Alternativos:
algo de historia y algunas pistas de futuro

 

Las observaciones que aquí se consignan, en los días finales de septiembre 2020, tienen un carácter exploratorio. Se trata de abrir una reflexión sobre aspectos que parecen obvios, pero que hasta ahora no han sido tomados suficientemente en cuenta y que, sin duda, juegan considerablemente cuando se necesita y se quiere construir una estrategia política que conduzca a la victoria.

 
Luis I. Sandoval M.
 
Investigador social, columnista, Integrante Asociación de Estudios y
Acción Política Democracia Hoy – Demhoy
 
 

Una reflexión frente al reto de 2022

Sentirse fundadamente parte de un todo y asumir que el todo es superior a sus partes es fundamental para avanzar por un camino de convergencia en relación con el formidable reto electoral de 2022. Sentirse parte de un todo…, es decir, compartir cierto grado de identidad con un conjunto amplio de fuerzas facilita caminar juntos en procura de un objetivo compartido de corresponsabilidad y transformación.

Las observaciones que aquí se consignan, en los días finales de septiembre 2020, tienen un carácter exploratorio. Se trata de abrir una reflexión sobre aspectos que parecen obvios, pero que hasta ahora no han sido tomados suficientemente en cuenta y que, sin duda, juegan considerablemente cuando se necesita y se quiere construir una estrategia política que conduzca a la victoria.

Estimula este ejercicio el reciente estudio del Centro Nacional de Consultoría y la Universidad de los Andes el cual indica que la preferencia de los electores para el 2022 podría inclinarse a una opción radical o de cambio real. Por supuesto que lo deseable y necesario es que tal cambio sea hacia adelante y no la profundización del pavoroso retroceso actual. Que los acontecimientos tomen este giro requiere una estrategia cuidadosamente construida y audazmente desarrollada.

De independientes a alternativos

La política es un campo relacional. Nada es per se, todo se define en relación con otro u otros actores políticos. Los agrupamientos políticos se dan nombres con miras a expresar el sentido de lo que practican y proyectan. Conservador, liberal, progresista, verde, socialista, comunista, popular, democrático… son denominaciones que corresponden a la pretensión de construir una identidad o, en algunos casos, de aparentarla.

El nombre de alternativos se viene empleando hacen un tiempo en Colombia para designar un conjunto de fuerzas que se diferencian en distinto grado de las fuerzas más tradicionales1. En el año 2000 eran simplemente los independientes que en las elecciones territoriales realizadas en octubre del año anterior habían obtenido dos (2) millones de votos y conquistado varias posiciones importantes, entre ellas la Alcaldía de Bogotá (segundo triunfo de Antanas Mockus).

En esa primera década del nuevo siglo, segunda después de la Constitución del 91, los alternativos experimentaron un impulso extraordinario y avanzaron en su articulación hasta el punto de que la mayor parte de ellos dio el paso a formar parte del proyecto político que tomó el nombre de Polo Democrático, luego Polo Democrático Independiente y finalmente Polo Democrático Alternativo2.

Cada adición o cambio de un calificativo en el nombre del Polo, en el corto tiempo entre 2002 y 2005, obedecía a la llegada de nuevas fuerzas para constituir un conjunto donde todas las expresiones compartían la idea de proponer al país una vía democrática frente a la realidad de una vía autoritaria que se abría camino con fuerza inusitada como reacción a lo que fue el gobierno de Andrés Pastrana y su fallido ensayo de paz dialogada en el Caguán (1998 – 2002).

Las derechas colombianas, legales e ilegales, asimilaron hábilmente su guerra contrainsurgente con la guerra antiterrorista de George Bush (hijo), a raíz del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York (11S, 2001). El eslabón o conexión de esa estrategia lo constituyó la guerra contra las drogas.

En el espacio del Polo se encontraron todas las izquierdas y todos los centros, inclusive un amplio sector de personalidades liberales (tercera pata se llamó coloquialmente a este sector)3. El Ideario de Unidad del Polo, gestado en nueve meses de conversaciones entre sectores muy diversos, durante 2005, constituye una de las piezas de mayor valor en la política colombiana contemporánea. El gran proyecto del Polo se fue a pique por el equivocado manejo de su extraordinaria pluralidad4.

