La autotransformación de la acción comunal

 

El movimiento de Juntas de Acción Comunal (JAC) es uno y diverso a la vez, es el tejido social más extendido en barrios y veredas de la totalidad de municipios del país. Se estima, según el Ministerio del Interior, que hay 64.000 Juntas, cerca de 7 millones de afiliados y 900.000 dignatarios comunales.

 
Luis I. Sandoval M.1
 
 

Estas notas se proponen contribuir al renacer o caziyadu (Orlando Fals) del movimiento comunal que se gesta en medio de las más adversas circunstancias que podrían imaginarse: la muerte rondando a sus anchas y segando a diario la vida de sus líderes, hombres y mujeres. ¡Qué horror! Respondo así al interés de los apreciados amigos comunales y a su permanente y gentil invitación a participar de su reflexión y actividades.

El movimiento de Juntas de Acción Comunal, las JAC, el tejido social más extendido en el país, forma parte de los mecanismos ciudadanos para la participación que el Estado social está en el deber de promover como lo establece el artículo 103 de la Carta: “El Estado contribuirá a la organización, promoción y capacitación de las asociaciones profesionales, cívicas, sindicales, comunitarias, juveniles, benéficas o de utilidad común no gubernamentales, sin detrimento de su autonomía…” (resaltado mío).

Este deber de promoción incluye en las circunstancias actuales el de reparación, en particular reparación colectiva, porque los comunales se inscriben dentro de los miles y millones de víctimas del conflicto interno armado, el modelo económico antisocial y la democracia sin efectiva participación que caracterizan nuestro proceso social y político. “A la nueva república le falta el sujeto” se observó agudamente al día siguiente de promulgada la Constitución de 1991 (Castellanos, CINEP, 1992).

La reparación colectiva de un actor social, más que en la restauración de lo que era al momento de la agresión o victimización, consiste en la autohabilitación para adquirir la identidad y alcanzar la estatura necesaria frente a los retos de presente y de futuro. A ese criterio elemental es preciso adicionar otro indispensable, también de sentido común, a saber: nadie repara a nadie, nadie se repara solo, un actor social se repara colectivamente en ejercicio de su capacidad autoinstituyente2.

Condición sine qua non para que la acción autorreparadora prospere y cumpla su cometido es el entendimiento de la victimización. Si no hay una comprensión cabal del hecho o proceso victimizante –patrones, condiciones, actores, contexto, daños e impactos– es imposible establecer el sentido de la acción reparadora; igualmente necesario es identificar las condiciones en que un actor social puede constituirse en sujeto para realizar su proyecto colectivo de vida y ejercer el rol que considera pertinente en un momento determinado.

Es por ello por lo que la reparación colectiva requiere la memoria y la verdad como reconstrucción rigurosa, analítica y crítica, de los procesos antecedentes en la trayectoria de un determinado actor social, en este caso las Juntas de Acción Comunal (JAC). Verdad como reconstrucción de su trayectoria y verdad como afirmación de una identidad en construcción son igualmente necesarias. El enfoque aquí esbozado de la reparación como autoconstrucción de sujeto social para nada exime al Estado de sus obligaciones como propiciador necesario de las condiciones para la reparación.

Las premisas colocadas en las líneas precedentes permiten, en el caso del movimiento de Juntas Comunales, preguntarse cuál ha sido su transcurrir en las décadas pasadas desde 1958 en que fueron creadas3, cuáles las facilidades y cuáles los obstáculos para su desarrollo y cumplimiento de su papel, cuál el rol que quieren jugar en el contexto actual y hacia el futuro. La tarea de dar respuesta a este interrogante central cuenta con avances notables en esmerados trabajos de los propios comunales sobre su devenir y en estudios de enorme valor de analistas sociales de diversas disciplinas y visiones.

Pertinente resulta hacer referencia aquí a las consideraciones que sobre las JAC formuló el Padre Camilo Torres como sociólogo investigador y como docente en la ESAP, a pocos años de creadas. Camilo propugnaba porque “las Juntas de Acción Comunal no tuvieran un carácter muy institucional, sino que generaran procesos de mucha participación, siendo protagonistas de sus decisiones y de las transformaciones de su barrio”4. Llegar a las comunidades, según él, es necesario “No para ayudarlas de una manera paternalista sino para darles conciencia de sus necesidades, actividades y organización, tres elementos indispensables para crear una presión de base”. Camilo hizo práctica de comunidad en el Municipio rural de Cogua, Cundinamarca, en el Barrio Tunjuelito al sur de Bogotá y en Yopal, Casanare5. Por su iniciativa se constituyó en 1959 en la Universidad Nacional el Movimiento Universitario de Promoción Comunal MUNIPROC.

