Desorden glocal a la vista:
(pre) elecciones en EE. UU. y Venezuela

 

La palabra política en Venezuela como en los Estados Unidos la tienen las elecciones de noviembre y diciembre de 2020. La así llamada democracia representativa, que no es democracia, por supuesto, sino su placebo, se convierte en un escenario de disputa definitoria de una crisis de hegemonía con función de dominio al interior de dos órdenes estatal nacionales.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.
 
Director Grupo Presidencialismo y Participación, y Revista Pensamiento de Ruptura
 
 

Una antesala suramericana: hegemonía en función de dominio

Henrique Capriles vuelve a hacerse notar en el variopinto espectro de la oposición a Maduro, y a lo que sobrevive como proyecto político bolivariano, autodefinido como Chavismo, donde la carga nacionalista y popular se definen en contraposición a los dictados del hegemon regional, nada más ni nada menos que los Estados Unidos.

Los gobiernos de Barack Obama y Donaldo Trump, al respecto, no cambian el libreto, porque la disposición de los recursos naturales de la “Venecia tropical” les quitan el sueño, y pueblan sus planes de dominación de fantasías guerreras.

Sin embargo, Trump fue un poco más allá con el joven Juan Guaidó, quien se creyó el cuento que es un presidente en funciones, y la coalición que orienta el PSUV le ha dejado, hasta cierto punto, operar en la medida en que mina la principal base de sustentación interna, la mayoría en el poder legislativo, con una carga de profundidad.

Así vino el segundo movimiento táctico del bloque gobernante, al interior de la coalición de oposición ahora. Le dio vía a nombrar direcciones paralelas de la Asamblea, para instalar como “presidente espejo” a Henri Falcón, líder circunstancial de la fórmula conciliatoria, Mesa de Diálogo Nacional, que participa de la próxima elección legislativa que anuncia y prepara el régimen que preside Maduro, con todo y las escaramuzas no han desaparecido la coalición G-4.

Ahora viene la prueba de verdad, luego de las acciones militares fracasadas, donde el gobierno de Colombia, que no baja de dictadura al del vecino, permitiera presencia de grupos desestabilizadores del orden venezolano. Esto es, las elecciones a la asamblea nacional, convocadas por el gobierno de Maduro para el 6 de diciembre.

El penúltimo episodio es la captura de militares encubiertos en Colombia, que son prueba de estas acciones en los territorios de fronteras. Solo que ambos gobiernos alegan que se trata de acciones encubiertas de los bandos opuestos. En todo caso, es el poder político colombiano quien los tiene bajo su custodia.

Elecciones sí, ¡cómo no!

Bien. Henrique Capriles, su agrupamiento político, que lideró la fase anterior de la lucha opositora de derecha, y fracasó en los primeros intentos, le dio luego paso a la coalición liderada por Leopoldo López y Corina Machado. La elección fue otra, el uso de la fuerza, en espera de una insurrección popular que no llega.

Pero, por sus actuaciones de hecho, Leopoldo López fue a la cárcel, hasta que la recomposición de las fuerzas de la coalición propició su libertad condicional. En ese interregno se proyectó la figura de un joven desconocido, que guarda parecido físico con el comandante Chávez, del liderazgo nacido al calor de la beligerancia del agrupamiento Voluntad Popular.

Volvieron a intentarse acciones terroristas, “guarimbas” o de resistencia armada reaccionaria buscando probar qué tan debilitado estaba el control chavista de las FF.AA. Los ensayos realizados no prosperaron, el “presidente interino” que invoca la ilegitimidad del actual periodo presidencial de Maduro, se dedicó a la diplomacia internacional, con algo más de 60 países de su lado, es la cuenta que hacen hasta la fecha.

Esgrime y reclama en público el apoyo del hermano mayor, el gobierno estadounidense, donde el presidente Trump, y el congreso en pleno lo recibieron; esto es, republicanos y demócratas. Guaidó cruzó la frontera colombiana por una de tantas trochas, que la hacen una suerte de queso Gruyere, con los olores que lo acompañan. Y con la alianza entre exiliados cubanos y venezolanos que tiene peso en el resultado electoral de un estado clave, la Florida, que ya inclinó la balanza, con sus delegatarios por candidaturas republicanas.

