El Contrato Social

 

En éste, el Capitalismo Industrial, todos van por la carrera de la vida, llegar primero es de cada quién. Pero he ahí, una inconsistencia del entonces Pacto Social, confeccionado y refrendado por todo el mundo, en especial por Occidente, y acontecido allá en la Revolución Francesa…

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombiakritica
 
 

“Ayer me echaron del pueblo por que me negué a jirmar, la sentencia que el alcalde a yo me hubo de implantar. Porque tuve con mi mano al patrón que castigar, cuando quiso a mi jamilia, quiso a mi jamilia llegármela a irrespetar”… Canción Garzón y Collazos

No hablaremos de los matoneros, diestros gatilleros que con su fuego hacen que purifican la carne. Tampoco referiremos del extirpar cerebros subversivos para ahorrar guerras como sentenciaba el justiciero colombiano, espada de Dios, Carlos Castaño. Tampoco será lo nuestro la temida motosierra apodada el Alacrán, descuartizadora de enemigos del desquiciado Camilo Morantes, luego muerto por los suyos. Nada de eso que se le parezca a Santa Inquisición o del culto al Baal, fiel sacrificio a sus divinidades. La vertiente para ensayar parece más sofisticada a la del candente hierro que penetra la carne en el mundo del Señor y sus feudos. Es otra más bien inmaterial, incorpórea pero que también deja cicatrices en el cuerpo, no se ejerce de manera directa sino más bien refinada y psicológica, la referencia es a la metodología del Capitalismo Moderno de cómo evacúa odios haciéndolos implosionar o explotar en la dirección conveniente.

Puede ocurrir en cuestión de segundos, basta con escuchar tan sólo una palabra para que la vida empiece a derrumbarse o edificarse. La vida por venir puede definirse con un simple Sí o un simple No. ¿Aceptas a tal por esposo, aceptas a tal por esposa? ¿Qué tan loco se está para juntar, como suele suceder, caracteres tan dispares unos de otros? O la sentencia esperada para anunciar libertad o encierro del reo inocente o culpable, el azar se decidirá en la sala de los togados, toda la vida penderá de para qué lado caiga la moneda tirada por los jueces que se baten en secreto.

El poder de la palabra es real, el lenguaje es mandato nos recuerda Deleuze, en fin, de ninguna manera inocente o neutro. Mucho más evidente en la obra “El Proceso de Kafka”, esperar un juicio vuelto una eternidad por la simple razón de justificar el ejercicio del poder burocrático, esperar, no se sabe, pronto te atenderán, son las frases comunes que tiene que soportar el inculpado cuando está atrapado en las telarañas enigmáticas de la Ley. Todo el tiempo se sentirá sumergido en un mundo extraño, ajeno, desconocido, y así se desgaja poco a poco su firmeza que estructura su yo y que le permitiría mantenerse de pie.

Quiebre es una palabra usada por los verdugos para hacer confesar a su víctima gracias a la crueldad del arma asesina que urge el sacrificio irrevocable. Todo éste rememorar viene a cuento por la serie francesa de Netflix titulada “Recursos inhumanos” que relata no el mundo feudal sino el mundo fabril del Capitalismo Moderno con sus armas, no ya de metal, sino Psicológicas de trabajar bajo presión, de tomar las decisiones más difíciles y despiadadas en el menor tiempo posible, el hombre preferido es el desalmado que sea “insentimental”, que pueda inhibir sentimientos compasivos hacia sus semejantes, entre más duro, más cruel mucho mejor.

Los hechos a referir constan del engaño que es humano. Un hombre, Alain, entrado en años, cincuentenario, queda desempleado, y con ello su vida se va derrumbando vertiginosamente hasta que decide el riesgo. Hecha atajo por una convocatoria laboral que en el camino descubre maliciosa. Una empresa constructora de aeronaves Exxya necesita salir de más de mil empleados y para tal fin requiere de mentes frías que ejecuten el plan. Como el engaño es de humanos y todos quieren ganar, Alain caminará por allí una vez descubre la urdimbre y en la cual rehusará en secreto a ser un simple comodín. Para un ladrón, ladrón y medio suele decirse, y en esa lógica la víctima jugará las mismas cartas de sus verdugos. Les aventajará gracias a que les sabe sucios secreticos de sus vidas oscuras y que luego va sacando a cuenta gotas para poder ganar la partida de un botín de 22 mil millones de euros.

