El silencio de otros

 

Este documental nos devuelve sobre las preguntas que rondan las transiciones, cuáles son los mínimos en materia de derechos de las víctimas que se deben respetar, cómo encarar el horror de la violencia vivida, qué condiciones se requieren para que las memorias se expresen, cómo avanzar en la reconstrucción de una sociedad devastada por décadas de violencia, que papel cumplen la verdad, la justicia y la reparación en este camino.

 
Max Yuri Gil Ramírez
 
Sociólogo
 
 

Este es el título de un documental español estrenado en 2018, dirigido por Almudena Carracedo y Roberto Bahar, que narra la lucha incesante por la memoria, desarrollada por las víctimas de la guerra civil española (1936 – 1939) y de la dictadura franquista que asumió el poder en cabeza del militar golpista Francisco Franco, quien promovió un alzamiento contra el gobierno republicano legítimo de España, y gobernó el país hasta su muerte en 1975.

Según las investigaciones, la guerra civil española dejó no menos de 500.000 muertes en los tres años que duró la confrontación, mientras la dictadura franquista puede haber asesinado a unas 50.000 personas. Y al menos cerca de 600.00 personas salieron al exilio luego de la derrota republicana. En la guerra civil española como en toda guerra, la responsabilidad de las muertes, en combate y fuera de él, es compartida; pero no es simétrica. La mayor cantidad de asesinatos de civiles, ejecutados en represalia por haber apoyado a la república corrió por cuenta de las tropas militares sublevadas. Y claro, la responsabilidad total de las ejecuciones en la dictadura corresponde al funcionamiento del aparato estatal de represión.

El documental muestra la lucha por la memoria y por el derecho a encontrar a los familiares asesinados y enterrados en miles de fosas comunes en todo el territorio español. De cerca de 100.000 personas que se presume están enterradas sin identificar, sólo se han recuperado un poco más de 8.000 cadáveres, y la principal razón de eso no es debido a dificultades técnicas para su localización e identificación, sino al hecho que durante la dictadura obviamente no se hizo ningún esfuerzo al respecto, pero también a que el proceso de transición española luego de la muerte de Franco, se basó en pactos de silencio y olvido, en la convicción que era mejor dejar este asunto sin abordar, ofendiendo la memoria de las víctimas que albergaban esperanzas de reconocimiento de sus derechos y aún lo hacen, que el Estado demuestre que su dolor les interesa.

Como suele pasar, la memoria es indómita, la labor de demanda de derechos de las víctimas se niega al silencio, permanece esperando oportunidades de salir a la luz, y esto es lo que el documental presenta. El esfuerzo, la lucha jurídica aprovechando los desarrollos en justicia internacional, que hacen las víctimas para que se encuentre a sus familiares y se pueda dejarlos descansar en paz, de manera digna, no como NN en una fosa común. Pero también muestra la indolencia de una sociedad y un estado a quienes este tema les parece irrelevante, que les incomoda esta memoria demandante, que proclaman el perdón y olvido mientras las víctimas exigen verdad y justicia, no una justicia vengadora, sino actos que al menos contribuyan a reparar política y simbólicamente su dignidad pisoteada.

Este documental nos devuelve sobre las preguntas que rondan las transiciones, cuáles son los mínimos en materia de derechos de las víctimas que se deben respetar, cómo encarar el horror de la violencia vivida, qué condiciones se requieren para que las memorias se expresen, cómo avanzar en la reconstrucción de una sociedad devastada por décadas de violencia, que papel cumplen la verdad, la justicia y la reparación en este camino.

Colofón: dos de los protagonistas del documental murieron a causa del coronavirus, el policía torturador Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el niño, integrante de la temida Brigada político social, era reconocido por sus víctimas por la extrema sevicia de su accionar, a pesar de las pruebas en su contra murió en la absoluta impunidad el 7 de mayo de 2020. José María Galante Serrano, el “chato” Galante, militante antifranquista, fue víctima de tortura a manos de Billy el niño, murió el 28 de marzo de 2020, y se mantenía activo en la lucha por la memoria, esperando justicia.

Edición 693 – Semana del 1º al 7 de agosto de 2020
   
 
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