Los nombres que simbolizaban las dos posturas políticas básicas –postura autoritaria y postura democrática– eran inicialmente Álvaro Uribe y Lucho Garzón (2002), luego fueron Álvaro Uribe y Carlos Gaviria (2006), Juan Manuel Santos y Gustavo Petro (2010), Oscar Iván Zuluaga y Clara López/Juan Manuel Santos (2014), Iván Duque y Gustavo Petro (2018). Hoy, con parte escindida del Polo (la tendencia orientada por el Senador Jorge Robledo) más otros sectores, el centro izquierda tiene organicidad propia y su mayor expresión, en mi lectura, la constituyen Los Verdes.

Destinados a caminar juntos

En 2014 hubo dos candidaturas favorables a la paz en primera vuelta: la de Juan Manuel Santos (reelección) y la de Clara López, candidata del Polo Democrático. Sin embargo, esa primera vuelta la ganó Oscar Iván Zuluaga del Centro Democrático contrario a las negociaciones de paz que aún no habían concluido. Lo aconsejable y lo que efectivamente se hizo fue concentrar los votos liberales, de centro e izquierda, los de Clara en primer lugar, en la figura de Juan Manuel Santos que buscaba la reelección. Fue un voto exitoso de convergencia por la paz, aunque no se tuvo un acuerdo programático formal de todos los convergentes.

En los comicios de 2018 se dio un fenómeno en que el alineamiento político y el consiguiente pulso fue aún más marcado y dramático que en ocasiones anteriores: las fuerzas tradicionales del establecimiento, prácticamente todas, se pusieron del lado de la candidatura de Iván Duque, soportado en una coalición dirigida por el Partido uribista Centro Democrático, y los alternativos en su mayor parte se aglutinaron alrededor de Gustavo Petro, soportado, a su vez, en una coalición progresista orientada por Colombia Humana.

Mientras Duque obtuvo 10 millones de votos, Petro obtuvo 8 millones en segunda vuelta. Se analizó que si todos los alternativos y demócratas pro paz, hubieran logrado aglutinarse alrededor de Petro posiblemente hubieran ganado la Presidencia de la República. Faltó en ese paso final que las fuerzas centristas de Sergio Fajardo, quien había obtenido más de cuatro millones de votos en primera vuelta, se sumaran a las más izquierdistas, pero inobjetablemente democráticas de Gustavo Petro, y también faltó que sectores liberales dieran el paso de rodear a Petro.

En el balance de ese momento, que se vivió con una tensión enorme, se ha dicho que los alternativos y sectores pro paz no se unieron y que por eso perdieron. En 2014 lograron converger centro e izquierda y ganaron; en 2018 la convergencia se quedó a medio camino y perdieron. Como lección aprendida se dice que eso no puede volver a pasar y que el presupuesto de la victoria en 2022 es que logren converger alternativos y demócratas pro paz, hacer uso de la consulta para definir fórmula presidencial y luego lealmente volcarse todos a votar por el programa común y la fórmula común5.

Lo común de los alternativos y demócratas pro paz

¿Qué se entiende, entonces, por alternativos a través de estos hechos y prácticas recientes? Nótese de entrada que se está hablado de alternativos y demócratas pro paz para designar un amplísimo conjunto de fuerzas donde se incluyen desde los más diversos centros hasta las más diversas izquierdas. Obligado el plural. Alternativos son los diferentes, los nuevos, frente a los de siempre, en un momento determinado. Dos identidades políticas comienzan a distinguirse con bastante claridad: los sostenedores del statu quo por cualquier medio (¡todo vale!) y quienes quieren cambiarlo por vías democráticas.

Descriptivamente aparecen como alternativos y demócratas los liderazgos y sectores que son críticos de las fuerzas conservaduristas más tradicionales defensoras del statu quo. Programáticamente los elementos que aparecen comunes a las diversas expresiones democráticas, que explican sus pasados intentos de convergencia y que constituyen potenciales bases de entendimiento con miras al futuro, se presentan grosso modo a continuación.

