La minga política interpela a Colombia

 

Los indígenas que en varios miles estuvieron reunidos, luego de partir de Popayán y sus alrededores, en el Coliseo Evangelista Mora, en la ciudad de Cali. Albergados por su anfitrión el médico alcalde Ospina durante dos agitados días de intercambio con la delegación oficial, estuvieron a la espera que el presidente Iván Duque, directamente interpelado, concurriera en vano.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD
 
Director XVI Seminario Internacional Gramsci, presidente de la IGS – Colombia
 
 

La democracia subalterna en movimiento

“Encontrar un camino efectivo para salir adelante y resolver todas las propuestas y peticiones que la minga ha manifestado en la carta dirigida al presidente Duque”.
Alicia Arango, mininterior de Colombia.

“El Consejo de Gobierno Mayor de la OIA ha podido constatar que Deimer Alberto Lucas no registraba amenazas de ningún tipo…hace un llamado urgente para que se investiguen los posibles móviles del crimen”.
Comunicado de la Organización Indígena de Antioquia, del martes 13/10/20

A las 6 de la mañana del pasado jueves 15 de octubre, la Coordinadora Indígena del Suroccidente emprendió la marcha motorizada hacia Bogotá. En una caravana aproximada de 200 buses, y camionetas, que pueden movilizar en promedio alrededor de 8.000 indígenas de diferentes procedencias, que corresponden a pueblos originarios con identidades y reivindicaciones actuales y ancestrales.

Todos reclaman respeto por la vida de los líderes sociales masacrados y liquidados sistemáticamente, en sus territorios, y por fuera de ellos. Y mientras la minga se movilizaba y deliberaba en Cali tuvieron la notica de un nuevo asesinato, el de Deimer Alberto Lucas Lora, un joven de 16 años, hijo del gobernador mayor Zenú del municipio Luis Cano, del Bajo Cauca antioqueño.

La importancia organizativa del CRIC en la interpelación Política

Entre todos los partícipes de esta minga política, sobresale el más experimentado interlocutor de esta pluralidad subalterna. Es el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, que existe de manera orgánica desde comienzos de los años 70. Dedicado como ha estado a la recuperación de tierras que respaldan títulos coloniales, así como su lengua e identidad Nasa. En suma, en acto forja con este inmenso desafío, la memoria de sus luchas y patrimonio frente a los conquistadores de antaño, y a los dominadores de la república señorial para acá.

Los indígenas que en varios miles estuvieron reunidos, luego de partir de Popayán y sus alrededores, en el Coliseo Evangelista Mora, en la ciudad de Cali. Albergados por su anfitrión el médico alcalde Ospina durante dos agitados días de intercambio con la delegación oficial, estuvieron a la espera que el presidente Iván Duque, directamente interpelado, concurriera en vano.

Durante dos días, y aprovechando el feriado, que incluyó la aciaga conmemoración del 12 de octubre, conforme a la genealogía trazada por su memoria histórica, y la de los estudiosos de la decolonialidad y la descolonialidad, no solo respetaron los códigos requeridos para no sucumbir a la pandemia, sino que realizaron una “fiesta colectiva”, que confirma sus valores y la lucha que han emprendido.

En lugar del presidente, la interlocutora fue Alicia Arango, que pasó de ser secretaria del presidente tutor de Iván Duque, a ministra del trabajo. Ahora como ministra del Interior, fracasó en dos oportunidades de disuadir por todos los medios, la protesta social que con fines políticos resume la carta al presidente. Junto con el elenco de ministro y funcionarios intermedios hizo un inventario con el listado de cuentas de las ayudas y apoyados brindados a las minorías indígenas de nuevo movilizadas.

Jhoe Sauca, coordinador del CRIC, Hermes Pete, y otros le aclararon a la ministra que esta Minga no reclama ayudas y deudas anteriores, sino que es una minga política. Al respecto, el diálogo es con el presidente sin intermediarios sobre la gravísima situación del país. Para fijar responsabilidad y establecer en común correctivos, con él, como cabeza del poder ejecutivo, y todas las fuerzas vivas de la nación.

Luego del feriado del 12 de octubre, nos recuerdan a la nación que las minorías indígenas son un actor político, y para nada un convidado de piedra. Que no están circunscritas a los procesos electorales regulares con que se ritualiza la democracia representativa, cada vez más desacreditada por el fraude, el clientelismo, y la compra impune de votos que en nada beneficia a las mayorías, cada vez más sumidas en la desigualdad, la exclusión y la marginalidad.

Los indígenas del Cauca y sus hermanos de otras etnias, incluida la Organización Zenú del Bajo Cauca antioqueño, entre otras, desafían el cerco de la excepcionalidad ejercido con abuso descarado por parte del gobierno, con la complacencia de la mayoría del poder legislativo, que por un tiempo decidió estar callado “vacacionando” en sus lugares de origen, o en Bogotá, y reclamando viáticos por su holgazanería.

Política editorial, la tierra y la descalificación oficial y oficiosa

690.000 has no están debidamente tituladas y legalizadas,
y las ocupan comunidades indígenas del Cauca que las reclaman
.
Reporte de la ANT, ET, 15/10/20, p. 1.6.

