Dolor y sufrimiento

 

“Yo no creo que el problema se solucione dándoles clases de neuroanatomía y neurofisiología a los policías. Este problema que comenzó acá en la USA, se ha ido extendiendo a otros países. Esto significa que es de fondo en la organización social de estas naciones y que se deben tomar reformas radicales en sus fuerzas militares para solucionarlo”.

 
Alonso Ojeda Awad
 
Exembajador de Colombia
 
 

Me perturba la posibilidad de llegar a ser un país donde poco importe el dolor y el sufrimiento de nuestros semejantes, y esta preocupación aumenta cuando la veo reflejada en la institución policial que es la encargada, constitucionalmente, de ayudar a la sociedad a encontrar caminos pacíficos en sus contradicciones y conflictos, que le permita solucionar racionalmente sus diferencias en las diversas actividades de la cotidianidad humana.

Me crea mucha preocupación ver, por ejemplo, las fotos de los policías que ocasionaron la terrible y mortal agresión sobre el estudiante de Derecho Javier Ordoñez, el día en que fueron capturados y llevados ante el juez de la justicia ordinaria, quien investiga y aplicará la dura y ejemplarizante sanción. En esta foto se ve a dos muchachos vestido de civiles sin ningún rasgo que exprese o muestre agresividad o fiereza de ningún orden.

Entonces, viene inmediatamente a mi memoria el video terrible en que estos dos “pacíficos muchachos”, ya con el uniforme policial, descargan, sin ninguna compasión ni misericordia, una pistola Taser de manera agresiva y cruel contra el cuerpo indefenso y tirado en la calle de Javier Ordoñez. Ya son dos hombres conscientes que están asesinando a un reducido e indefenso hombre en el piso, que les pide clemencia: “Ya, ya, por favor, no más” y estos policiales, no escuchan, están encarnizados sobre su víctima indefensa y cada vez le aplican más y más descargas que lo conducen a la muerte indefectiblemente.

Es allí donde me pregunto qué está pasando en ese momento por el cerebro de los policías. Son conscientes de la cercana muerte de su víctima o es tal la magnitud del enfrentamiento que su cerebro ya no razona porque está en un “Secuestro Emocional” tal el impacto, generado por la agresión, que la “emoción”, es decir todo lo instintivo y animal decide asumir el manejo de la situación y a través de enorme producción de adrenalina, secuestra la razón, impidiendo la presencia de esta.

Este es el planteamiento que hice en mi pasada columna de prensa titulada: “Por una policía civilista”, donde hago hincapié en que la policía debe ser entrenada, informada, preparada y educada en múltiples aspectos de una formación humana integral y compasiva que incluya también el conocimiento y manejo de los llamados “secuestros emocionales” que son los que impiden actuar en situaciones de máxima confrontación con pleno uso de las condiciones mentales. Yo quisiera preguntarles a esos dos agentes de policía comprometidos en el asesinato de Javier Ordoñez si ellos recuerdan esos últimos momentos angustiosos de la víctima ya en camino hacia la muerte y que sintieron en estos momentos.

Porque si estamos ante un frío asesinato, elaborado en forma consciente y premeditada por dos o más agentes de policía obedeciendo a órdenes superiores, nos encontramos ante una situación muy grave. O si estamos ante un homicidio causado por dos agentes policiales quienes ante el fragor del enfrentamiento son victimas de un secuestro emocional que les impide ver la magnitud de la agresión y las graves consecuencias que están generando con este hecho delictivo. Caso en el que habría que cuestionar la dirección, preparación y desarrollo de las competencias de estos agentes para cumplir de manera efectiva y compasiva su función, lo que nos obliga a poner la mirada en las políticas de cultura organizacional, de dirección, selección, formación y coordinación en la institución policial y militar.

Sin embargo, hay otras opiniones muy autorizadas y por eso quiero transmitirles el juicioso comentario que me envió un amigo médico y colega, desde los Estados Unidos, neuropatólogo de la Universidad Nacional de Colombia, a raíz de estos críticos y luctuosos acontecimientos: “Yo no creo que el problema se solucione dándoles clases de neuroanatomía y neurofisiología a los policías. Este problema que comenzó acá en la USA, se ha ido extendiendo a otros países. Esto significa que es de fondo en la organización social de estas naciones y que se deben tomar reformas radicales en sus fuerzas militares para solucionarlo. Las ordenes de maltrato a la población civil vienen de los mandos superiores y los responsables deben ser castigados”.

Son posturas muy claras y ciertas que nos deben conducir a tratar este grave problema que nos acompaña como sociedad hace mucho tiempo y que últimamente se ha recrudecido de una manera muy significativa. Los colombianos tenemos la obligación y el deber de trabajar y esforzarnos todos los días por construir una mejor nación y una mejor Democracia. Mas profunda y efectiva que logre eliminar tanto dolor y sufrimiento.

Edición 701 – Semana del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2020
   
 
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