El apocalipsis de las y los trabajadores

 

Desde el comienzo de la pandemia la OIT advirtió acerca de la importancia de las medidas para proteger el trabajo y las empresas. En el informe Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, señala que “es posible que a corto y medio plazo el mundo no se mueva hacia un escenario laboral pospandemia, sino hacia un escenario laboral con pandemia permanente”.

 
Ricardo Jaramillo Rincón
 
Asesor Estrategia de Incidencia y Presión Política Corporación Viva la Ciudadanía
 
 

Antecedentes

En abril de este año se evidenció una transformación radical del mundo del trabajo en el país. A pesar de que la tasa de desempleo venía en aumento, en ese mes prácticamente se duplicó. Como lo señaló el Boletín N°9 del Observatorio Laboral en tiempos de Coronavirus, “la cifra presentada por el DANE para el mes de abril, 19,8%, no tiene comparación desde el año 2000 y configura el peor deterioro del mercado laboral desde la crisis del año 1999, con un incremento de 9,5 puntos porcentuales frente al mismo mes del año anterior. Esto significa que 5’371.000 personas dejaron de estar ocupadas en abril de este año, 25% del trabajo existente en el país, que significa una pérdida de ingresos para los hogares de aproximadamente 6 billones de pesos. En el mes 1’559.000 personas quedaron desocupadas, para un total de 4’082.509 de personas desempleadas”.

Esta tendencia se mantuvo en mayo. Como plantea el Boletín N°12 del mismo Observatorio, “el resultado oficial es que la desocupación llegó al 21,4%, eso quiere decir que 4,7 millones de personas se encuentran en situación de desocupación y se convierte en la tasa más alta en la historia del país, incluso, por encima del desempleo registrado entre los años 1999 y 2000, cuando el máximo alcanzado fue de 20,5%. Esta situación va en línea con la reducción en la producción del país, que tan solo en abril se contrajo un 20,1%, siendo las actividades secundarias (industria y construcción) las que más cayeron con un 50,1%; actividades primarias con una contracción de 13,8% y las actividades terciarias con una contracción de 13,3% comparado con el mismo mes de 2019”. Que 4,7 millones de personas se queden sin empleo equivale a que todas y todos los habitantes de Medellín y Cali pierdan su trabajo en un mes al mismo tiempo.

Una crisis de alcance global

En el informe Enfrentar los efectos cada vez mayores del Covid-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones, la CEPAL señala que la economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% de los países, en un proceso sincrónico sin precedentes: en 2020, el PIB mundial se reducirá un 5,2%. La caída será del 7,0% en las economías desarrolladas y del 1,6% en las economías emergentes.

El informe prevé un eventual desacople entre la dinámica financiera y la caída de la actividad, de manera que no se puede descartar una nueva ronda de mayor aversión al riesgo y deterioro de las condiciones financieras, a la que los mercados emergentes tendrían que hacer frente en una situación de vulnerabilidad todavía mayor. Dado que los indicadores de empleo en los primeros cuatro meses del año ya muestran un deterioro de las condiciones laborales y tomando en cuenta las nuevas proyecciones del PIB, se espera que la tasa de desocupación regional se ubique en alrededor del 13,5% al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (2 puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril de 2020 y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019 (8,1%). Con la nueva estimación, el número de desocupados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desocupados).

El mundo del trabajo en perspectiva regional

En otro informe, específico para América Latina y el Caribe, denominado Sectores y empresas frente al Covid-19: emergencia y reactivación, la CEPAL afirma que el impacto de esta crisis en la industria podría conducir a un cambio estructural regresivo. La industria en su conjunto sufre un impacto significativo; sin embargo, para una parte importante de los sectores intensivos en tecnología y de los intensivos en trabajo la situación es aún peor. En Colombia la caída fue de un 7,7% para el total de la industria y los peores resultados se dieron en los sectores de cuero y calzado (-37,8%) y autos y autopartes (-36,9%). También en este caso la industria de alimentos anotó un crecimiento (6,1%). El 96% de las empresas tuvieron una caída en sus ventas (el 75% registró una disminución superior al 50%); el 82% de las empresas formales podrían subsistir solo entre uno y dos meses con sus propios recursos.