Los alternativos están dispuestos a hacer realidad el proyecto de Estado Social de Derecho contenido en la Constitución del 91, tienen una visión inclusiva y distributiva de la creación de riqueza social, consideran necesaria la reforma rural integral y la sustitución voluntaria de cultivos de coca, son sensibles al problema del cambio climático y ofrecen diversas estrategias para enfrentarlo, acogen los acuerdos de paz fruto de diálogos y negociaciones con las guerrillas reconocidas como actores políticos, se muestran dispuestos a combatir las diversas formas de corrupción que colonizan las prácticas políticas casi de manera general, se guían por el criterio de la defensa y priorización de lo público, estiman que los derechos sociales no pueden quedar a merced del mercado, son impulsores de la renta básica, consideran viable incorporar a la administración y gobernanza formas avanzadas de participación y control social, se muestran comprensivos de la protesta social y, en ciertas circunstancias, recurren a ella en la forma de movilización, acogen el reclamo de reconocimiento de derechos de las diversas opciones sexuales, proyectan un relacionamiento internacional basado en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la necesidad de avanzar en procesos de integración regional con visión multipolar de la geopolítica mundial. La perspectiva macro-histórica resalta la necesidad de superar definitivamente los esquemas supérstites de la guerra fría, la guerra contra el terrorismo y la guerra contra las drogas.

Estos elementos de proximidad programática se establecen asumiendo que los alternativos convergen entre sí y son capaces de aliarse con un conjunto más amplio de fuerzas donde se incluyen desde conservadores y liberales que declaran su adhesión a los términos del proyecto social contenido en la Carta Política y están dispuestos a recorrer el camino de la paz política, hasta sectores de la izquierda revolucionaria que se deslindan nítidamente de la lucha política armada. Todos comparten y abrazan la acción política civilista sin reservas.

Adicionalmente hay que observar que varios de los pactos que, con diferentes nombres, se están ofreciendo para concitar la unidad de un gran bloque de fuerzas por el cambio con miras al 2022 se nutren de todos, o parte, de los elementos de proximidad programática que se han señalado.

El secreto de la fuerza de los alternativos

Crear una sólida convergencia y, al mismo tiempo, ser capaces de aliarse con un entorno democrático proclive al cambio, en ello radica el secreto de la fuerza de los alternativos. Por supuesto que se requiere firmeza en la adhesión a unos referentes programáticos comunes, críticos y propositivos (ya descritos), pero al mismo tiempo se requiere gran flexibilidad táctica para recorrer con otros, diferentes, el camino que puede conducir a la victoria. No es un problema de sumatoria mecánica de fuerzas; de lo que se trata es de lograr un ejercicio de hegemonía, esto es, de direccionalidad incluyente, con un alto componente de índole cultural.

En las izquierdas algunos emplean también el calificativo de oscilantes para nombrar sectores que vacilan entre una posición favorable al statu quo y una que implique cambios en una perspectiva de avance democrático y social. Algunos consideran un error, inclusive una trampa, hacer camino con sectores de centro, porque, según ellos, tales sectores una vez en el gobierno cierran espacios y conculcan derechos. Por supuesto hay quienes no comparten en absoluto esa apreciación.

Esos riesgos se eliminan en la solidez del acuerdo programático, el sentido de corresponsabilidad en el ejercicio de funciones públicas y la capacidad de orientación del todo sobre cada una de sus partes. Una clarividente convicción es preciso que se abra camino: el centro político no tiene capacidad para triunfar solo, la izquierda sola tampoco. Por lo ocurrido en 2014 y 2018 se ve no solo que es necesaria sino posible la convergencia de centro e izquierda, en ciertas condiciones: la clave está en el entendimiento programático, el pacto de participación y corresponsabilidad en el gobierno y en las reglas de juego confiables para dirimir aspiraciones.

Adversarios no enemigos

La política entendida como competencia (agon/agonos: juego, disputa, contienda olímpica, en griego) admite distinguir en el escenario competidores o adversarios, es decir, un ellos y un nosotros, sin derivar en una situación de extrema polarización donde lo que predomina es el concepto de enemigo al que hay no solo que derrotar, a través de los medios electorales corrientes, sino al que hay que destruir y eliminar utilizando cualquier medio al alcance, incluida la estigmatización, el señalamiento, la mentira, la coerción y la violencia física. Eso es lo que infortunadamente se ha visto y sigue viendo en el país, marcando un tiempo bárbaro y trágico de la política. Eso es lo que hay que cambiar.