El Maestro Orlando Fals Borda, otra de las figuras que originalmente impulsaron las JAC, hizo intervenciones y produjo a lo largo de su vida varios textos esclarecedores sobre el tema en referencia. Precisamente en junio de 2008, poco antes del fin de sus días, en homenaje que la Junta Comunal de Saucío y otras de Chocontá y la región le rindieron al Maestro, su iniciador a fines de los 50, él les dirigió estas palaras: “Por favor, queridos amigos, hermanos y hermanas de Saucío, de Chocontá y de otros pueblos cercanos, defiéndanse y defiéndanse con fuerza porque ustedes tienen la razón, ustedes tienen la razón por la vida, tienen razón por la historia, tienen razón porque trabajan, no roban, no castigan, sino que construyen, tratan de construir un país mejor”. Se aprecia que Orlando Fals tenía una idea de las Juntas como organismos comunitarios vivos, que se mueven y proyectan con iniciativa propia en una perspectiva de cambio y transformación.

Varios trabajos, producidos en diferentes momentos, que ilustran el tema de la autonomía/heteronomía de las JAC en sus diferentes aspectos, son los de Luis Emiro Valencia Sánchez, Rocío Londoño Botero, Beatriz López de Mesa, Guillermo Cardona Moreno, Luis Bernardo Díaz Gamboa, Luis Fernando Restrepo, Luis Sandoval Moreno, entre otros6. La compilación y sistematización del pensamiento comunal que está en la memoria de los Congresos Comunales es de enorme valor. Al final de este texto incluyo la bibliografía que me fue posible identificar en las actuales condiciones de aislamiento por la pandemia.

La criatura de las JAC, nacida en 1958 con la idea de pieza clave de un proceso de modernización y de despegue acelerado hacia el desarrollo económico y social (teoría del desarrollo de la comunidad), fungiendo como poder colectivo, autónomo y autogestionario, de la ciudadanía organizada en campos y ciudades, muy temprano fue atrapada en el sistema clientelar de reproducción política que significó el régimen oligopólico y consociativo del Frente Nacional. Notando que la clientilización ha sido más un fenómeno urbano que rural, acentuado en el período 1968 – 19917.

Ese, a mi juicio, es el elemento sustancial de las condiciones de victimización de los comunales: haberles impedido llegar a ser lo que estaban llamados a ser. A este tratamiento subordinado, que entrega migajas a cambio de inducir a los “beneficiarios” a convertirse en soporte del régimen político y social elitista, paliando la falta de partidos verdaderamente consolidados como movilizadores de opinión y de voto8, se unen en el transcurso del tiempo otros factores que afectan muy seriamente a las JAC: manipulación, estigmatización, corrupción, violencia multiforme desde afuera, alto nivel de conflictividad, bajo nivel de gestión, ciertas prácticas clientelares en el interior, que han limitado en gran medida la posibilidad de constituir un sujeto comunitario que realmente funja como agente de cambio.

Esta constatación para nada demerita el heroico esfuerzo de las JAC de haber ganado, en contextos extremadamente difíciles, con escasos y elusivos medios, condiciones de vida digna procurando la provisión de servicios básicos domiciliarios (agua, luz, alcantarillado, aseo, telefonía…), de infraestructura vial (carreteras municipales y veredales, puentes, caminos y calles), y también social (educación, salud, esparcimiento, salones comunitarios) para millones de colombianos en los campos que se despoblaban y en las ciudades que se crecían aceleradamente a expensas del campo.

A pesar de las condiciones adversas que han rodeado a las JAC desde su nacimiento, éstas han jugado un lugar realmente relevante y admirable, en los espacios populares, más por la inteligencia, el coraje, la solidaridad de sus integrantes y la tenacidad de sus líderes y lideresas, que por el apoyo del Estado siempre cicatero en recursos y exigente en adhesión.