Guaidó lo hizo de manera ilegal, apoyándose en grupos paramilitares de Colombia. Pensaba que habría una acción militar contra el Madurismo, y fracasó. No había, ni podía haber, tal “campaña admirable” bolivarian. Peor aún, a raíz de la marcha afloraron componentes de corrupción en el manejo de las ayudas en su propio bando; y reclamos de paga de los mercenarios apostados en condiciones miserables del lado colombiano.

Así las cosas, la oposición que lidera Capriles pasa al primer plano, descalificando a Guaidó, en términos de un gobierno de internet, y ponen en la palestra electoral a Stalin González, porque él no puede presentar su nombre. Y se harán contar el próximo diciembre, en espera que el descontento popular, el bloqueo criminal de los Estados Unidos les hagan su navidad feliz.

De ese modo, se resquebraja el liderazgo de la oposición encabezada por la reacción, que tiene en Guaidó a una suerte de títere, porque no tiene fuerza propia que lo siga, y reaparecen, en cambio, Corina y Leopoldo, que llaman a la abstención y a la campaña que denuncia el fraude anticipado, y la elección amañada. A la vez que intentan que Henrique Capriles de su brazo a torcer, y se una con el G4.

¿Es la hora de las urnas, o de los hornos?

Es la hora de las urnas, y a la vista hay tres sectores que prueban fuerza desde ahora: el progresismo chavista, que al liberalizar la economía se dio un respiro en materia de actividad mercantil, permitiendo la circulación del dólar sin las cortapisas de antes, a pesar de los bloqueos de sus agentes económicos internacionales.

Uno de gran notoriedad, es el empresario costeño Saab, un colombiano primero dedicado a las exportaciones de productos de primera necesidad y raciones para Venezuela. Hace dos meses detenido en Cabo Verde, cuando iba de paso para Irán; y en espera de ser extraditado por los Estados Unidos, que burló las salvaguardas internacionales, y sin que existiera tratado de extradición previo; así como la congelación de las reservas de oro que estaban a “resguardo” en Gran Bretaña, y de las que ya no puede hacer uso el gobierno Maduro.

Los otros dos conforman la oposición, hoy dividida, tácticamente. La que lidera Henrique Capriles, con el apoyo de grupos menores de carácter regional; y el trío Leopoldo, Corina y Juan, que de hecho llaman a la abstención. Y en el intermedio obra, por lo pronto, la que se autodenomina Mesa de Diálogo Nacional, con fuerzas minoritarias que se desprendieron en rebeldía, y nombraron a Henri Falcón como cabeza de una Asamblea paralela, para reemplazar la presidencia de Juan Guaidó.

Toda las agrupaciones de derecha y la reacción, sin embargo, están a la espera que Trump repita, y que Iván Duque gane en Colombia el mayor control político interno, y con el apoyo del Comando Sur preparen una mejor una acción intervencionista desde su vecina, con el concurso interesado de los contingentes paramilitares que se lucran de contrabando fronterizo, bajo el cobijo del no extinto régimen para-presidencial que rechaza la paz firmada con los acuerdos de noviembre de 2016.

Como se sabe, ya están en territorio colombiano fuerzas militares estadounidenses, repartidas en cuatro regiones, con un comando de dirección conjunta, para dizque combatir el narco-tráfico, establecida en Bogotá. Sin permiso del Congreso de Colombia, por lo que hay una tutela en curso, y la escaramuza del min defensa Trujillo, quien forzó a la escritura de una carta placebo, de adhesión tramitada por el expresidente del congreso, el liberal Lidio García.

Por estos días, él recordó que las 69 firmas no corresponden para nada a una aprobación senatorial, y que, en todo caso, de lo que aquí se trata es de una cooperación militar, y, en ningún caso del paso de tropas extranjeras, que la Constitución vigente no autoriza, sin el previo aval del Congreso.

Sin empacho él repitió que está de acuerdo con esa cooperación. Es lo mismo que pensaba el expresidente César Gaviria, escogido por el neoliberalismo, cuando, calladito, le daba patente de corso a la instalación de 7 bases militares acudiendo a la “fementida” cooperación con el hegemón del norte, el mejor amigo de las coaliciones bipartidistas, casi sin excepción a lo largo del siglo XX.

