¿La revolución de Duque en ciernes?

 

La cuarta revolución anunciada al cumplirse dos años de la presidencia de Iván Duque, en el mejor de los casos, empezará a rendir sus frutos al cabo de dos años que empezarán a contabilizarse en el próximo mes de septiembre. Pero, otro es el cantar de la conectividad, y la calidad del servicio de internet y las redes a disposición del común de la población colombiana, donde el único operador público sigue siendo ETB, Bogotá y antes EPM, Medellín que pasó a ser controlada por Tigo.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD
 
Director Grupo Presidencialismo y participación
 
 

En esta semana, el presidente Iván Duque, y la ministra de las Tics, Karen Abudinen han estado haciendo un anuncio por demás atractivo, en este tiempo de malas noticias y peores ejecutorias gubernamentales. Colombia se inserta con pie derecho, dicen, en la denominada “cuarta revolución industrial” global. ¿Por qué? A raíz de que el gobierno de turno le dará inicio a un proceso de capacitación de técnicos programadores para trabajar en Colombia y América Latina, una vez hallan recibido su grado tecnológico.

El proyecto que se anunció con bombos y platillos, precisa la ministra, costará $150.000 millones de pesos, y se dedicará a la capacitación gratuita de 100.000 alumnos entre 18 y 60 años. Ellos empezaron a inscribirse esta semana, serán llamados a un examen de clasificación que exige conocimientos de bachillerato. Los admitidos se prepararán durante 2 años, a través de módulos de 5 semanas, según lo describió Karen muy emocionada en el diálogo al aire con Diana, en la entrevista que le realizó la periodista de Hora 20, el miércoles pasado en Caracol Radio, que dedicó la primera parte del programa a esa causa.

En materia de empleo se mencionó un listado de posibles empleadores comprometidos con ofrecerle trabajo a los futuros graduados en programación para su vinculación con las compañías firmantes. Hay un déficit de 45.000 puestos de trabajo virtual a cubrirse en forma inmediata, y para el año siguiente habrá crecido a 60.000 si no más el número de plazas vacantes debido a que la brecha tecnológica se amplía, y nuestro rezago se hace mayúsculo.

Pero, los mercados de América Latina requieren también de este tipo de trabajo inmaterial que nutren las transformaciones reclamadas por la cuarta revolución. Para prepararlos hay personal especializados extranjero, argentinos y profesores con grados en Estados Unidos de América, principalmente. De allí viene la “buena nueva”, que ya empezó a regarse como verdolaga entre la población desempleada, y entre jóvenes de 9 a 11 grado de bachillerato, cuyo horizonte es gris. Más esta vez, cuando la U. Nacional no abrió admisiones para el segundo semestre de este año, como lo anunció y explicó por qué la rectora Dolly Montoya.

La Otra cara de la moneda

Porcentaje de caída en economía colombiana, segundo trimestre de 2020: Información y comunicaciones -5,2; Actividades profesionales, científicas y técnicas; servicios administrativos, -10,2; actividades artísticas, entrenamiento y recreación, y otros servicios, -37,1. Datos del DANE sobre el PIB de Colombia, ET, 15/08/2010, p. 1.2.

La cuarta revolución anunciada al cumplirse dos años de la presidencia de Iván Duque, en el mejor de los casos, empezará a rendir sus frutos al cabo de dos años que empezarán a contabilizarse en el próximo mes de septiembre. Pero, otro es el cantar de la conectividad, y la calidad del servicio de internet y las redes a disposición del común de la población colombiana, donde el único operador público sigue siendo ETB, Bogotá y antes EPM, Medellín que pasó a ser controlada por Tigo. La primera no logra aún el grado de eficacia en la prestación y administración del servicio que ofrece. Un paquete de internet que resulta ser el más competitivo en materia de precios, para enfrentar el oligopolio internacional que les echó mano a las mejores presas, y quiso engullirse a ETB en varios lances, en particular, durante la pasada alcaldía de Enrique Peñalosa.

