Somos uno solo

 

La pandemia que inquieta y enseña, a vivir y a morir. Pienso en muchas cosas cuando escucho hablar de curvas, de aplanamientos, de cercos epidemiológicos, del pico y varios términos y conceptos nuevos o antes poco comunes. Eran cosas de científicos.

 
Álvaro González Uribe
 
Abogado, periodista y escritor – @alvarogonzalezu
 
 

En esta pandemia hemos aprendido muchas cosas: de la vida, del planeta, de la naturaleza, de las ciencias, de los demás, de la convivencia, de la soledad, de uno mismo. Pero creo que quizás lo más importante que esto nos ha dejado es saber todo lo que no sabíamos ni sabemos. Ser conscientes de lo que nos falta por aprender, a todos. “Solo sé que nada sé”.

Ha sido una avalancha de conocimientos, de respuestas y de preguntas y, claro, siempre quedarán las preguntas. Esa necesidad de aprender para sobrevivir, para triunfar (sea cual fuere el concepto de triunfo que cada uno tenga), para tener mejor calidad de vida, para ayudar a los demás, (para escribir), para descrestar y por simple curiosidad. El ser humano es un animal de preguntas y sin éstas jamás habría evolución.

Quizás muchas de las cosas que hemos aprendido ya las teníamos en la mente, rondaban por allí y las aplicábamos sin darnos cuenta, pero no las habíamos sintetizado, organizado, comprendido en su real dimensión. No las sabíamos poner en práctica de manera correcta, oportuna y consciente.

No soy médico y tampoco científico, pero, al igual que a muchos, se me han despertado cientos de inquietudes sobre la medicina y las ciencias. Hemos aprendido como nunca. La salud…, ese estado que nos permite sentirnos bien para vivir mejor, para vivir. ¿Dónde está la salud?

¿Dónde está mi salud? Con mis palabras y mis pocos conocimientos al respecto concluyo que la salud está en todas partes (sí, es ubicua) no solo en mi cuerpo y en mi mente sino también por fuera. En los demás, en el aire, en el agua, en las cosas que me rodean, en los árboles, en la naturaleza, en todo el planeta, en mis conductas y en las de los demás. La salud es una sola puesto que somos un solo organismo vivo. Es más: somos un solo organismo vivo e inerte porque todo influye en todo, hasta el más diminuto grano de arena (¿lo han sentido en un ojo?). Los científicos, los salubristas, los expertos en medioambiente le tienen nombres a ese concepto y lo pueden explicar mejor. Pero así es como yo lo veo, como lo siento.

Somos un solo organismo sin solución de continuidad.

Tener claro ese concepto es fundamental para tener buena salud, para vivir mejor, para conservar la vida. Y muy importante: para preservar la vida y la salud de mis hijos, de los nietos cuando los tenga y de todos mis posibles descendientes que son de todos como todos son los míos. La de toda la humanidad futura. Se llama ética. Actuar con ética para con mi futuro, para con mis conciudadanos, para con quienes habitan el planeta conmigo y para con quienes lo habitarán. Todos tienen derecho a gozar de buena salud, a vivir, y si ello en algo depende de mí pues debo hacer cuanto esté a mi alcance para que suceda. Y por supuesto: Jamás estropear el camino andado que otros surcarán.

¿Me quiero morir? Puede ser asunto de cada uno, pero sí debo pensar muy bien las repercusiones que mi falta de autocuidado y que mi muerte traiga en los demás, no sería ético entonces ese libre albedrío de autodaño por acción u omisión si llega a perjudicar a los demás. Y claro, tampoco sería ético para con los demás mantener una mala situación de salud mía que les afecte su vida a otros de alguna manera. ¿Eutanasia? Complicado esto.

La pandemia que inquieta y enseña, a vivir y a morir. Pienso en muchas cosas cuando escucho hablar de curvas, de aplanamientos, de cercos epidemiológicos, del pico y varios términos y conceptos nuevos o antes poco comunes. Eran cosas de científicos.

Por ejemplo, eso de las preexistencias o comorbilidades (lo dije) sí que me pone a pensar. Que se deben cuidar más quienes padecen ciertas enfermedades, y por eso sus libertades se coartan. Pues sí, habrá enfermedades más graves que otras que ya tenemos, que llevamos quizás desde que nacimos y hasta antes. Y uno mira esas listas diarias de muertos que divulgan y entonces uno observa que la mayoría tiene esas “comorbilidades” (lo volví a decir) y me pregunto si están bien diagnosticadas en tan corto tiempo, qué tan graves son en caso de estar claras, qué tanto de vida le quedaba a esa persona sino hubiera tenido covid-19. Todos tenemos comorbilidades, todos tenemos alguna enfermedad “de base”.

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Así define la OMS a la salud… Hace poco escuché una entrevista a un médico colombiano, una especie de sabio de la vida, Alex Jadad, quien definía la salud, no como el completo bienestar ni la ausencia de enfermedades según la define la OMS, sino algo así como la capacidad de vivir bien con relación a cualquier tipo de padecimiento. De acuerdo. ¿Quién está absoluta y totalmente sano?, nadie. De hecho, todos los seres humanos (todos los seres vivos) tenemos una preexistencia inmensa, campante y galopante más que comprobada y diagnosticada: Se llama vida.

Y claro, la covid-19 lo que hace es ponerla más en evidencia si es que a eso vamos. Pero no podemos ver, así las cosas, a lo Bolsonaro y similares. De alguna manera eso también justificaría el asesinato: Solo me anticipé un tiempo a la muerte de George Floyd, diría el policía gringo...

Edición 686 – Semana del 13 al 19 de junio de 2020
   
 
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