Más aún, cuando se hizo tránsito de la Unión Panamericana a la creación de la OEA, en Bogotá. Certamen al cual no se le permitió asistir al líder de la oposición, Jorge Eliécer Gaitán, quien coincidencialmente resultó asesinado para el mismo tiempo en que visitaba a Colombia el general Marshall, un verdadero procónsul de posguerra.

La pandemia se cuenta en votos

En suma, la palabra política, en Venezuela como en los Estados Unidos la tienen las elecciones de noviembre y diciembre de 2020. La así llamada democracia representativa, que no es democracia, por supuesto, sino su placebo, se convierte en un escenario de disputa definitoria de una crisis de hegemonía con función de dominio al interior de dos órdenes estatal nacionales.

Porque la ecuación social que articula al Estado en su sentido estrecho, la sociedad política, con la sociedad civil es precaria, a la vista del síntoma social encarnado en la pandemia que mostró la debilidad del desarrollo del Estado social/bienestar, que no son lo mismo, en Venezuela y Estados Unidos.

Y claro, en el cuadrilátero global tales desenlaces en las urnas, igual, tiene sus repercusiones. En todo caso, una contienda sobredeterminada por la pandemia del Covid-19, que ha puesto en la balanza de la ecuación transcontinental los extremos de la economía capitalista y la vida. Con una afectación diferente de dos grandes liderazgos, Estados Unidos y China, que vive también escaramuzas internas, en particular, en Hong Kong, y en menor grado en el Mar de la China.

En simultánea, la pandemia sigue su curso, restándole votos al reaccionario Trump, quien prefirió apuntarle a la economía en lugar de preservar el mayor número de vidas en su pueblo. Y la economía que le ha dado los mayores réditos antes, fluctúa en el día a día, hoy, con el respiro relativo de la recuperación de empleos. Lo cual se hace “a costillas” de China, con la amenaza creciente de traer de vuelta maquilas estadounidenses a casa. A la vez que se busca al Pacífico suramericano como cabeza de playa rentable, con Colombia, Perú y Ecuador sumados a Chile, para el desembarco económico estadounidense, el otro día D, del otro lado del menos pacífico de los océanos.

La pandemia, mientras tanto, de manera notoria afecta a las minorías de la gran potencia militar y económica de modo severo. La población afroamericana ha sufrido ese embate, sumada a la pobreza desbordada en las barriadas de las grandes ciudades, pero también en las intermedias, que no para el subsidio momentáneo de US$2400 mensuales, que ayudará, así lo piensa Trump y su equipo de halcones, a reelegirlo.

En el entretanto han sido letales las medidas de policía, para reprimir la protesta y la resistencia social, hasta el punto de que las movilizaciones de protesta por los asesinatos y agresiones han actualizado el recuerdo en las calles de Washington de las luchas por los derechos civiles de los años 60, con su fuerza constituyente desplegada como desobediencia activa y creativa.

Estas solo pararon con el asesinato de los liderazgos negros más relevantes, los de Malcom X, las Panteras Negras, y, por, sobre todo, Martin Luther King, más el telón de fondo del desastre humano de la guerra de Vietnam.

Entonces se juntaron libertad, igualdad y condena al racismo en una sola divisa, una combinación política súper explosiva para el establecimiento gran burgués y supremacista. Hoy también el monstruo de la reacción ha vuelto a mostrar las orejas por estos días. Cómo será posible restañar las fallas estructurales que impiden una verdadera relación hegemónica, superando la crisis del dominio hegemónico, y reconociendo de hecho los intereses plurales de los subalternos.

Es parte de la pregunta que se ventilará en las urnas a finales de este año, cuando llevemos contabilizados algo más de 8 meses de pandemia. Los resultados harán que aquellas no adquieran otra significación: “urnas funerarias” como triunfo de la tanatopolítica para reproducir el capitalismo depredador sin fronteras humanizadoras.

Edición 699 – Semana del 12 al 18 de septiembre de 2020
   
 
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