Oligopolio que no invierte aún en la cobertura de los antes territorios nacionales. Me refiero en particular, a la empresa del potentado Carlos Slim, esto es Claro, a Movistar, que son las que más suenan.

A raíz de las clases a distancia, a todos los niveles educativos, por imposibilidad de accesos a los espacios físicos presenciales desde la tercera semana de marzo, se ha podido comprobar la efectiva precariedad de los hogares de clase media, en sus diferentes estratos, con la excepción probable del cuatro, en materia de equipamiento para recibir el quehacer cotidiano en materia de cursos, para casas en donde hay más de dos usuarios con coincidencia temporal en las actividades de lunes a viernes.

Que no decir, cuando se trata de las tareas complementarias, las que tienen que realizar los usuarios con posterioridad a su participación regular en las clases, o en los quehaceres propios de los oficios y profesiones de los adultos.

En materia del espectro electromagnético que ha sido “colonizado” en varias de sus franjas por los “piratas internacionales”, su aprovechamiento sigue siendo bastante pobre por las empresas con origen público estatal. Y cualquiera pensaría, que una de estas, que requieren transformación y adecuaciones es la empresa estatal encargada de la Radio y la TV nacional.

A ella correspondería, pensamos, entrar a regular este incierto mercado de las comunicaciones que hacen posible la cuarta revolución industrial que vuelve a publicitar el alicaído presidente de Colombia, quien intentó “descrestar” a pesimistas e incrédulos con fundamento, cuando hablaba en campaña y prometía el advenimiento de otra revolución la naranja. Pero de ésta, como dice el saber popular: “¡Naranjas hasta el día de hoy!

La cuarta revolución cultural: los manes de la reforma intelectual y moral

Es indudable que el mundo virtual, y la ciencia aplicada que lo hace posible alcanzó a todo el mundo, tanto en el uso del tiempo de trabajo como el dedicado al entretenimiento, al llamado “tiempo libre”.

La pugnacidad entre los gigantes del mundo económico y político actual así lo prueban, con un reciente episodio, en relación con el dispositivo tik tok, fabricado y controlado por Huawei, la firma corporativa de la China socialista; un monopolio contra el cual el gobierno de Donald Trump ha dirigido sus baterías para darle juego a los competidores capitalistas más connotados, Amazon, Facebook, Microsoft y demás socios con asiento en la república imperial en tiempo de elecciones.

A raíz de los ataques en procura de verdad en el mundo exclusivo y excluyente que conocemos, realizados por Wikileaks, y sus protagonistas visibles, Julien Assange y Edward Snowden, descubriendo los secretos de Estado, armas, negociados e invasión de la privacidad, a diestra y siniestra.

Hoy, la expresión de la guerra cibernética dejó de ser un ejercicio fantasioso de novelistas y cuentistas, o del séptimo arte más taquillero, que empezó, en parte, con una computadora soberana en el espacio sideral, que imponía sus reglas a la tripulación, de la mano de ese pionero que fue Stanley Kubrick con su Odisea del Espacio.

Volviendo a Colombia, donde la democracia es la más de las veces una fábrica de papel mojado, donde la vida no está garantizada, como lo certifica el más reciente informe de la ONU, la reforma intelectual y moral, propia de la modernidad, sigue pendiente. Por el contrario, la dirigencia intelectual, política y moral sigue comportándose en la forma y en el contenido como una oligarquía, tradicional y nueva, que reclama privilegios para sí.

En particular, uno de los tuiteros más reconocidos, cultor empedernido de las fake news, monitoreado por la autoridad legítima, fue sorprendido in fraganti, endilgándole la conducta delictiva a su rival. Ha sido, por fin, objeto de medidas cautelares, y está sujeto a detención domiciliaria, donde “el Innombrable” sigue haciendo uso de los adminículos de la revolución cultural de los que dispone en su idílico retiro de 1750 Has.

Pero en los alrededores, en la vecina Montería y en sus veredas y corregimientos, otro es el cantar. Los habitantes de esos lugares que han sido azotados por la violencia paramilitar, y objeto de despojo y desplazamiento, no cuentan con el cubrimiento que ofrecen los avances obtenidos por la ciberciencia.