Si no hay entre los alternativos y aliados un mínimo pero fuerte sentido de identidad y pertenencia a un conjunto (un todo) múltiple y diverso –nosotros– de signo progresivo, claramente diferenciado de un campo con características también comunes pero de signo regresivo –ellos–, es imposible consolidar una forma de práctica política que supere los singularismos de grupo o de persona.

Estos singularismos, en mi concepto, se deben no tanto a una falla moral o exceso de protagonismo, sino ante todo a una debilidad ideológica, superficial apropiación del proyecto que supuestamente se comparte. De ahí la importancia de que, al proyecto político de convergencia, o estrategia común en la pluralidad, le corresponda la existencia viva de un proyecto cultural con producción de pensamiento y generación de prácticas innovadoras. Para ello los sectores que convergen desde su particularidad y multiplicidad tienen que recorrer un camino de autoformación y transformación, en los términos de la nueva realidad política que se quiere producir.

Conceptualizaciones como las de campo alternativo, sujeto plural, bloque histórico, nueva hegemonía, articulación de sectores subalternos, sinergia entre movimientos y partidos, nuevo sentido común, coalescencia (más que yuxtaposición o unidad de acción), inclusive el uso de la categoría pueblo, que está de regreso a las ciencias sociales y a la práctica política, pueden contribuir a superar las condiciones de identidad difusa en que permanecen las fuerzas del dilatado espacio alternativo. Importante explorar el empleo de estas herramientas conceptuales y su pertinencia para la comprensión y cualificación de nuestro proceso, para lo cual hay que buscar los espacios y momentos adecuados.

Un nosotros que juega a la pluralidad sin derivar en la polarización

Tiene sentido la utilización de la expresión alternativos si se profundizan y apropian sus características a partir de referentes teóricos y de una praxis asumida analítica y críticamente mediante la reflexión y el debate. Este esfuerzo muy seguramente contribuirá a que el centro no tema a la izquierda y también a que ésta no desconfíe del centro. Ni temor ni desconfianza porque todos son demócratas que comparten aquí y ahora una idea avanzada de democracia. Los liderazgos y los aportes de intelectuales y académicos son indispensables para contribuir a la comprensión de la realidad y para que, con su aporte, se creen referentes utópicos realistas sin los cuales es imposible una acción política transformadora.

Preciso es superar la identidad difusa de los alternativos y ganar un sentido de pertenencia a un nosotros que juega a la pluralidad sin derivar en la polarización. El oprobioso régimen de rasgos cada día más autoritarios, bonapartistas, de dictadura civil, o fascistas (caracterizaciones entre alternativos), que de fachada preside Iván Duque, en realidad Álvaro Uribe, no será derrotado en 2022 sino mediante la más amplia convergencia de fuerzas sociales y políticas, de centro e izquierda, partidos y movimientos, que levanten banderas de tránsito de la república elitista, violenta y corrupta, a una república auténticamente democrática a través de la cual sea posible avanzar en la realización del ideal de vivir, buen vivir y convivir 6.

La pospandemia marca el momento político y marcará el proceso hacia la constitución de un nuevo gobierno en 2022. En el marco de una gran inconformidad y una demanda de cambio general que se acentúa, adquiere un sentido de prioridad el tema económico y social. Hoy los principales problemas por resolver están en este campo. La candidatura que acierte en mover y articular intereses e ideas progresistas, viables y creíbles, al respecto será posiblemente la que se abra camino. Un gran sector empresarial democrático no podrá faltar en el arreglo político.

El entendimiento de los alternativos y demócratas pro paz para triunfar que aquí se plantea como necesario puede volverse realidad en muy diversas formas y momentos. Puede darse al comienzo del proceso, primer semestre 2021, puede darse en la parte intermedia del proceso, segundo semestre 2021, o puede darse con base en los resultados de las elecciones parlamentarias en marzo 2022, o a raíz de la primera vuelta presidencial en mayo.

