Los conjurados

 

Los hombres débiles y malvados, que se juntan, acaso odiándose, para ultimar a jóvenes fuertes, corre el albur de parecer ridículo y de provocar la parodia; el deber del autor, del eventual autor, es hacerlo atroz.

 
Mauricio Castaño H.
 
Historiador – Colombiakritica
 
 

Los malvados y débiles viejos quieren derramar sangre. Entre más atroz el acto, mucho mejor. No dejarán títere con cabeza. Seguimos la mente asesina de Borges. Los candidatos para morir son los jóvenes, no se tolerarán dos polos disputando el reino de este mundo. O son los jóvenes prepotentes o son los débiles, pero sabios ancianos, mozos irritables o viejos cascarrabias, uno de los dos debe ser quien gobierne. Aquí no se toleran puntos medios, la tierra reclama vencidos y vencedores. El mundo está hecho de guerra. Thánatos es nuestro dios cabecero. ¡Alabanzas! Grita el avaro. A los dioses toda la sangre (el vocativo puede ser cualquier cosa). A la muerte se entrará como cuando se va a un festín. ¡Allí empujaremos a nuestra juventud! La atrocidad senil no tendrá límites.

Las razones para ultimar a los jóvenes son varias, si se quiere de supervivencia y consiste en apagar a tiempo (y de raíz) la ambición del joven parásito que quiere anticiparse a la herencia de sus padres proporcionándoles muerte. ¡Quién a hierro mata, a hierro muere! Está mal lo que en la vida se gana sin esfuerzo, no se valora y el despilfarro es ley. Es una errada costumbre para corregir: que sea la primera generación que luche a brazo partido para lograr lo que la segunda disfrutará y la tercera derrochará. Entre hermanos, paz no habrá, Caín mató a Abel, ganadero que quiere extender sus cercos, correr las estacas para dar más pastos a su ganado, y el agricultor que rivaliza por los invasores y dañinos cuadrúpedos que estropean sus cultivos.

Se hará justicia por los caídos y se dará digna vejez a los que no la tienen, que sospechamos son mayoría. La sospecha no es infundada, la historia puede corroborar de los muchos asesinatos bajo este propósito. Otra será la razón del matar mozo y viene del piadoso longevo que quiere dar en sacrificio a su hijo siguiendo la respetable tradición de Abraham. Los dioses siempre agradecen la carne fresca y abundante. Quién ha dado la vida, tiene derecho a quitarla, es legítima su ejecución. El sacrificio impone su decisión en el temple del hierro y en el fuego purificador.

El humilde y modesto anciano será otro de los confabulados y clama solidaridad con un hazme que mueran los míos. No ve con buenos ojos al exitoso hijo, en quien está seguro humillará y someterá a sus generaciones anteriores. Es el mismo yuppi con blue jeans apretados que legislará sin piedad quitando derechos o seguridades sociales ganadas por sus mayores y ya hechas patrimonio de la humanidad pero que la arrogancia juvenil quiere socavar poniendo en juego la vida de miles, millones de personas mayores. El dato está a la vista, a diario las pensiones son amenazadas y vueltas vulgar negocio, en otras palabras, es matar a viejos. Ésta es una razón demás para entender a los Conjurados seniles en su propósito de dar muerte. La sed del derrame de sangre es de sobrevivencia.

El viejo entendido de la Revolución Industrial y la posterior época de la informática, justifica tal propósito y aduce que la robotización ya no requiere de los jóvenes y más bien son innecesarios, desechables, y por lo mismo, esos brazos caídos pueden alzarse en contra, y mejor es salir al paso. Las ciudades azules del buen vivir y buen comer son buen atrincheramiento, pero sólo pueden ser pagadas por los adinerados. Urge adecuar el planeta todo.

Se impone la mente fría del criminal y la del político calculador, despiadado y experto en no dejar rastro con las manos manchadas de sangre. El matar será discreto y con engaño, esto precisa del uso de varias estrategias de aquí y de allá para no levantar sospecha. Ya hay aprendizajes muy probados, los colombianos son muy diestros en la bala anónima, en motosierras y todo el uso creativo del hierro que clama venganza. Los gatilleros, los agazapados y hábiles determinadores, los que apuntan con el dedo y aquel otro dispara. Así se urdirá el plan macabro de los matoneros.

Unas consideraciones finales de las biológicas. Por el momento se tendrá que pensar en el destino biológico sin eterna juventud pero que favorece la carne joven volviéndola más resistente a la senil, los ataques virales se ensañan más con los entrados en años que con quiénes apenas inician su vida, la naturaleza es cruel con la senectud, estos tiempos y el Covid mataviejos es prueba de esta fatalidad. Y el arma acá está a favor de estos prepotentes mozos que son inmunes o asintomáticos, van libres esparciendo ráfagas de los millones de micropartículas salivales dando muerte a los viejos. Es un tema de ciencia y de vacuna, por lo pronto pensar cómo contenerlos.

Dos párrafos claves en el texto Argumento de Borges, dieron cuerda a lo expuesto imaginario: “He imaginado el argumento de una novela que por razones de ceguera y de ocio no escribiré, y que sería el reverso de la admirable Diario de la guerra del cerdo, de Bioy Casares. El tema de ese libro es una conjuración de los jóvenes contra los viejos; el tema del mío, cuya redacción queda a cargo de cualquiera de mis lectores, es una conjuración de los viejos contra los jóvenes, de los padres contra los hijos. Examinemos las diversas y atroces posibilidades de ese argumento, que acaso nadie escribiría. Ojalá nadie, ya que sería un libro muy triste. Quizá lo habría aceptado Léon Bloy….

Los hombres débiles y malvados, que se juntan, acaso odiándose, para ultimar a jóvenes fuertes, corre el albur de parecer ridículo y de provocar la parodia; el deber del autor, del eventual autor, es hacerlo atroz. La flaqueza de los verdugos, el hecho de que tengan que ser muchos para matar a uno, les impone la obligación de ser espantosos y al mismo tiempo dignos de lástima, ya que se entiende que los años les han dado locura”.

Edición 693 – Semana del 1º al 7 de agosto de 2020
   
 
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