La historia de la acción comunal es la de la tensión entre la pretensión del sistema político e institucional de mantener el movimiento ciudadano comunitario en condiciones de minoría de edad y la propensión, débil en unos momentos, más fuerte en otros, titánica en algunos, de esas bases territoriales, urbanas y rurales, a adquirir su mayoría de edad. No es ajena esta experiencia a la de otros actores colectivos. Los campesinos y etnias (indígenas, afrodescendientes, raizales…), en momentos anteriores y posteriores a la Constitución de 1991, se han movido en la dirección de superar el tutelaje politiquero y acceder a procesos notables de autonomía.

Las Juntas Comunales que comenzaron a constituirse y expandirse a partir de 1958, vieron nacer a las guerrillas en los años 60 y luego en los 80 a los paramilitares. Sufrieron, por tanto, las consecuencias de la presencia de estos actores armados y también las del ejército oficial, en centenares de municipios que se convirtieron en sede o escenario del conflicto armado.

En la medida en que la confrontación armada se degradaba y envilecía, mayor era la victimización que producía confinamiento o desplazamiento, sometimiento a la presencia armada lanzada a disputar y copar territorio. Por décadas las poblaciones y sus Juntas Comunales padecieron reclutamiento forzado, despojo, constricciones, amenazas y muerte. Las JAC, si tuvieron en ocasiones que plegarse a la imposición de los actores armados, siempre se mantuvieron como actores de convivencia y demandantes de derechos por medios de lucha civil (cabildeo, correduría, movilización, mano prestada, minga, bazar comunal, olla comunal…).

La circunstancia actual, que prolonga una trágica saga de muchos años, referida a la violencia contra los líderes y lideresas comunales, al tiempo que ello ocurre con el liderazgo social de otros sectores, agrava muy sensiblemente la situación hasta ahora descrita. Confluyen en estos aciagos momentos la lógica de la cooptación política y la acción nefanda del exterminio por acción de actores extraestales y, a menudo, también estatales o con su connivencia y complicidad. Para destacar que aún en estas duras circunstancias el movimiento de Juntas Comunales se reinventa a diario y hace grandes esfuerzos por proyectar un futuro de renovación.

Los comunales, distanciándose cada vez más de tradiciones negativas, con creciente participación de mujeres, jóvenes y profesionales, se constituyen en agentes de cambio participando en la iniciativa de mercados campesinos9, en la formulación de los planes territoriales de desarrollo amigables con la naturaleza, en el reclamo de asignación y restitución de tierras al campesinado, en la demanda de sustitución voluntaria y subsidiada de cultivos de coca en regiones apartadas, muchas de ellas frontera de colonización, en la exigencia de implementación de reformas, inversiones y desarrollos institucionales previstos en el Acuerdo Final de Paz (noviembre 24 de 2016). Las dinámicas comunales se informatizan cada día más.

Cuando se niega la posibilidad de establecer las llamadas circunscripciones especiales de paz, o circunscripciones electorales para las víctimas, en gran medida las afectadas son las bases comunales, único principio de ejercicio de ciudadanía y único medio de presión civilista colectiva para conquistar condiciones de supervivencia en territorios alejados que fueron, o siguen siendo, asiento del conflicto armado interno.

La victimización letal de los comunales está provocando paradójicamente, en la sociedad colombiana y en ellos mismos, la emergencia de una conciencia renovada de su ser y quehacer y está permitiendo, igualmente, que otros actores sociales que eran renuentes a aceptar a las JAC como parte del sujeto plural de transformación social y política para la paz, y para la transición de una república elitista a una república auténticamente democrática y social, ahora estén mejor dispuestos a compartir destino y camino con los comunales.

El movimiento de Juntas de Acción Comunal (JAC) es uno y diverso a la vez10, es el tejido social más extendido en barrios y veredas de la totalidad de municipios del país. Se estima, según el Ministerio del Interior, que hay 64.000 Juntas, cerca de 7 millones de afiliados y 900.000 dignatarios comunales. Si su futuro se libera de las ataduras que persisten de la subordinación, si el saber militante se encuentra con el saber experto universitario, región por región, si el Estado reconoce y respeta el movimiento comunitario como contraparte legítima de poder ciudadano, si su liderazgo no sigue siendo diezmado, Colombia entera transitará a tiempos de concordia, equidad y juego limpio11.