“La administración que llega hereda los incumplimientos de las anteriores”.
Sobre la propiedad de la tierra en Cauca. Jorge Bedoya, presidente de la SAC.

“Se debe garantizar la no violación de los derechos de terceros”.
Juan Camilo Casas, director de asuntos étnicos de la ANT.

Amparado en el último censo poblacional del Dane (2018), la sección Economía, del diario más leído de Colombia. Fundado en 1911, por un patricio antioqueño, Alfonso Villegas Restrepo, y comprado por su yerno Eduardo Santos Montejo, ahora bajo el dominio del grupo Sarmiento Angulo, que lo adquirió de Planeta, y que certifica una población lectora cercana al millón, en la misma edición del 15 de octubre tituló sin “sonrojo”, en desteñido liberal, así: “Indígenas ocupan hoy cerca del 29% del territorio del Cauca”.

En el balance que se publica se indica que en la zona del Cauca hay 308.455 personas de grupos étnicos, y que son un 24,1 % que lo reportado en el censo anterior de 2005. De acuerdo con la Agencia nacional de tierras (ANT), el Cauca tiene una extensión de 3.059.900 has, y a la fecha de éstas 879.797 (28.7%) las ocupan comunidades indígenas, aunque en materia de titulación solo 189.703 predios están debidamente legalizados y titulados.

Como resultado del anterior estado de cosas, que se repite en diferentes territorios de la nación ocupados por diferentes grupos sociales, individuos y familias, la ANT, en particular nos informa que existen en curso 94 reclamos territoriales hechos por resguardos indígenas que provienen de la colonia, y 7 corresponden a territorios ancestrales de Resguardos Indígenas coloniales.

En el Cauca existen 188.144.10 resguardos legalizados. Hay, igualmente, 303.196.50 solicitudes de resguardos indígenas en trámite, a las que se suman también 374.827.40 solicitudes de resguardos indígenas coloniales. Y en total, de los predios ocupados y posesión de los indígenas, el censo del Dane indica que apenas 15 comunidades tienen predios debidamente titulados.

Con estas cifras se dibuja con claridad, cuál es la realidad que subyace a la existencia de la población indígena caucana, y de qué modo reproduce las condiciones de existencia colectiva hasta la fecha. Tampoco se dice en el informe que reproduce el diario, cuál es la calidad de los suelos ocupados por estas comunidades.

La realidad de la propiedad privada, resultado de los despojos coloniales, y la penetración de las relaciones capitalistas en el campo, a través de procesos de la así llamada “acumulación originaria del capital” han rendido sus frutos en parte. Siempre se enfrentaron con las resistencias de las minorías no solo indígenas, sino también afros, y los colonos llegados del interior en busca de otra forma de sobrevivencia.

Al respecto, la ANT tiene delante en sus escritorios, para resolver litigios y pedidos sobre 677.930 has. Y el presidente de la SAC, Jorge Bedoya habla de las vías de hecho, en presente, pero calla de las bestiales formas de despojo de antaño. Y no oculta su queja, cuando afirma: “los demandantes quedan felices, pero son los contribuyentes con sus impuestos y el Estado los que quedamos con la obligación de cubrir todo eso”.

Probablemente lo anterior explique por qué las titulaciones marchan como marchan, y por qué en cumplimiento de lo pactado en La Habana y Bogotá, en 2016, la ANT apenas acredite la compra de 1.599.70 predios para comunidades indígenas. A lo cual se suman los litigios existentes con comunidades negras y campesinas que tienen “sed de tierras”, y poco o casi nada, les interesa los POT de los municipios, que sabemos en el interior se arreglan en beneficio de poderosos urbanizadores y especuladores con la propiedad territorial.

Dicho lo anterior, está más que claro, por qué una ley más que centenaria, la que le dio existencia al Código Civil, montado sobre el que conformó Andrés Bello para el Chile independiente en 1832, no haya sido posible reformarlo. A pesar de tener a Arturo Valencia Zea, un tratadista prestigioso, forjado en la escuela alemana, insistiendo de manera diligente en vida por cambiarlo.

Ahora, luego de un trabajo arduo de relectura y mejora, por uno de sus discípulos como animador de primera fila, el profesor Ortiz Monsalve, y sus colegas de derecho en la Universidad Nacional tienen que resistir los embates del Consejo Intergremial, que descalifican su trabajo, porque hurga en los entresijos de un código vetusto que no ha sido capaz de darle aplicación a la función social de la propiedad privada, acordada en la reforma de 1936.

La minga llega a Bogotá.

“La toma socialista utiliza los derechos de la democracia, los derechos humanos, el derecho a la protesta”.
Álvaro Uribe, sobre la minga política.

“Serán recibidos y con todas las garantías para que desarrollen sus derechos políticos y sociales”.
Secretario de Gobierno de Bogotá.

Después del desfile de despedida de Cali, con la guardia indígena garantizando el orden en la movilización, con sus bastones de mando como barrera simbólica, y las coloridas pañoletas del Cric, la movilización ha tocado en Armenia, y luego en Ibagué, donde se van a encontrar la defenestrada estatua de Andrés López de Galarza, fundador del emplazamiento original en el territorio de Cajamarca.

