Aprendiendo cultura política:
la minga y el paro de trabajadores de 48 horas

 

El día 21, cuando estaba programado el cierre de las 48 horas del paro acordado por Fecode, las centrales obreras, organizaciones estudiantiles, y otras fuerzas sociales y políticas, la Minga hizo el recorrido de despedida por la ciudad de Bogotá, que los aclamó y recibió con alegría, y aprendió entre los más jóvenes a acompañar estrofas de su himno.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.
 
Director XVI Seminario Internacional Gramsci
 
 

Antecedentes significativos

“El Centro Nacional de Consultoría hizo una encuesta en 2017 que encontró que el 61% de la población colombiano tiene un perfil autoritario”.
J.G. Gómez Albarello, entrevista ET, 4/10/20, p. 2.2.

En entrevista realizada por el periodista Sergio A. Daza, al abogado y politólogo Juan Gabriel Gómez Albarello, vinculado con profesor investigador del IEPRI, en la Universidad Nacional de Colombia, hacían una incursión por la cultura política colombiana. Ellos tomaron como punto de partida, una suerte de lugar común, la polarización política que experimentamos por estos días.

Ahora bien, el entrevistado en su última respuesta, para cerrar el tema propuesto advertía: “El paso previo a la violencia es la destrucción simbólica del otro”. A renglón seguido recordaba: “Eso ya ocurrió a finales de la llamada República Liberal en la que los conservadores empezaron a avivar los ataques y los liberales respondieron en la misma manera…La polarización hace más difícil la toma de decisiones y eso hace que el país se vuelva inviable”. (Ver ET, 4/10/20, p.2.2)

Con esta entrada, a propósito de la cultura política, en presente, conviene precisar qué novedades descubrió sobre el tópico de la polarización, la reciente marcha de la minga política a Bogotá, sede del poder presidencial. Para interpelar como oposición, cuando menos en su patio, al inquilino de la casa de Nariño, porque la de Bolívar hace tiempo que es la sede de la cancillería.

Es evidente también, aunque no lo refiera el entrevistado, que no en vano pasaron 70 años, desde cuando el experimento de la llamada República Liberal feneció, luego de la intentona de golpe contra el presidente Alfonso López Pumarejo, quien sano y salvo, cedió su lugar a Alberto Lleras Camargo, su coequipero de mayor confianza.

Él hizo entrega de la casa presidencial “erizada de garantías”, al conservador Mariano Ospina Pérez, ganador de las elecciones, favorecido por la fractura del liberalismo que obtuvo la mayoría de los votos, pero repartidos entre dos notables candidatos rivales, Jorge Eliécer Gaitán, en rebeldía contra el directorio de su partido, y Gabriel Turbay, quien era el candidato oficial, adversario de sus aspiraciones.

Con esa disparidad en los votos, las directrices del partido conservador en el gobierno se aplicaron a desintegrar y desmontar las mayorías derrotadas. Con notable ahínco los directorios departamentales y municipales, cuando Turbay decidió el retiro definitivo de la política. Las llaves del liberalismo le fueron entregadas por Eduardo Santos, a su rival, el disidente Gaitán, quien luego triunfó en las elecciones de mitaca. A él, en particular, se refiere Gómez Albarello, señalándolo como a un líder populista, y comparándolo de contera con Gustavo Petro.

Para explicar tal fenómeno, el entrevistado aclara que en el caso de Colombia: “la desigualdad contribuye a generar profundas divisiones en la sociedad, y esas divisiones dan lugar o permiten el surgimiento de líderes populistas, que se valen de la retórica del “nosotros y ellos,” con la consecuencia de una fuerte polarización”. (ET, ídem)

Las lecciones de la Minga del Suroccidente

“Sixto Muñoz es el último del pueblo Tinigua en el Meta, con él muere todo un pueblo”. Palabras de Patricia Tobón Yagarí, comisionada de la verdad.

Dejando atrás la historia del bipartidismo nacional tradicional, la cultura política que se forma luego de la disolución paulatina del Frente Nacional, reveló con claridad la existencia de una tercera fuerza heterogénea, con ocasión de la Asamblea Constituyente y su producto el orden reformado de 1991.

Aquí se destaca que se reformó el orden establecido en 1886, porque está claro, que su gemelo, el Código Civil, se mantiene relativamente intocado, después de la nueva Constitución. En todo caso, y así lo hicieron saber, el Consejo Intergremial, los partidos de la coalición gobernante, ese es el guardián normativo de la sacrosanta propiedad privada que se extiende desde los episodios coloniales; la fortaleza inexpugnable, la casamata que no se puede tocar.

Sin embargo, la intempestiva visita de la Minga política y social que incluyó representaciones de pueblos originarios, con los Nasa a la cabeza, primero, y otras etnias que se le sumaron a las negritudes y campesinos; se pudo recordar en presente, con su caravana que se movió desde el Cauca profundo, y luego marchó por las calles de la capital de la república atendiendo al censo de población y vivienda de 2018, que hay 1.905.617 colombianos que se reconocen como indígenas, y que representan el 4,4% del país.

Al comparar estos resultados con los registrados con el censo de 2005, cuyas comunidades llegaban a 1.392.623 pobladores, esta presencia, de una delegación de algo más de 8.000 entre ellos, creció en algo más de medio millón a la fecha del último registro del Dane.

De los pueblos indígenas contabilizados, igualmente, se determina que son 115 con representación recognoscibles en el territorio nacional. De ellos, según lo establecieron tanto la Corte Constitucional como la ONIC, hay 68 de estos pueblos en riesgo de exterminio físico y cultural, y uno que desaparece en breve tiempo, la etnia Tinigua del Meta.