El movimiento de Juntas Comunales, de la mano con la multiplicidad de formas asociativas en expansión12, abre para el país la posibilidad de la democracia asociativa, en la perspectiva de una revitalización del municipio colombiano, como real cumplimiento y nueva dimensión de la democracia participativa, para hacer realidad el vivir, buen vivir y convivir.

Bibliografía

Torres Restrepo Camilo. El espíritu de la acción comunal, conferencias en los cursos para promotores departamentales de acción comunal dictados por la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional mediante contratación con el gobierno nacional, 1959. (Texto en Obras Completas de Camilo Torres, U. Nal. 2016)

Torres Restrepo, Camilo. Universidad y Acción Comunal en América Latina, ponencia al Primer Seminario Nacional Interuniversitario de Desarrollo de la Comunidad, Cali, septiembre de 1960. (Texto en Obras Completas de Camilo Torres, U.Nal. 2016)

Fals Borda, Orlando. Acción Comunal en una vereda colombiana: su aplicación, sus resultados, su interpretación. Universidad Nacional, Departamento de Sociología, Bogotá, 1961.

Fals Borda, Orlando. Campesinos de Los Andes: estudio sociológico de Saucío (1961), escritos antológicos, Bogotá, Universidad Nacional, 2017.

Leal Buitrago, Francisco. Los movimientos políticos y sociales: un producto de la relación entre Estado y sociedad civil, Análisis Político N° 13, IEPRI U. Nal., Bogotá, 1991.

Castellanos, Camilo. A la nueva república le falta el sujeto, texto incluido en el libro Colombia análisis al futuro, CINEP, Bogotá, 1992.

Borrero, Camilo. Acción comunal y política estatal: ¿un matrimonio indisoluble?, Documento ocasional CINEP, N° 57, 1989.

Londoño Botero, Rocío. Los Sindicatos y las Juntas Comunales en Colombia, Revista América Latina Hoy, Universidad de Salamanca N°17, noviembre 17 de 1997.

Cardona Moreno, Guillermo. Historia de la acción comunal y perspectivas en el pos-conflicto, Revista Cambios y Permanencias – UIS, Bucaramanga, 2018.

Valencia Sánchez, Luis Emiro. Visión de la Acción Comunal en Colombia 2008-2058. Bogotá, ESAP, 2008.

Valencia Sánchez, Luis Emiro. Hacia la Modernización orgánica y el fortalecimiento democrático de la Acción Comunal, Revista Administración y Desarrollo – ESAP, Vol.38, N°52, Bogotá, enero-diciembre 2010.

Díaz Gamboa, Luis Bernardo. Asociaciones vecinales. Fortalecimiento de la sociedad civil. Consolidación del Estado Democrático. Los casos de España y Colombia. U. Complutense, Madrid, 1999.

López de Mesa, Beatriz y Gutiérrez, Alberto León. Universidad de Antioquia-CES. La acción comunal: entre la tradición, la modernización y la democratización (Conclusiones de investigación auspiciada por Conciencias). Introducción por Luis I. Sandoval M. Bogotá, ISMAC, 1997.

Sandoval Moreno, Luis Ignacio. Columnas en el diario El Espectador, Bogotá. Juntas Comunales para la paz, 18.04.2016; Luis Emiro Valencia, comunales y paz, 26.11.2018; El clamor desoído de los comunales, 25.09.2019. Comunales: ¡Duro presente… promisorio futuro!, 16.06.2020.

Sánchez, Pedro y Cárdenas, Carlos. Participación ciudadana en la gestión pública. Bogotá, Ibáñez, 2019.

Edición 688 – Semana del 27 de junio al 3 de julio de 2020

1 Investigador social, Presidente de la Asociación de Estudios y Acción Política Democracia Hoy – DEMHOY- , articulista y columnista de prensa, exintegrante de la Comisión Nacional Asesora de la Confederación Comunal, exdirector académico del proyecto de CODHES para la reparación colectiva del sindicalismo. Agradezco a quienes leyeron el borrador de este texto y con inmenso interés me hicieron valiosas observaciones.

2 La referencia al concepto acuñado por Paulo Freire para la educación liberadora me parece que se justifica aquí en tanto todo proceso educativo, social y político autentico es una dinámica de autoproducción de sujeto, autopoyesis diría Cornelius Castoriadis.