La CEPAL estima que “la recuperación será más lenta y gradual de lo inicialmente esperado y, pese a los programas puestos en marcha por los gobiernos, es esperable un alto nivel de destrucción de empresas y empleos. Cuanto mayor sea este efecto, mayor será la pérdida de capacidades acumuladas en las empresas, la dispersión de conocimientos y experiencias y la ruptura de relaciones de confianza entre los actores económicos”.

Esto tiene un correlato en materia laboral. El documento El impacto de la crisis sanitaria del Covid-19 en los mercados laborales latinoamericanos, publicado por la CEPAL a comienzos de este mes, presenta un conjunto de estimaciones sobre la magnitud de las pérdidas de empleo y el aumento del desempleo que se avecinan, para identificar medidas de mitigación y recuperación.

El informe señala que “en todos los países ocurrió una caída considerable de la ocupación. Una parte importante de quienes perdieron su trabajo salió de la fuerza de trabajo. Muy probablemente las medidas de distanciamiento y las cuarentenas declaradas no solo incidieron en un cierre de actividades económica y las pérdidas correspondientes de puestos de trabajo, sino también en que muchas de las personas que quedaron sin empleo percibieron que no existirían oportunidades de reinserción laboral, por lo que no asumieron acciones de búsqueda de trabajo. Por ello, a estas personas no se los considera como desocupadas abiertas, sino que no forman parte de la fuerza laboral (o personas económicamente inactivas). Esto se refleja en la caída de la tasa de actividad y el aumento del total de inactivos”.

Entre las conclusiones del estudio se destaca que la reactivación del mercado laboral será un proceso complejo y lento, y es altamente probable que se registren niveles elevados de desocupación y una significativa informalización laboral por muchos meses luego de la apertura de la actividad económica.

En el más reciente informe elaborado por la CEPAL con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Salud y economía: una convergencia necesaria para enfrentar el Covid-19 y retomar la senda hacia el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe, se proponen un conjunto de principios y líneas de acción para que la reactivación económica no se promueva a costa de la salud y la vida de los habitantes de la región: si no se controla la curva de contagio de la pandemia, no será posible reactivar la economía de los países.

Llamados de emergencia

Desde el comienzo de la pandemia la Organización Internacional del Trabajo advirtió acerca de la importancia de las medidas para proteger el trabajo y las empresas. La edición de mayo de 2020 del informe Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, elaborado semestralmente en forma conjunta por la CEPAL y la Oficina para el Cono Sur de América Latina de la OIT, titulado El trabajo en tiempos de pandemia: desafíos frente a la enfermedad por coronavirus (COVID-19), señala que “es posible que a corto y medio plazo el mundo no se mueva hacia un escenario laboral pospandemia, sino hacia un escenario laboral con pandemia permanente”, por lo que urge la formulación e implementación de políticas, teniendo en cuenta estas consideraciones:

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Salta a la vista la diferencia entre estas propuestas y lo que ha venido haciendo el Gobierno Nacional.

Para atender esta urgente situación, se requieren medidas relacionadas con:

– Implementación de la Renta Básica de Emergencia, consistente en un salario mínimo mensual legal vigente para todas aquellas personas en situación de pobreza o vulnerabilidad;

– Puesta en marcha de medidas más amplias y efectivas de subsidio al pago de nóminas y exención de pagos tributarios y otros;

– Creación de incentivos monetarios a la contratación de personas con distintas barreras para su empleabilidad;

– Conformación de una Misión de Empleo de Emergencia liderada por el Gobierno Nacional y las Centrales Sindicales, en la que confluyan múltiples sectores y cuyo principal objetivo sea la formulación de medidas urgentes y viables que promuevan el goce efectivo de los derechos a la vida, al mínimo vital, al trabajo y a la seguridad social de toda la ciudadanía.

Edición 694 – Semana del 8 al 14 de agosto de 2020
   
 
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