Esta gente sí tiene celulares, los más básicos para comunicarse de manera gratuita con servicios como WhatsApp, y Facebook, pero claro, sin acceso a datos y otras exquisiteces. Mucho menos tienen espacios comunes donde puedan acceder a computadores adecuados que les permitan mejorar su vida civil, y participar del llamado internet de las cosas, porque en esos lugares ni siquiera “gozan” de los servicios públicos básicos, empezando por el agua y las condiciones sanitarias mínimas.

Estas gentes no entran en las cuentas de la revolución de Duque, Abudinen, y su mentor político encarcelado, y el partido de la reacción que los secunda. Tampoco caben en su contabilidad de miles de millones las urgencias de la Universidad Pública. Mucho menos la suerte de la Universidad Nacional, expósita hace más de 30 años, cuya lucha de la comunidad universitaria, siendo la más reciente la huelga de hambre de un puñado de jóvenes a sus puertas, tan solo recibe “nones”, y aplazamientos con diferentes argumentos sin ninguna prueba concluyente.

El Sistema Universitario Estatal, las instituciones de educación superior que lo conforman, está en quiebra, sus finanzas andan mal en casi todas las materias. Incluida, por supuesto, la interconectividad que exige la llamada cuarta revolución cultural, que Klaus Schwab, orientador del Foro Económico Mundial, denominó cuarta revolución industrial en el Foro de 2016. Esta es la denominación que emplean la ministra y el presidente en el ejercicio promocional de esta semana, cuando lanzan la convocatoria para formar a 100.000 programadores con costo de $1500.000 por programador, que, de ser cierto, sería excelente desde cualquier punto de vista que se considere.

Una digresión

Con respecto al nombre de la revolución que se dice que replicará el gobierno de Colombia, con la responsabilidad inmediata de la MinTics, quien antes se desempeñó como director del Bienestar Social, conviene hacer una breve digresión que parte de recordar la tercera revolución industrial que la antecede, porque aquella es la que fusionó el mundo físico, digital y biológico. Entonces fijó los principios que sirven de base al desarrollo de los llamados sistemas ciberfísicos, el internet de las cosas y la computación en la nube.

Esta operación de sofisticada tecnología fue llamada a partir de la Feria de Hannover en 2011, “la Industria 4.0”, que en concreto corresponde a la computarización de la manufactura y la tecnología de la información como su aplicación técnica más inmediata. Para lograrlo se estableció en Alemania un grupo de trabajo que rindió un informe final en 2013. El equipo científico reunido trabajó en la conexión entre máquinas, piezas de trabajo manejados por sistemas inteligentes controlados de forma autónoma. Es a ello, a esta operación industrial, lo que Schwab denominó impropiamente cuarta revolución industrial, y que los colombianos alumnos de BID, Duque y Abudinen igual identifican de ese modo.

En el entretanto, pesar de los acuerdos de paz firmados, y luego de lo pactado con quienes hicieron el paro del año 2018, los millones comprometidos no llegan, sino que se destinan con descaro, cinismo e ineficacia manifiesta a pagar el despilfarro de los jerarcas militares y policiales, y los negociados ya denunciados. Ahora se añade este desembolso mientras la suerte de la universidad colombiana sigue a la deriva. Más aún no será este sistema el que albergue y oriente la formación de los nuevos 100.000 alumnos que curiosamente coinciden con la circunstancia de que los más de 60.000 que aspiraban a presentar las pruebas de admisión se quedaron por fuera, por no contar la Nacional con los instrumentos adecuados para realizar tales exámenes, con el rigor debido, de manera virtual. Así están las cosas, en este país de jauja, que el balance de 30 años, realizado por el presidente de la paz frustrada, Juan Manuel Santos, define también como el más feliz de la tierra, porque así lo prueban las encuestas realizadas. ¡¡¡Santo(s) remedio(s)!!!

Edición 696 – Semana del 22 al 28 de agosto de 2020
   
 
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