La vida es un proceso de demolición a decir de Fitzgerald y con el capitalismo moderno sí que se evidencia. Sus armas usadas no son las de hierro, ya lo dijimos, son psicológicas, que recordadas por Sennet, son aquellas que logran movimientos de auto culpa, todas las desgracias venidas en cada vida están dentro, nada está afuera, a nadie quien culpar, cuando más, la vida te ha premiado mal, todas las oportunidades están ahí, afuera, a disposición de todos, sólo que tú y sólo tú, no supiste aprovecharlas, jugaste mal. Entonces, no culpes a nadie de tu propio infierno, has elegido mal, todo depende, dependió de ti. Tal es lo que segrega el mundo moderno. En éste, el Capitalismo Industrial, todos van por la carrera de la vida, llegar primero es de cada quién. Pero he ahí, una inconsistencia del entonces Pacto Social, confeccionado y refrendado por todo el mundo, en especial por Occidente, y acontecido allá en la Revolución Francesa: aspiró a dar empleo a todos, a garantizar los abstractos derechos humanos, pero el balance es fallido cuando se constata de la mayoría de la población pobre y miserable, nada de distribución de riquezas, todo se queda en los bolsillos de unos pocos, en el 1% más ricos del planeta.

La debilidad humana se acentúa con la empresa capitalista, en ella difícilmente la persona se mantendrá de pie, por el contrario, poco a poco se va derrumbando, se va desgajando en humillaciones hasta el punto de llegar a ser nadie, a ser nada. Alain es objeto y burla de su yerno, Alain avergonzado por su mujer y sus hijas, Alain a punto de caer en desgracia. Pero Alain está decidido a resistir y recuperar su dignidad, Alain decidido a Jugarse la vida por el todo o por la nada. “Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos, la llevo perdida”, (León De Greiff). Entonces urde el plan macabro y que basta con decir que en él emergerá lo peor de la condición humana.

Pero ¿cuál es esa dignidad que vale su propia nada, ser nadie, ser nada? Acá vienen dos palabras decorosas confeccionadas en la Revolución Francesa, ellas son Contrato Social, las mismas que fueron lubricadas para que pudieran pasar por la oposición retrógrada de los entonces señores de la tierra, por los señores feudales reacios a dejar de ser amos y dueños de esclavos. Con gradualidad, pero aún con rezagos, los nuevos valores de los burgos, de la burguesía fueron lo más copioso, la industria, lo industrial se impuso, Y complementario y antecedido está la invención Estado Nacional y con su mayor invento: apropiarse de lo mayor producido e impedir su distribución. Unos pocos serán muy afortunados, otros muchos, el 99%, la mayoría y sin consideración serán agobiados, asfixiados por la escasez.

Finalmente, El Contrato Social propende por unos deberes y derechos ciudadanos, dejando atrás, se supone, los valores vasallos de los señores y esclavos. Pero Alaín, el personaje en mención nos recuerda que el engaño, lo despiadado y cruel no se han ido, sólo que ya no es el metal el que hiere de muerte, sino los movimientos complejos que gesta el “Poder” arrinconando a los que nada tienen, sólo y nada más que su fuerza de trabajo que ofrecerán vanamente en mundo fabril de la robótica que les sustituye. Esa misma encerrona a la que es llevado el mísero desempleado, es la misma estrategia empleada para exonerar de toda culpa a Alain. El ha jugado las reglas del Contrato Social: Estudió, consiguió trabajo, casó, tuvo hijos, los educó y los hizo profesionales de bien… hasta que su empresa lo despidió, se quedó sin empleo, sin dinero con qué cubrir sus cuentas, y por su puesto sin pensión… entonces, se nos antoja preguntar ¿quién incumplió el Contrato Social?

Edición 689 – Semana del 4 al 10 de julio de 2020
   
 
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