Lo que hay que observar al respecto es que mientras más tardío sea el acuerdo de convergencia menos posible será el triunfo porque ello da mayor margen a la dispersión final de fuerzas. Jugar el albur de los avances en solitario puede ser la opción que se imponga de hecho y ello significará que, lastimosa y tristemente, una vez más triunfe la inercia de la opción autoritaria y guerrerista Más difícil aún será nuestro proceso si a las circunstancias ya adversas se suma la reelección de Donald Trump en los Estados Unidos. Ello enrarecería más aún el ambiente para la opción alternativa y democrática.

Pertinente para concluir este escrito la observación, cargada de sentido común, del viejo maestro Maurice Duverger, quien cierra su Introducción a la Política, así: “La lucha política reducida a su mayor simplicidad y a su elemento fundamental, no consiste sino en el enfrentamiento entre aquellos que están casi totalmente satisfechos del orden existente y que, por lo tanto, quieren conservarlo, y los insatisfechos con este orden que, en consecuencia, quieren cambiarlo. Los primeros constituyen “las derechas” y los segundos “las izquierdas” en el sentido más general de estos términos que intencionalmente abstraemos de todo contexto histórico preciso” (Ariel, 1970).

Naturalmente el contexto que le da pleno sentido a estas palabras es la realidad que ahora estamos viviendo en Colombia. No es un contexto de extremos igualmente repudiables, sino un proceso en el que un proyecto autoritario y guerrerista es resistido valerosamente por un amplio movimiento democrático pro paz. Lo absolutamente normal en el juego político sería que una vigorosa coalición de los segundos derrote a los primeros en 2022 dejando definitivamente atrás el curso nefasto por el que está siendo conducido el país.

Edición 702 – Semana del 3 al 9 de octubre de 2020

1 Ya no existe el bipartidismo liberal conservador como expresión política predominante. Esos partidos de composición policlasista, en la forma catch all, con predominio en ambos de élites oligárquicas con muy pequeñas y escasas diferencias entre ellos a raíz del Frente Nacional (1958-1974), soportados para su reproducción en múltiples formas de clientelismo, se fueron a pique por la realidad que se impuso en virtud de las posibilidades de pluralidad política partidaria abiertas por la Constitución de 1991.

2 Sobre el Polo puede verse mi libro Polo Democrático Alternativo, ¿con Quiénes, hacia Dónde?, Democracia Hoy, Bogotá, 2009. Prólogo del Profesor Francisco Leal Buitrago. Antecedente del Polo fue el Frente Social y Político, iniciativa surgida en la CUT con el liderazgo de Luis Eduardo Garzón a finales de los años 90.

3 Nombres de personalidades liberales que participaron inicialmente en el proyecto del Polo fueron Guillermo Alfonso Jaramillo, Parmenio Cuéllar, María Emma Mejía, Germán Navas Talero. Los primeros formaron parte del destacado grupo de Gobernadores del Sur (2002-2004), María Emma fue fórmula presidencial con Horacio Serpa en el Partido Liberal en 2002, el último continúa en el partido y todo el tiempo ha sido elegido a la Cámara de Representantes.

4 Un trabajo que sirve de soporte a mi afirmación es la tesis de doctorado en FLACSO, Ecuador, de un investigador colombiano que no tengo ahora a la mano pero cuyo título recuerdo muy bien: Enemigos Íntimos, la experiencia del Polo Democrático Alternativo en Colombia.

5 Balances de las elecciones de 2018 se produjeron muchos, entre los más enfocados en develar la saga de los alternativos se cuentan los de Olga Lucía González, Daniel Garcíapeña, Luis I. Sandoval M. y el que escribió el propio candidato Gustavo Petro.

6 Columnas relacionadas con el tema de la coalición alternativa, entre otras, la de León Valencia en la página de PARES el 28 de junio: Las Izquierdas de cara al 2022; la de la Humberto de la Calle en El Espectador del 19 de julio: Centroizquierda; la mía en El Espectador del 28 de julio: ¿Cuál gobierno en 2022?.

   
 
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