Volviendo con la presencia de la Minga Indígena y multiétnica, que pernoctó en Bogotá desde el domingo hasta el día del Paro Nacional, cuando partió de regreso a sus territorios, en disputa, y sin títulos reconocidos aún, la mayoría de ellos, ésta regresó sin haber dialogado con el presidente Iván Duque. Él prefirió hacer un viaje sorpresivo para dizque atender a un consejo de seguridad en el departamento de Chocó, en Quibdó, en donde ni siquiera tuvo tiempo para escuchar reclamos de las unidades policiales allí acantonadas.

Como si fuera poco, el Comisionado de Paz, Miguel Ceballos, insistía para el mismo tiempo en hacer una visita tiempo atrás programada, así lo adujo, a los resguardos indígenas de Totoró, cuando, en el entretanto estaba la delegación indígena interpelando políticamente al presidente que decidió de modo olímpico, y muy orondo, a lo Rín rin renacuajo, a sus compatriotas. Ceballos fue recibido por el gobernador respectivo con “cajas destempladas”, y regresó a Bogotá para ratificar “la buena nueva”.

En Bogotá, los anfitriones fueron la alcaldesa Claudia López, quien reclamó al gobierno central por las baterías sanitarias, y con el concurso del secretario de gobierno, Luis Ernesto Gómez, alojaron a los visitantes en tiempos de pandemia en el Palacio de los Deportes, hasta su partida.

En esta experiencia como en el recorrido y llegada a la concentración de la plaza de Bolívar, la guardia indígena hizo nugatoria la presencia de la policía, y mucho menos de los escuadrones del Esmad. La protesta se dio con tranquilidad sin causar destrozos, o confrontaciones físicas. Hubo limpieza de la Plaza y entrega a satisfacción de las instalaciones que les sirvieron, con evidente incomodidad de dormitorio para su visita en disidencia creativa.

El día del Paro: encuentro de saberes, la ciudad y el campo

“El año pasado firmamos 36 acuerdos para la educación. Desafortunadamente, hoy solo se ha cumplido el 30 % de ellos: Hoy se requiere su cumplimiento, y más en esta pandemia”.
Nelson Alarcón, presidente de Fecode.

El día 21, cuando estaba programado el cierre de las 48 horas del paro acordado por Fecode, las centrales obreras, organizaciones estudiantiles, y otras fuerzas sociales y políticas, la Minga hizo el recorrido de despedida por la ciudad de Bogotá, que los aclamó y recibió con alegría, y aprendió entre los más jóvenes a acompañar estrofas de su himno.

Pero, el momento culminante fue la presencia en la Plaza de Bolívar, donde hicieron entrega de la posta política que venían portando desde el Sur, a los manifestantes reunidos. No hubo conflictos ni confrontaciones entre los concertados, y las movilizaciones que partieron desde tres puntos de la ciudad tampoco tuvieron refriegas ni tropeles rituales, como los que se “acostumbraban” hace poco.

Porque los disidentes que se unen a estas protestas, cubiertos sus rostros, fueron persuadidos o disuadidos cuandoquiera que fue necesario. Así las cosas, todas las conjeturas y macartismos exhibidos por tirios y troyanos, contrarios a la oposición política y sus manifestaciones de participación, distintas a los ejercicios de representación consabidos y rutinarios, sufrieron un mentís, estableciendo un tiempo diferente para la cultura política colombiana.

En efecto, después de los 3 días que estremecieron a Colombia, como resultado de la agresión policial, del 9-11, que empezó con el asesinato de un ciudadano, y se cerró con dos masacres en Bogotá y Suacha, tuvimos a la vista la “semana de la dignidad política”, donde la Oposición tuvo la altiva vocería de la Minga Indígena con la presencia de los trabajadores organizados de la educación pública, y los que se dedican también al trabajo material en sus múltiples formas.

La oposición social y política reveló a las claras los signos de madurez que la preparan para transformar como multitud ciudadana subalterna y diversa nuevas jornadas, y una próxima cita, el 21 de noviembre, cuando se recordará con máximo vigor la movilización de hace un año, y el pliego de exigencias no satisfechas.

En ese momento será posible constatar el grado de madurez que ha logrado la dirección plural del bloque político, social y cultural que disputa la hegemonía en este tiempo de crisis, al tiempo que alindera sus fuerzas en prevención inteligente de los estragos producidos por la pandemia y la debacle económica de la gestión neoliberal.

Será ese el momento de demostrar también con cuánta inteligencia se perfilan las terceras fuerzas que darán tranquilo reposo al cadáver insepulto del consociacionismo liberal/conservador que da sus penúltimos pataleos.

Los convidados son todos, los grupos y clases subalternas, animadores de la revolución democrática tantas veces interrumpida por la guerra social desencadenada y prolongada hasta el absurdo, por el país político contra el país nacional.

De este modo, con los universitarios, la nueva intelectualidad en proceso de formación, junto con los saberes tradicionales, ancestrales, diversos e interactivos, se dará presencia al proceso en curso de una nueva hegemonía cultural que transforma la modernidad contrahecha que han heredado de modo impositivo. Preparando y profundizando la lucha por la igualdad social y la democracia.

De este modo se prueba cuál es la novedad no advertida tras las apariencias de polarización que disfrazan la poderosa corriente democrática que transforma a Colombia, en procura de la autonomía integral que reclaman los gobernados, los dominados, los explotados, los subordinados, los oprimidos, que cada vez dicen de mil formas: ¡¡¡Basta ya!!!

Edición 705 – Semana del 24 al 30 de octubre de 2020
   
 
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