Ruth Bader Ginsburg:
paladín radical de la igualdad de derechos

 

Antes de hacerse jueza, cuando era líder de ACLU Women´s Rights Project, emuló en defensa de la causa de las mujeres con Thurgood Marshall, y la organización que defiende los derechos civiles de los afroamericanos. Este gran magistrado de la Corte Suprema, afroamericano, y ella de ascendencia judía, son prueba ambos del compromiso ejemplar por amparar la igualdad social maltrecha en su nación azotada por el racismo.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.
 
Profesor asociado, Ciencia Política. U. Nacional de Colombia
 
 

“I ask no favor for my sex. All I ask of our brethren is that they take their feet off our necks”. Sarah Grimké (1837).

Después de leer la semblanza que nos brindó el ensayista y comentarista de libros, el abogado David Cole, quien contribuye con regularidad en las páginas de New York Review of Books, sobre la vida de Ruth Bader Ginsburg, 1933 – 2020, a quien en parte gloso en este escrito, me dispuse con inusitada alegría, a escribir algunas líneas para recordarla.

Es un estado de ánimo en claro contraste con una coyuntura nacional, la de Colombia, oscura en materia de derechos humanos y libertades civiles; y en lo internacional, rebosante de amenazas del gobierno de Estados Unidos, el “mejor y más ingrato amigo” del bloque dominante en nuestro país, que transita a pasos agigantados del régimen parapresidencial a una dictadura civil.

Tales trayectorias llenan de estupor y malos presentimientos al común de la ciudadanía de las dos naciones. Que sufre a manos de la policía de gobiernos pendencieros, muerte tras muerte, cuando no reparan en permitir y autorizar la muerte impune de sus ciudadanos. Tal como ocurrió con Breonna Taylor en Louisville, Kentucky, y con los 14 asesinatos contabilizados el 9 de septiembre en Colombia.

Porque uno y otro presidentes, como hermanos gemelos, tienen el pensamiento puesto, con desenfado criminal, en la suerte del capital glocal, mientras que lo demás les vale poco y casi nada. De esa manera van cavando con diligencia su infortunio y el de las sociedades que los padecen.

A contramano de estos dictados tanáticos, Ruth cantó a la vida en sus sentencias memorables, y en sus diatribas radicales contra los abusos del capital. Antes de hacerse jueza, cuando era líder de ACLU Women´s Rights Project, emuló en defensa de la causa de las mujeres con Thurgood Marshall, y la organización que defiende los derechos civiles de los afroamericanos. Este gran magistrado de la Corte Suprema, afroamericano, y ella de ascendencia judía, son prueba ambos del compromiso ejemplar por amparar la igualdad social maltrecha en su nación azotada por el racismo.

La trayectoria y el talante de Ginsburg

“Real change, enduring change, happens one step at a time”.
Ruth Bader Ginsburg.

La eminente magistrada empezó sus estudios de derecho en la Universidad de Harvard, y se graduó en Columbia, donde fue profesora de derecho civil, así como Rutgers Law School. Era una de 9 mujeres entre 500 y más hombres cuando comenzó en Harvard con la aspiración de hacerse juristas y litigantes en los estrados de la más opulenta, y una de las más desiguales sociedades de la tierra, como lo descubrieron las múltiples luchas que siguieron al final de la II Guerra Mundial.

Ella hizo su entrada en los estrados judiciales en 1972, cuando presentó su primer alegato ante la Corte Suprema, para declarar el sexo un criterio sospechoso. Esa línea de conducta la llevó a defender siempre que pudo un trato igual para hombres y mujeres en términos de derechos civiles. Es una de las tres mujeres que han llegado a ser magistradas de la Corte Suprema. Fue nombrada por el presidente Bill Clinton en el año 1993.

Ella definida, primero, como moderada, reclamó como principio inalienable una protección igual del derecho para todos, sin distinción o favorecimiento de sexos. Muy pronto se hizo parte de la así llamada ala liberal de la Corte. En aquella primera causa que inició su ascenso definitivo, después de pasar por la Corte de apelaciones, nombrada por el presidente Jimmy Carter, recibió la siguiente respuesta, recuerda David Cole, abogado también, del magistrado Warren Burger: Thank you, Mrs. Ginsburg, en el caso que ella ganó 8 a 1.

Al obrar de este modo recuperó la figura histórica de una abolicionista estadounidense a la que siempre admiró, Sarah Grimké. En el empleo nivelador del derecho, según el ensayista David Cole, ella fue una radical y favoreció una estrategia incrementalista para obtener sentencias progresistas lidiando con los compañeros conservadores que eran la mayoría en la Corte Suprema. Contrastó mucho con el estilo retórico de colegas “fundamentalistas” como Antonin Scalia. Frente a ellos respondió descubriendo los errores de las decisiones propuestas, con la finura de una cirujana apasionada por la verdad.

En el horizonte del feminismo nadie discute sus merecimientos que hizo avanzar a través de las sentencias que contribuyó a establecer como garantía de derechos de las minorías, y entre los subalternos, el grupo más numeroso, las mujeres.

Guardianes de su memoria

No le tocó a Ruth Bader Ginsburg presenciar en vida el desenlace de una de las elecciones presidenciales más competidas de la historia de la segunda posguerra, en la primera semana de noviembre. Pero sí ha cosechado de modo póstumo, por su desempeño impecable como magistrada del más alto tribunal, el estar a la vista del pública en la capilla ardiente de la Cámara de representantes, hasta que sus restos sean depositados de manera definitiva en el cementerio de Arlington, al lado de su esposo.

Ella viene siendo, en el entretanto, objeto de reconocimientos múltiples venidos de todos los lugares de su nación. Hasta ocasionó el intento del presidente en funciones, de rendirle homenaje, cuando la combatió en vida con ironía, y más de una vez negó con su verborrea atiborrada de fake news, sentencias memorables que mantienen la impronta de Ginsburg.

Al presentarse en el recinto, Donaldo Trump fue objeto de una cerrada silbatina en el salón de la Cámara, que no olvidará. Peor aún, podrá ser el anuncio premonitorio de la pérdida de su reelección que hasta el día de hoy ni siquiera se imagina.

Con todo, el féretro de la magistrada simboliza que el número de jueces progresistas se ha reducido de modo significativo, y una habilidosa componedora como Ruth, ya no va más. Ahora la presencia progresista en el más alto tribunal de la federación americana está menguada al máximo.

Cuando se sepa el nombramiento de la magistrada que la reemplazará la causa de los derechos civiles, y la defensa de la igualdad entre mujeres y hombres se preparan para el más duro de los asedios, que forzará a las mayorías subalternas a salir a la calle para defender lo obtenido en mejores tiempos.

Edición 701 – Semana del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2020
   
 
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