Silenciados

 

Sí, este virus Covid-19 es amigo de lo caluroso y nada mejor que estos humanos que han aprendido a vivir bien juntos como ninguna otra especie, como ninguna otra criatura de este vasto universo.

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombiakritica
 
 

Si nacer es empezar a morir (la frase es de Borges) ¿por qué nos cuesta tanto entenderlo? La curiosidad la despierta esta pandemia que todo mundo la teme unánimemente, desde los que tienen cómo costearse el escondite más remoto hasta los más humildes que no tienen monedas para moverse, pero ninguno puede escapar, todos están expuestos por igual, y no pueden escapar porque el virus es uno sólo, ubicuo, está aquí y allá como sólo los dioses pueden hacerlo, estar en todas partes gracias a ese don de la ubicuidad, pero que con el Covid-19 es gracias a su genial facilidad de propagación, se vuelve viral decimos de aquello que se propaga fácilmente, que en el menor tiempo posible está en todas partes, en todo el mundo.

Muy a lugar el ejemplo aquel del aleteo de una mariposa y de sus repercusiones transatlánticas, con este amigo covid-19 es un buen huésped de los humanos más que de los murciélagos, recordemos, que a decir de los saberes científicos o epidemiológicos, primero se desarrolló en éstos y luego brincó a aquellos, al bípedo humano, y la razón: son la comunidad más apetecida porque es la que mejor saben de vivir juntos, juntitos, apretaditos unos con otros, ver en Google Maps las ciudades en donde se aglomera el setenta por ciento de la población mundial, y entonces, se lo entenderá. Sí, este virus Covid-19 es amigo de lo caluroso y nada mejor que estos humanos que han aprendido a vivir bien juntos como ninguna otra especie, como ninguna otra criatura de este vasto universo.

Pero bueno, nuestra curiosidad es el temor al morir, curiosa porque desde el principio la sentencia de que nacer es empezar a morir y no sea de tan fácil entendimiento, pues cada día miles de células mueren y se renuevan, pero lo más ilustrativo son las funciones perdidas de los órganos y músculos al pasar de los años hasta que ya no damos más, por eso de que cada minuto es vida vivida pero también es muerte que se va acumulando, y por ello también se dice que la vida es muerte que viene o que la muerte es vida vivida. Pero si ello es así, o al menos de tan fácil decir, de tan fácil escribirlo, por qué vemos a estos humanos que somos, a estos colectivos sociales, a este mundo, a todos en estas naciones copiar a pie juntillas esas recomendaciones hechas por los Estados, por los gobiernos, referidas al distanciamiento o aislamiento social, como se lo quiera llamar, lo importante es hacer notar que todo lo desprendido de allí deriva del temor, del miedo, del miedo al morir, del miedo a la muerte, resguardarse del contagio que sin vacuna, la segura muerte sobre vendrá, se lo repite a diario, y así estamos congelados del miedo. Es eso vuelto chantaje por los gobernantes, yo te restrinjo tu libertad, pero es para protegerte la vida. Y así en lo sucesivo el ejemplo es seguido por minúsculas autoridades en donde cualquier portero o vigilante te reprende. A ese nivel de fastidio va lo paranoico, lo histérico colectivo, y que todos vamos introyectando en nuestras vidas cotidianas.

No de otra forma puede entenderse que de la noche a la mañana un cualquier adicto mandatario (perdón por la expresión que refiere que toda acumulación de poder y a quien involucra es un drogadicto del mandar, de creer que domina a otros todos de una nación) encierre a toda la población sin protesta alguna, ello ya es un síntoma enfermizo que preocupa, para reforzar esta unanimidad ciega tan sólo recordemos ese primero de mayo emblemático en el que la clase trabajadora salía en conmemoración suya, a presentar sus reivindicaciones, ganadas unas y otras por ganar, nada de eso se dio, bastó con el Estado de Excepción pandémico para que nadie dijera ni mu, a todos nos pusieron el bozal, aunque es un decir, la frase parece ser cierta, a todos nos tienen con la boca tapada, las voces silenciadas.

El dato tampoco deja de ser curioso, en los inicios de este covid-19 la OMS recomendó el tapabocas en tan sólo las clínicas y en personas contagiadas, los demás no era necesario que lo usaran, pero luego, del día a la noche, como a regañadientes, salen a decir que su uso masivo previene el contagio. Extraño, digo, que de un momento a otro se cambie de certeza en un organismo que presume competencia científica. Y para no dejar esta duda a mitad de camino, consideramos que ese trapo minúsculo sostenido por dos hilos que prenden de ambas orejas es un símbolo práctico y visible, una especie de placebo, que cualquier gobernante mundial puede pasar por eficiente así tan sólo sea un elemento demagógico.

Fue propósito de este escrito discurrir sobre esa cosa que es costumbre del morir pero que despierta tanta alharaca en todos; y también tuvo por fin dejar enunciado la explotación o chantaje que hacen los gobiernos de manera demagógica sin encontrar resistencias, por el contrario, lo unísono es la Servidumbre Voluntaria, la vuestra, la de cada uno, la de todos.

Edición 686 – Semana del 13 al 19 de junio de 2020
   
 
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