3 Ley 19 de 1958, creadora también en sintomática coincidencia de la Escuela Superior de administración Pública ESAP. Ojalá las JAC estuvieran en forma permanente ligadas a los medios universitarios en plan de encuentro de saberes, saber experto y saber militante, y trabajo cooperativo que sería, sin duda, de enorme trascendencia.

4 Cita tomada de Camilo Torres Restrepo: universitario, investigador y organizador social por Jaime Eduardo Jaramillo febrero 15, 2015.

5 Enterado de las experiencias de Camilo Torres y de Orlando Fals con comunidades urbanas y rurales el Ministro de Educación Abel Naranjo Villegas, Gobierno de Alberto Lleras Camargo, los llamó a integrar el Comité de Promoción de la Acción Comunal junto con Jaime Quijano y Gustavo Pérez Ramírez. Este Comité produjo el documento Plataforma de Acción Comunal al tiempo que se promulgaban la ley 19 de 1958 y el Decreto 1959 que creaban las JAC e igualmente la División de Acción Comunal en el MEN. Luego el Decreto 1634 de 1960 adscribe la División al Ministerio de Gobierno y determina una singular forma de democracia dentro de las Juntas en las cuales la mitad de sus afiliados debería ser conservadora y otra la mitad liberal. Esta valiosa información la aporta el sociólogo, también sacerdote, Gustavo Pérez, en su libro Camilo mártir de la liberación, Ediciones La Tierra, Quito, 2009.

6 Francisco Leal Buitrago, en una perspectiva más amplia, sitúa los movimientos sociales y políticos como un producto de la relación entre Estado y sociedad civil (Revista Analisis Político N° 13, 1991).

7 Periodización traslapada del movimiento comunal que es comúnmente aceptada: 1.Nacimiento y expansión de las JAC autogestionarias 1958-1968, 2.Clientilizacion vía auxilios parlamentarios 1968-1991, 3.Primera fase de la recuperación comunal con el lema Organización-Formación-Autonomía 1978-1996, 4.Tiempo reciente en el marco de la democracia participativa.

8 Sigo, respecto a este crucial asunto, el punto de vista que en varias ocasiones a lo largo de los años le oí expresar a Luis Emiro Valencia y más recientemente al destacado dirigente comunal, hoy animador del Observatorio Comunal, Guillermo Cardona Moreno.

9 Conexión del tejido social urbano con el tejido social rural para la provisión de productos campesinos a las grandes ciudades y compradores públicos en la perspectiva de la soberanía y seguridad alimentaria. Líder comunal de esta experiencia ha sido Efraín Villamil en Bogotá. La experiencia está reseñada por Juliana Millán y Hernán Darío Correa en el libro La construcción alternativa de políticas populares: hacia la soberanía, la seguridad y la autonomía alimentaria (SSAA), Ediciones desde abajo, Bogotá, 2017.

10 Guillermo Cardona Moreno distingue varios tipos de comunales como se puede ver en su Historia Comunal, obra ya citada en este trabajo.

11 Luis Emiro Valencia Sánchez, en texto publicado por la ESAP en 2010, Hacia la modernización orgánica y el fortalecimiento democrático de la Acción Comunal, identifica 12 Metas para el período 2010-2058, con el carácter de objetivos de alcance estratégico con miras a la consolidación renovada del movimiento de juntas comunales. Ver Bibliografía aquí mismo.

12 Las formas asociativas ciudadanas, sociales y populares constituyen una realidad de enorme potencialidad en el país. Ellas están reconocidas explícitamente como sujetos de participación en el Artículo 103 de la CP. Se estima que cada persona está adscrita en promedio a más de dos formas asociativas. En 1991, al momento de realizarse la Asamblea Nacional Constituyente había cerca de 90.000 formas asociativas de base (ISMAC, 1991). Hoy fácilmente pueden ser más de 300.000. En un tiempo el DANE y el DNP llevaban cuentas y hacían estudios al respecto. El Exsenador de los Verdes John Swdarsky ha hecho valiosos estudios al respecto desde la óptica del capital social. En el exterior Rodrigo Villar, desde el Instituto de Sociedad Civil de la Universidad de John Hopkings, en Baltimore, ha hecho los estudios más amplios conocidos sobre el tejido social colombiano identificado como tercer sector, diferenciado del sector empresarial y del sector público.

   
 
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