Cuatro años después

 

Conmemorar el triunfo del NO o la derrota del SÍ, en ese inolvidable 2 de octubre debe servirnos para anclar históricamente las acciones emprendidas por Iván Duque y el llamado “uribismo”, con el concurso de gran parte de las fuerzas armadas y del empresariado, para hacer “trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final”.

 
Germán Ayala Osorio
 
Comunicador social-periodista y politólogo
 
 

El 2 de octubre de 2016 constituye una fecha especial para los colombianos. Ese día, y contra todo pronóstico, millones de mis connacionales votaron y dijeron NO al proceso de paz y a lo acordado en La Habana. Aunque con un estrecho margen en relación con los votos obtenidos por quienes votamos y dijimos SÍ, el triunfo del NO puso en evidencia varios asuntos a saber: el primero, la existencia de un odio otoñal de poderosos sectores sociales, económicos y políticos contra las Farc – EP, ganado en virtud de la degradación que sufrió esa organización subversiva, expresada en prácticas como el secuestro de civiles, la sevicia en ataques contra miembros de la fuerza pública y el uso de menores en la guerra. Degradación que por supuesto tocó a militares y policías y a los paramilitares, aliados y apoyados por los primeros.

El segundo asunto que cobró vigencia fue el evidente acomodamiento-ensimismamiento de sectores menos beneficiados social, cultural y económicamente, que a pesar de ser víctimas de las nefatas circunstancias que les viene imponiendo un Régimen criminal y oprobioso, votaron NO a la refrendación del Tratado de Paz firmado en Cuba, en virtud de la incapacidad cognitiva de cientos de miles de sus miembros, de comprender que hay decisiones económicas y políticas que les asegura esas condiciones de miseria, postración e infelicidad. Esa aceptación social de una vida indigna se tradujo en un odio visceral contra los críticos de ese Régimen, incluyendo, por supuesto, a las guerrillas, autodenominadas como “salvadoras”.

El tercer elemento o asunto guarda estrecha relación con la convocatoria al plebiscito por la Paz, propuesto por Santos para “aniquilar políticamente a Uribe”, lo que sin duda constituyó un error político que puso en bandeja de plata la posibilidad de construir una paz estable y duradera, a los amigos de la guerra, es decir, a los sectores societales cercanos al hoy Reo 1087985. Santos sabía que no era necesario convocar a la jornada plebiscitaria, pero pudo más su afán de deshacerse políticamente de quien le había llevado a la Casa de Nariño.

Un cuarto elemento o asunto que el sorpresivo resultado plebiscitario dejó fue la mezquindad y la ruindad de quienes auparon la campaña del NO. Ellos mismos reconocieron que se trató de una campaña barata y simple, pues solo les tocó “sacar verraca a la gente a votar”. Expusieron, sin duda, ese talante tan arraigado en millones de colombianos: mentir, hacer trampa, timar y engañar.

Un quinto elemento o asunto que sobresalió fue el papel indigno que jugó la Iglesia Católica. Sus jerarcas, en lugar de invitar a apoyar el SÍ, guardaron un espantoso silencio, decisión que terminó por dejar a sus fieles y agentes sacerdotales, a merced de quienes construyeron esas narrativas asociadas al “Castrochavismo” y a la posibilidad latente de convertirnos en una “segunda Venezuela”. Claro que después de cuatro años, el actual gobierno está empeñado en operar bajo las condiciones antidemocráticas e iliberales en las que viene operando de tiempo atrás el régimen venezolano, de la mano de Nicolás Maduro Moros.

Conmemorar el triunfo del NO o la derrota del SÍ, en ese inolvidable 2 de octubre debe servirnos para anclar históricamente las acciones emprendidas por Iván Duque y el llamado “uribismo”, con el concurso de gran parte de las fuerzas armadas y del empresariado, para hacer “trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final”. El camino difícil por el que hoy transcurre el proceso de implementación de lo acordado en La Habana se empezó a labrar a las 7 de la noche de ese 2 de octubre de 2016.

Una vez consigan debilitar totalmente el proceso de implementación del Acuerdo de Paz, entonces, en unos años deberemos advertir de la aparición de un sexto elemento o asunto, después de la jornada plebiscitaria: hay sectores sociales, económicos, culturales y políticos que viven y se benefician de la guerra; y de estos hay que decir que hoy están haciendo todo para mantener en el tiempo aquello de “hacer invivible la República”. En eso llevan 200 años de República.

Adenda: ese 2 de octubre, después de votar SÍ, nos fuimos a adoptar a una hermosa cachorra mestiza, a la que bautizamos Tongolele, aunque pensé en llamarla Plebiscita. Otra razón más para no olvidar a aquella jornada plebiscitaria.

Edición 702 – Semana del 3 al 9 de octubre de 2020
   
 
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