La pop filosofía

 

“La pop filosofía es el arte de crear conceptos de tal suerte que estos incumban a una ecología mediática, cuyas conexiones vuelven posibles la circulación de las intensidades en aquellos que se conectan posteriormente”...

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombiakritica
 
 

El viajero es amigo del conocer y por eso mismo está de aquí para allá, sin rumbo fijo, no se está quieto, es un saltarín inconforme, incluso sus parajes ocasionales son impredecibles, el va en serendipidad, sin método, porque lo más buscado es lo menos encontrado y en su lugar está la sorpresa como esos miles de inventos hallados al azar, y por qué no, por la necesidad. ¡Eureka!

Sin el desplazarse de aquí para allá es imposible percibir el mundo del afuera. Para saber es necesario moverse, y nada más parecido a la definición de filosofía que el amigo del saber, el amigo que emprende un viaje, en la acepción pedagógica es precisamente lo más parecido, un viaje en compañía. El viaje, el movimiento, el afuera es lo que se precisa para saber. Por lo demás, saber es saborear y ello es posible visitando, degustando el universo de tanto fruto habido. Y cómo no ha de recordarse, entre otras cosas, que el aislamiento y la quietud matan, moverse, viajar e interactuar es condición para vivir. Se está condenado al afuera, para saber hay que salir, incluso a riesgo de perderse.

La Condena del Afuera

El movimiento es condición de posibilidad del saber, que permite un afuera, un devenir, una intensidad, una experimentación, y no experiencia, todo este ramaje conceptual delezeano dan lugar a un estallido representado por ese sonido Pop producido al destapar una botella. Allí está el afuera, está un devenir, una intensidad que se dan en el momento mismo en el que se descorcha el envase: Pop. Ese momento único es experimentado por ese alguien ejecutante de la acción. Todo está en ese momento, en ese afuera y en ese alguien. Es la intensidad irrepetible, y de volver a darse se pierde potencia, se pierde fuerza. El primer chispazo es intenso y por lo mismo difícil de prolongarse.

Seducir, seducción viene a bien cuando se trata de fuerza, devenir, intensidad y mucho mejor de un afuera. “La seducción es la pasión intensiva que nace de la frecuentación de los objetos y que abre el afuera. Del latín, seducere quiere decir “extraviar”, “desviar”", “apartar del camino recto”, comprendido como el camino del adentro, de la interioridad de un sujeto. (Sutter) Ya aprendimos con el Antiedipo que los flujos y devenires son diversos y que no se dejan atrapar, simplificar o reducir a un significante o a un complejo de castración y menos aún, a un deseo como carencia en el cual ha de pasarse toda una vida buscando lo supuestamente originario faltante. Por ello es más enriquecedor la diversidad de flujos y devenires que atraviesan un cuerpo.

Y por eso mismo se insiste en la condena del afuera, no es posible el aprehenderse en la forma libro, no puede capturarse, anexarse una intensidad y encerrarse en unas páginas, pero tampoco en una erudición del hombre culto que luego dispensaría o irrigaría a los demás ignorantes. Por el contrario, en la Pop Filosofía la experimentación sólo puede ser captada por cada uno. De allí el rechazo al libro y al hombre culto, al filósofo que encierran y pontifican verdad, pues de ellos derivan elitismos, jerarquías, dictaduras, tribunales que juzgarán esto o aquello como lo mejor que debe darse a conocer a los demás. Por el contrario, el libro, acá, será considerado como una cosa entre otras cosas, un instrumento que desata intensidades, una herramienta a decir de Foucault.

Ecología Mediática

Bien es sabido que la filosofía tomó el camino de la quietud y el estancamiento en el momento mismo que se volvió profesión con salario y adscrita o al servicio de una institución. Si arriba el significado del filósofo viajero sugiere un movimiento en libertad allá en el afuera, acá es quietud dada en cuatro paredes y presa de un jefe que ordena qué decirse para luego premiar con la paga. El profesor empleado en filosofía es apenas del siglo xv, antes era, por decirlo de alguna manera, un estilo de vida que nada tenía que ver con lo burocrático e institucional. “El saber, el sabio, el universitario son contrarios a las intensidades”. La erudición pedante, las lecciones de moral, la investigación formateada congela la vida. “La pop filosofía es el arte de crear conceptos de tal suerte que estos incumban a una ecología mediática, cuyas conexiones vuelven posibles la circulación de las intensidades en aquellos que se conectan posteriormente. Por supuesto, tal ecología, implica que los que escriben estén tan atentos a las intensidades como los leen: no hay pop-filosofía imaginables si no hay, en los autores de los libros, una preocupación por el afuera que irriga la escritura” (Surtter, p. 14)

Si existe intensidad, si todo es devenir, si todo es chispazo pop, no habrá razón, no hay sentido de querer congelar el tiempo y mucho menos el espacio, pues entonces lo que importa es la experiencia misma que capta flujos. Por ello se batalla contra cualquier tipo de congelación como puede ser el saber encerrado en el formato libro, atrapado allí en la quietud y en la arrogancia del autor, ambos fetiches, pues reducen la experiencia misma a estás dos vanidades. “En estos tres casos, el libro no desempeña otro rol más que el de puro vehículo de la intimidación, del cual solo se puede esperar la transmisión más o menos pasiva de su contenido y el reverendo respeto por su o sus autores”. (16)

El afuera, la experiencia misma, el devenir indefinido, las intensidades están, pasan por cada uno, inaprensibles en el formato libro y ariscas para quien pretenda decir: yo las tengo cogidas de la cola. El libro sí puede operar conexiones con el afuera, inspirar o motivar esto o aquello, pero a gusto y placer de cada uno. Para Deleuze, la conclusión se imponía por sí misma: “el estilo pop filosófico es el estilo de la cualquier cosa – el estilo en cuanto que rechazaba el pliego de obligaciones según el cual los partidarios de la elegancia juzgan el de los otros”. (Surtter, p. 16) “El balbuceo de una lengua, hablar su propia lengua no es más que un propio estilo que no da, no puede dar lugar a parámetros reglados que dice esto o aquello es lo que vale, por el contrario, tal escenario rechaza los tribunales que sentencian, unos juzgan, otros serán los juzgados. Como decía el propio Deleuze: sólo hay estilo allí donde uno habla en su propia lengua como si fuera una lengua extranjera, sólo hay estilo allí la donde la lengua balbucea - es decir, donde sus reglas ya no se aplican”. (Surtter, p. 20)

Este proyecto delezeano retomado por Sutter es como ellos mismos insisten, es salir de la filosofía por la filosofía: “Salir de la filosofía no significaba ir a pasar un rato en el supermercado o en una discoteca para volver a apoltronarse mejor en el sofá con un libro de Descartes o de Kant en la mano, y meditar sobre el estatus contemporáneo del ser” (Surtter, p. 26). Y el devenir, la intensidad explorada constantemente: “Practicar la pop-filosofía consiste en hacer de tal manera que cualquier cosa ya no sea cualquier cosa”. (Surtter, p. 21)

Toda esta propuesta es reto para la libertad que vivifica. Es poner en especie de escena todo ese arte de flujos, devenires, intensidades que cada uno somos y no somos.

Edición 690 – Semana del 11 al 17 de julio de 2020
   
 
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