Elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica

 

Para EE. UU. la pandemia y el fracaso del gobierno Trump en su control, ha puesto sobre el tapete las consideraciones internas como el factor que decidirá quien gana las elecciones de la próxima semana y en tal sentido, la política regional y la problemática interior se han vuelto relevantes y están jugando el papel decisorio en la contienda.

 
Alfonso Cuéllar Solano
 
Filósofo político, exasesor ANUC
 
 

Entre la razón y la creencia

El mundo entero esta convulsionado por un reordenamiento de las relaciones internacionales. La Unión Europa hace esfuerzos por mantener la unidad, pero uno de sus pivotes Inglaterra le dio la espalda política con muchas vacilaciones, circunstancia aprovechada por los integrantes del Reino Unido para plantear su independencia de Inglaterra, pero seguir dentro de la UE. Ultraconservadores como el gobierno de Polonia y Hungría reniegan de principios liberales básicos de la UE; Rusia enfrenta acciones desestabilizadoras en Ucrania y Bielorrusia y en días recientes Armenia y Azerbaiyán. El Medio Oriente es presa de la disputa violenta por áreas de influencia de EE. UU. potencias europeas, Rusia y el interés de Turquía en hacerse potencia regional e Israel que no ha modificado su postura de llevar a cabo acciones terroristas contra Palestina y otros estados árabes. Nos acostumbramos a los golpes de estado en África instigados por las antiguas potencias europeas y en Latinoamérica vuelve a ganar preponderancia Europa con la recuperación de Argentina, Bolivia y Venezuela con Nicaragua que han sobreaguado como Cuba.

Pandemia y orden interno

Parece paradójico que la pandemia haya cambiado las prioridades de la política estadounidense, siempre guiada por sus intereses imperiales de orden externo. Para EE. UU. la pandemia y el fracaso del gobierno Trump en su control, ha puesto sobre el tapete las consideraciones internas como el factor que decidirá quien gana las elecciones de la próxima semana y en tal sentido, la política regional y la problemática interior se han vuelto relevantes y están jugando el papel decisorio en la contienda. Aunque, Trump ha cazado varios conatos en el exterior ninguno le ha cuajado. Desarrolló una ofensiva feroz contra Irán que terminó en un acercamiento mayor de Europa a ese país; perdió considerable influencia por su errática política en Afganistán al negociar con los Talibanes y en Irak hay un clamor general pidiendo el retiro de las tropas que aun ocupan el país. A China le ha buscado pelea, pero esta ha mantenido la guardia baja sabiendo que fueron los republicanos cuando Nixon y Kissinger reconocieron una sola China, cambiando el juego estratégico mundial; los ataques retóricos de Trump contra China están orientados a erosionar el voto demócrata cautivado con una tradicional política anti-China del Partido Demócrata.

Por otra parte, desde antes de la pandemia en los EE. UU. se desarrolló una controversia muy aguda sobre el retroceso de la clase media norteamericana y el incremento aterrador de la pobreza que estaban adquiriendo un estatus del problema nacional de ese país. Las condiciones de la pobreza se extremaron con la pandemia de coronavirus revelando sobresalir sobre otros puntos de la agenda.

Todo esto para significar que si bien la academia estadounidense tiene suficiente claridad sobre las condiciones de la economía, la sociedad no aborda el problema con una racionalidad influida por la academia, sino como en todos los pueblos con factores de tipo subjetivo como son las creencias y el sentimiento en lo cual tiene preponderancia la influencia de factores religiosos que infunden en sus feligreses consideraciones políticas afincadas en la fe y la creencia, más que en la esperanza de cambio, algo muy típico de la vida política.

Evangélicos, latinoamericanos, burocracia y agricultores

Aparentemente no es tan fácil para Biden ganar las elecciones pues afronta desafíos muy grandes en un terreno donde la racionalidad aporta muy poco para ganar adeptos. El primero, es el peso de la corriente de las iglesias evangélicas que hoy por hoy dominan entre los Senadores del partido Republicano conformando un 95% de su bancada senatorial y en la elección de Trump le aportaron el 85% de los votos, el propio vicepresidente Pence es uno de sus pastores. La mayor parte de los altos funcionarios en la rama federal de la Casa Blanca también tienen dicha pertenencia, incluyendo al antiguo pastor Secretario de Estado y uno de los objetivos principales perseguidos por ellos es disponer de una mayoría de jueces en la Corte Suprema que sean garantía de fallos en su favor; segundo, los inmigrantes y ciudadanos de origen latinoamericano que vienen de una tradición clientelista de marcado origen caritativo con lo cual son presa de los abultados recursos de los Republicanos y la acción permanente de sus ONG que fortifican una clientela importante exacerbada por la posición de senadores del talante de Marco Rubio, Cruz y otros basados en fuertes colonias de cubanos, venezolanos y colombianos ideológicamente ubicados en la extrema derecha, sobre quienes impera la ley del clientelismo; en 2016, aunque sólo eran 17% de la población sin embargo, en las últimas elecciones fueron el 26% del total de votantes, apoyados en líderes de iglesias sino también en medios propios de TV y redes sociales. “Trump representa al hombre fuerte que creen que necesitan para salvar a EE. UU. del liberalismo”, indica el comentarista Posner. “Lo ven no necesariamente como un cristiano como ellos, sino como un líder improbable que Dios ha ungido para salvar a EE. UU”. Un tercer factor, lo constituye la barrida de la burocracia federal emprendida por Trump desde el comienzo de su administración destituyendo a todo aquel que oliera a Demócrata, comprometiendo a los nuevos funcionarios en el apoyo al partido Republicano y que por lo abultado de la cifra y sus conexiones representan una fuerza considerable. Por último, los agricultores de gran contribución en votos para elegir a Trump, de quienes se creía que debido al conflicto planteado por los aranceles impuestos por Trump a China se inclinarían por un candidato demócrata, pero que lograron sortear con éxito en el cumplimiento de la primera parte del acuerdo Comercial alcanzado, a favor de los agricultores. Algo muy diferente es la respuesta de China con respecto a la situación de los agricultores de Australia, donde hizo restricciones radicales de las compras de cereales y carne, poniendo en serios aprietos en el manejo de la situación al gobierno australiano, que no tiene la misma capacidad de maniobra del gobierno de los EE. UU.

En términos de cifras los arúspices electorales pronostican que Biden para asegurar la presidencia, tendría que superar entre 25% y 30% de los votos para ganar a Trump, cifra nada fácil de alcanzar, dada la polarización política, cuando hacen primar las consideraciones de las creencias y los sentimientos que las reflexiones de la razón. Es decir, priman los espejismos sobre las esperanzas. Además, es elocuente como Trump ha mostrado más simpatía por los grupos de extrema derecha, muchos de ellos armados, que cualquier presidente de los últimos tiempos. De donde concluir, en cuestión de votos, creencia le puede a conciencia. La mitad de los votos (135) necesarios para hacerse con la presidencia los ganó Trump en las elecciones ganadoras de 2016 en 8 estados clave Pensilvania (20), Michigan (16), Wisconsin (10), Florida (29), Georgia (16), Arizona (11), Carolina del Norte (15) y Ohio (18) en los cuales triunfó por mínima diferencia y puede repetir. Si fuera el caso de perder Trump lleva tiempo anunciando la demanda legal de las elecciones donde tiene las de ganar.

Edición 706 – Semana del 31 de octubre al 6 de noviembre de 2020
   
 
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