Atrás quedó por tierra, en Popayán la estatua ecuestre de Sebastián de Benalcázar, que llegó al Cauca proveniente del sur del continente, en su tarea de devastación, dominio y búsqueda irredenta de Eldorado. La cual se encontraba emplazada a la fuerza sobre una zona sagrada de los grupos aborígenes, tributarios o no del imperio de los Incas.

Luego la caravana tocará tierras de Fusagasugá y Suacha, que recuerdan, sus nombres, al menos habitantes ancestrales, correspondientes a Panches, y Muiscas, que establecían límites entre sí, y tenían mercados precolombinos de intercambio entre las tierras altas, templadas y bajas, a orillas del Magdalena (Yuma), el Sumapaz y Bogotá, que se unen con el primero en Girardot, donde es leyenda la figura de un boga, Pastor Montero, del que poco se sabe, que conectaba las dos orillas.

Cuando lleguen a Bogotá, a la multitud subalterna la espera la exculpación del gobierno Duque, que no los quiere protestando y demandando respuestas políticas en Bogotá. Pero, no han servido las acechanzas de un Nasa, dirigente de la Opic. Él se juntó al expresidente Uribe, para dividir a los Nasa. Ha calificado a sus hermanos, a los que reclaman como integrantes de una Narcominga, al servicio de los intereses de las Farc en disidencia. Y así se hizo oír entre jueves y viernes por las emisoras obsecuentes.

La alcaldesa Claudia López, y su secretario de gobierno, Gómez, dispondrán de instalaciones para los invitados, que vienen en protesta pacífica e interlocución democrático, con un gobernante que escucha a los extraños, como el secretario de estado Pompeo, y recibe a los cacaos en Palacio, pero no oye, no ve, tampoco entiende los reclamos de los gobernados, cuando exigen y practican la autonomía en disenso y con fundamentos incontestables.

S.O.S. contra la Dictadura y Constituyente Social

Los indígenas entrevistados han notificado al país que Colombia está al borde una dictadura, con la desvergonzada centralización de poderes, que nosotros catalogamos de dictadura civil, que entraña la “tapa” del degeneramiento del régimen parapresidencial que empezó a formarse en las postrimerías del gobierno Samper, en territorio antioqueño y cordobés.

En el desenlace de la crisis de hegemonía nacional, es protuberante el avance de la pararepública que incuba el fascismo social, que mostró las orejas de lobo amaestrado, en la batalla campal que la policía desencadenó en Bogotá y Soacha, por órdenes superiores, que ahora se ocultan y se niegan. Para enfrentar a la justa protesta ciudadana ante la agresión policial de un ciudadano en Engativá, que terminó muerto a punta de Táser y golpes en un CAI.

Pues, bien, la entrante semana, en Bogotá, se juntarán los subalternos del campo y la ciudad, probando a todos, que la democracia es más que elecciones. Que ésta se ejerce por una ciudadanía que ensaya la mayoría de edad, y no se arredra ante el terror y la intimidación oficiales, y de las guardias blancas asesinas en concierto.

Mucho menos transa con lo que le corresponde, y demanda. Que no es un reclamo por la deprimida canasta familiar, sino una exigencia por la vida, por el avance de la paz, por el desmonte del orden parapresidencial y por la defensa de lo que queda de la promesa del Estado social pactado en la Constitución de 1991.

Bogotá experimentará de la mano de comunidades indígenas, venidas del campo, y maestros y estudiantes que habitan las ciudades, una gran fiesta democrática, que no podrá ser empañada una vez más por la violencia oficial con cualquier pretexto. La imagen del maestro Moncayo y su esposa a las puertas del Capitolio, interpelado con soberbia por el expresidente Uribe Vélez no se repetirá.

Su ejemplo se ha multiplicado por miles, y los capitalinos volverán a actualizar la famosa oración por la paz de Gaitán y la multitud que acudió entonces a su llamado. Esta vez en su lugar están colectivos organizados y dignos, que provienen de los cuatro puntos cardinales de una república en ascuas, desigual hasta el absurdo, azotada por masacres, y burlada en la paz pactada.

Los subalternos insurgentes sufren la muerte ininterrumpida, el asedio en los ETCRs, y la expulsión de otros asentamientos. Quienes fueron los firmantes de buena fe, de la paz neoliberal, cuando dejaron sus fusiles. Hoy, en la próxima semana, la nación colombiana es interpelada por el ejemplo de la multitud indígena autoorganizada y movilizada contra todo pronóstico pesimista y derrotista posible.

No se puede faltar a la cita. Es la cuota inicial en la preparación de la CONSTITUYENTE SOCIAL que responde al referendo que pretende con el llamado del CD a intensificar la guerra social en las ciudades, sepultar la JEP y la paz acordada en diciembre de 2016.

Edición 704 – Semana del 17 al 23 de octubre de 2020
   
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía.
Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
 
 
 
comentarios suministrados por Disqus