Perder y/o ganar el año

 

¿Cómo debería concretarse la atención escolar en medio de la pandemia, de tal manera que se garantice alcanzar logros educativos que permitan enfrentar las fijaciones de la pérdida o ganancia de año y el debilitamiento de la calidad académica a futuro por no hacer lo acostumbrado?

 
Carlos M. Zapata Carrascal
 
Rector Institución Educativa José Manuel de Altamira, municipio de San Bernardo del Viento, Córdoba
 
 

Un estudiante de undécimo grado que decidió no acogerse al estudio en casa por considerar que esa modalidad de atención escolar en tiempos de pandemia no llena sus expectativas formativas, me sirve de apoyo en esta ocasión para seguir analizando la situación educativa sui generis en la que nos encontramos.

¿Cómo debería concretarse la atención escolar en medio de la pandemia, de tal manera que se garantice alcanzar logros educativos que permitan enfrentar las fijaciones de la pérdida o ganancia de año y el debilitamiento de la calidad académica a futuro por no hacer lo acostumbrado?

Si la suspensión de la presencialidad escolar y sus efectos nos tomó sin preparativos para responder adecuadamente a las nuevas circunstancias de atención educativa ¿qué debería hacerse en medio de esta crisis para elaborar esquemas que respondan a las características y exigencias del momento?

Cuando aún las circunstancias generadas por la nueva pandemia no han sido asimiladas, hasta el punto que en el mundo escolar hay personas que no conciben aquella sin notas, calificaciones promediadas y periodos académicos inamovibles, entre otros aspectos sin los cuales para muchos no se puede decir que se está estudiando de verdad, las formas con las cuales se está respondiendo a la situación, brindan insumos para evaluar las bondades y falencias de lo que se hacía antes de la atención en casa.

Como también, identificar que debería quedarse de esa modalidad educativa e incorporarse a la presencialidad, si es que se retoma 100% esa forma de escolaridad o como se vislumbra, nos quedaremos en un escenario post Covid-19, en donde a partir de las lecciones que va dejando este tránsito por la vida, continuamos haciendo parte de un sistema escolar al cual la pandemia de moda lo obligó a incorporar funcionamientos que pudieron haberse implantado antes.

Las guías, portafolios, rubricas, proyectos y otros instrumentos que al lado de la auto evaluación hoy aparecen como los más indicados para la atención en casa, vienen siendo empleados en el contexto de la concepción del aprendizaje autónomo por entidades como el SENA y establecimiento educativos, promoviendo con ello la desconcentración tutelar de la administración de la información en cabeza casi exclusiva del docente.

Por esas razones, algunos no pueden desconectarse del esquema tradicional vinculado a la presencialidad escolar, pese a que antes y después de romperse el vínculo tutelar con el transmisionismo educativo, pocos no hemos conocido los beneficios de los equipos y tecnologías de la comunicación digital.

El artículo 4 del Decreto 1290 de 2009, por ejemplo, contiene aspectos que pese a haberse establecido en los Sistemas Institucionales de la Evaluación de los Estudiantes (SIEE), no han sido empleados suficientemente.

El decreto citado, es uno de esos dispositivos legales que, recuperando una concepción vanguardista de la evaluación educativa, no ha sido acoplado a la cotidianeidad escolar porque tanto docentes y sus directivos no lo han asumido en rigor.

Los usos de las Tics, lo mismo que el acceso a bases de datos o el fomento de los aprendizajes autónomos, han estado ahí, en medio del atornillamiento de la dinámica escolar alrededor del predominio del accionar docente en la interacción física con los estudiantes y las limitaciones de ambos para acceder a conectividades masivas que el gobierno nacional no ha podido instalar para que de verdad se pueda decir que pedagógicamente estamos haciendo parte activa de la sociedad del conocimiento digital.

La estrategia de flexibilización curricular con la cual el gobierno de turno respondió en el marco de la emergencia sanitaria, ha sido un recurso audaz del Ministerio de Educación Nacional (MEN) para desempolvar lineamientos curriculares dispuestos desde los años 90s en el marco de las reformas que demandó la inserción de Colombia en la internacionalización de la economía.

Las corrientes constructivistas que se volcaron al mundo escolar como los enfoques pedagógicos más sintonizados con los requerimientos de la Sociedad del conocimiento que irrumpió de la mano con la globalización neoliberal, en parte quedaron esperando las capacitaciones continuas por parte del MEN.

Las mismas que deberían estar proporcionándose en este momento a los docentes y directivos, para ir aplicando al menos la flexibilización curricular recomendada por esa instancia estatal para disminuir la fijación e impacto de trasladar la dinámica tradicional de lo que antes se realizaba en el Aula de clases al trabajo de los estudiantes y familiares en casa.

Que en realidad es lo que se hace, contrario al diseño y aplicación de verdaderas GUIAS que al promover interacciones entre hogares y docentes alrededor de la contextualización y diálogos de saberes, erradiquen en todos, el encasillamiento de hacer en una situación imprevisible e inédita, lo mismo que se efectuaba, no siempre acorde con lo que debería estar haciéndose en la anhelada normalidad.

El hecho que ahora los familiares de los estudiantes se vean más involucradas en las tareas en casa, como otros interpretan, en gran parte requeridos en participar sin que sus niveles de escolaridad permitan colaborar en lo solicitado a distancia por los docentes, muestra que la estrategia de flexibilización curricular no ha sido asimilada, que la manera como los planteles vienen asumiendo la atención no es la más adecuada.

Hasta las autoridades educativas mediante directivas y otros formalismos normativos rígidos, opuestos a la flexibilización que por otra parte recomienda sin que la práctica de la atención en casa mayoritariamente se acerque a aquella, persisten en no perder el año, cuando en el fondo de todo esto, por las condiciones propias y únicas del momento en que vivimos, todos lo hemos ganamos por el simple hecho de superar con creces las adversidades a que estamos sometidos.

La directiva ministerial de retorno gradual a la presencialidad de las clases con alternancia es una muestra de la incomprensión y falta de coherencia practica ante una situación que en sana lógica solo se puede responder disponiendo y transfiriendo lo básico para que la gente en realidad se quede en casa.

Antes de evaluar todo eso como una pérdida del año escolar, por no hacer lo mismo que antes, más bien se debe valorar como la gran lección que está dejando la Covid-19 en el ámbito escolar, en un contexto al cual lo aprendido debe revisarse para idear ajustes acordes con las circunstancias.

Contrario a los vaticinios, la Escuela no va a desaparecer por efecto del confinamiento en casa; tampoco el paso de la interacción escolar de la exclusiva hetero a la integración armoniosa con la auto y coevaluación, será la gran oportunidad para que el propósito privatizador neoliberal aseste el último golpe demoledor a la educación pública.

Estamos asistiendo a un escenario de inevitable aprendizaje y ello tiene que hacerse a partir de la comprensión y ajustes a formas de desempeño no tan novedosas, pero que comprensiblemente, por el corto tiempo que llevamos dentro de la emergencia sanitaria; de todas formas, confirma que no hemos aprendido a hacer de la autonomía la herramienta adecuada para responder oportuna, participativa y alternamente a las dificultades escolares.

Edición 688 – Semana del 27 de junio al 3 de julio de 2020
   
 
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