La propuesta de Humberto

 

De La Calle plantea que, para las elecciones del 2.022, se construya una coalición con un programa compartido, que aleje los riesgos de que Colombia caiga en los extremos. Humberto dice, primero, que los posibles integrantes de esa coalición de centro y de izquierda moderada, señalen sus líneas rojas, esto es, sus puntos no negociables.

 
Patricia Lara Salive
 
Escritora, periodista y activista por la paz – Tomado de El Espectador
 
 

En una columna titulada Centroizquierda, el excandidato Humberto De La Calle lanzó el domingo la única propuesta que podría impedir que el Arca de Noé en la que navegan los divididos sectores de centro y de izquierda, naufrague en las elecciones del 2.022 y, con ellos, se hunda durante décadas la posibilidad de conseguir la paz completa.

En resumen, De La Calle plantea que, para las elecciones del 2.022, se construya una coalición con un programa compartido, que aleje los riesgos de que Colombia caiga en los extremos. Humberto dice, primero, que los posibles integrantes de esa coalición de centro y de izquierda moderada, señalen sus líneas rojas, esto es, sus puntos no negociables. Después, que fijen las metas concretas de un gobierno de coalición, es decir, que elaboren un programa conjunto, el cual no es tan difícil construir. Luego, que se comprometan ante la opinión a que, cualquiera que sea el candidato, gobernará con ese programa y lo ejecutará colectivamente con los miembros de la coalición. Y, finalmente, que determinen las reglas para elegir el candidato.

Esa propuesta es interesante porque permite morigerar el tema de los egos de los aspirantes, que es lo que de verdad torpedea las posibilidades de unión del espectro del centro y del centro izquierda. Lo que haría falta es que los precandidatos dieran el primer paso, el más difícil de todos, que consiste en que decidan si están dispuestos a pensar en el país antes que, en ellos mismos, y a comprometerse a impulsar un programa común, así cada uno de ellos no sea el que resulte ungido como candidato único de ese sector mayoritario de la opinión.

Ahora lo urgente es diseñar la mecánica para poner a marchar la propuesta. Primero, podría conformarse una comisión en la que participaran algunos precandidatos o sus delegados y buscar a un experto facilitador, ojalá extranjero, que estaría presente en las reuniones. Sería estupendo, por ejemplo, que pudieran reunirse, inicialmente, Sergio Fajardo o un delegado suyo, como Iván Marulanda; De La Calle; Alejandro Gaviria, Camilo Romero, Juan Manuel Galán, Roy Barreras, Juan Fernando Cristo y Jorge Robledo, quienes determinarían a qué otros pre candidatos invitarían a participar en la construcción del programa común: por ejemplo, Ángela María Robledo, Iván Cepeda, Carlos Amaya, Antonio Sanguino, Jorge Londoño, Clara López, Mauricio Cárdenas, Fernando Carrillo, en fin… Luego, todos elegirían una subcomisión que compaginaría las distintas propuestas programáticas. Y una vez acordado el programa común, se discutiría cómo se escogería el candidato: si mediante consultas interpartidistas, rondas de encuestas, etc. En ese momento, los electores ya no escogerían entre las propuestas, porque todos tendrían el mismo programa, sino entre las condiciones de cada uno: su inteligencia, su simpatía, su confiabilidad, su conocimiento de los temas, etc.

Es urgente trabajar en esa dirección. No puede perderse tiempo. De lo contrario Álvaro Uribe, con su gran habilidad política, encontraría la forma de hacer converger a los candidatos de extrema derecha (Paloma Valencia, Rafael Nieto, Paola Holguín, etc.) y a los de la derecha (Martha Lucía Ramírez, Alex Char, Federico Gutiérrez, y demás), y derrotar, otra vez, a Gustavo Petro, quien sería el que pasaría a segunda vuelta si esa gran mayoría, compuesta por el centro y la izquierda moderada, no es capaz de presentarse con un solo candidato a la primera vuelta.

Así que apúrense.

www.patricialarasalive.com – @patricialarasa

Edición 692 – Semana del 25 al 31 de julio de 2020
   
 
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