dicho las Naciones Unidas. Esta política de tierra arrasada del Gobierno aupada por la SAC Y FEDEGAN con quienes comparte el mandato está profundizando y ampliando el conflicto en muchas regiones y causando los centenares de asesinatos contra dirigentes campesinos, comunales, indígenas y sociales en general.

Con el pretexto de resolver el desempleo están asignando varios billones de pesos para la construcción de vivienda, profundizando grandes concentraciones de población en urbes que ambiental y laboralmente son insostenibles. El real interés del Gobierno es estimular al gran capital especulativo de la vivienda, recursos todos que se debieran orientar hacia la producción agroalimentaria, y los mercados locales, incluida la sustitución concertada con los campesinos de las yerbas de uso ilícito como ya hemos recordado.

En su tradicional comportamiento, las oportunistas empresas de servicios públicos incrementan sin pausa las tarifas ante la aquiescencia del Gobierno, salvo pequeños escarceos demagógicos de asombro o control que al final nada deciden en favor de los usuarios.

Aprovechando el desorden igual los gremios del gran empresariado quieren recortar derechos laborales bien ganados por los trabajadores del sector formal. Se han adoptado protocolos para facilitar el retorno al trabajo para los grandes sectores de la producción, pero no obstante nuestras insistentes reclamaciones no se han adoptado protocolos para garantizar el trabajo de los ambulantes e informales quienes por la fuerza de la subsistencia están retornando masivamente a las calles.

Al estilo de las más horrorosas dictaduras se ha amordazado a las organizaciones sociales y sus dirigentes comunales, campesinos, indígenas y demás, no obstante, nuestras reclamaciones de condiciones de excepción para la movilización. Igual han hecho con las corporaciones públicas y con el Congreso quienes vergonzosamente no cumplen su papel de control político salvo pocas expresiones de dignidad.

Dramática es la situación de los jóvenes tanto en lo laboral como educativo con altos niveles de deserción como la del SENA que según su director es superior al 60% en medio de la pandemia.

Mientras que desde los más altos estrados del poder se gobierna para el gran capital nacional e internacional, en la base, los corruptos de los que se alimentan políticamente hacen festín con los recursos públicos en nombre de la emergencia.

Seríamos inagotables relacionando los problemas de centenares de sectores económicos y sociales, mientras que miles de toneladas de comida producida por nuestros campesinos no llega a la población que la necesita o se dañan en los supermercados por falta de circulante o de billetes y monedas, pues más del 90% del dinero asignado con el pretexto de la emergencia se queda circulando y especulando en las redes virtuales nacionales e internacionales sin que llegue al ciudadano del común.

Es evidente que los poderosos ganan mucho en su normalidad, pero más en nombre de la emergencia y jamás ni aún en las más peligrosas condiciones de la población, renunciarán a sus privilegios. De hecho, en la historia del capitalismo, las mayores concentraciones de riqueza se han dado en las grandes crisis a la vez que las mayores quiebras de pequeños y medianos empresarios y mayor empobrecimiento de las mayorías. Solo basta mirar hoy la multiplicación de las ganancias de las grandes redes y centros de supermercados. La pregunta es, ¿si las mayorías estamos condenadas irreversiblemente a condiciones de mayor pobreza y miseria y hasta a un desabastecimiento alimentario en pocos meses por cuanto los países que venden a Colombia cerca del 50% de lo que consumimos, no lo harán pues deben atender sus consumos internos?

Si permanecemos en la indiferencia, desorganización e inmóviles ese puede ser el futuro, pero si actuamos con conocimiento, con dignidad y fuerza, la situación sí tiene solución con medidas como:

– Que todos los recursos de la salud lleguen directamente al sistema público para pago digno a sus trabajadores, hospitales y centros de salud bien dotados y especializados, a partir de planes de sus propios sectores sindicales, académicos y profesionales.

– Con un ingreso mínimo de supervivencia para todos los colombianos que no lo tengan, recursos que pueden proceder de las reservas internacionales que son buenas; de préstamos del Banco de la República y/o de emisión que llegue directamente a la población para que dinamice el consumo y en consecuencia la producción de bienes básicos pues ya sabemos que la banca especulativa los convierte en circulante virtual con poco acceso al ciudadano común.

– Con un plan de emergencia para la producción y comercialización alimentaria desde la base ciudadana, sin intermediación innecesaria, con subsidios al campesino de pan coger, crédito con período muerto de por lo menos un año y a largo plazo, arreglo de vías y seguridad social, por lo menos en los términos de los acuerdos de paz; apoyo a las huertas caseras y a la agricultura urbana, dineros todos que deben llegar a través del banco estatal, sin intermediación de la banca especulativa.

– Protocolo concertado para y con los trabajadores informales estimulando el retorno de muchos de ellos a la producción agropecuaria y a todos con garantías de seguridad social y recursos de trabajo.

– Redefinición del régimen de tarifas de servicios públicos en torno a sus costos reales de producción y distribución con subsidio para los sectores de menores ingresos.

– Plan de apoyo al fortalecimiento de las organizaciones comunales y sociales, concertado con ellas en torno al conocimiento y ejercicio de derechos.

– Garantía de pleno acceso a toda la población a la educación presencial y virtual con precios en torno a los costos reales.

– Prioridad al agua, la vida, la biodiversidad y el ambiente sobre la destrucción de la naturaleza por la explotación minero-energética y grandes centros urbanos incontrolados.

– Política de redistribución de población en el territorio en torno al ambiente, el agua, los servicios básicos, la soberanía alimentaria y el empleo.

Desde muchas orillas se ha dicho que después de esta pandemia el mundo debe cambiar, que se ha demostrado la obsolescencia del capitalismo salvaje el que no garantiza futuro a los pueblos; que se debe imponer un nuevo orden económico internacional y mucho más, pero debemos entender muy bien que esa nueva realidad no será posible por voluntad de los dueños del poder económico, políticos y sobre los medios de comunicación masiva; una vez más ha quedado demostrado que no ceden un milímetro de sus poderes, por eso ese nuevo futuro solamente será posible con la movilización consciente, digna, altiva y organizada de las mayorías, movimiento del que un sector importante será el sindical pero que imprescindiblemente debe ir mucho más allá generando condiciones para que se vinculen decisoriamente los desposeídos como ambulantes, campesinos, jornaleros, raspachines, mujeres, diversos, jóvenes, clase media, profesional y académica, en fin, toda la población en un movimiento del que todos se sientan dueños y participes.

Vamos hacia la movilización nacional aún en medio de la pandemia…

Edición 685 – Semana del 6 al 12 de junio de 2020
   
 
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