¿Por qué puede ganar Joe Biden?

 

De cara a los resultados electorales del 3 de noviembre, Colombia, más allá de las preferencias, está delante de una elección histórica, por donde se quiera que se le mire. Solo que, encarnada por dos candidaturas mediocres, y una, la de Donald Trump, descarada, desvergonzadamente mentirosa.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.
 
Director Grupo Presidencialismo y Participación, director Seminario Internacional Gramsci
 
 

Aclaraciones útiles

“La política de Trump tiene dos ejes básicos. E l primero es el nativismo…Quiere un país más blanco y, como sabe, acá los latinos no somos considerados blancos. El segundo es bastante cínico. Si bien quiere los votos en la Florida y usa una retórica muy dura…para demostrar que está contra del socialismo o el castrochavismo, no tiene muchos resultados que mostrar…”
Dan Restrepo, ex asesor de seguridad para el hemisferio Occidental de B. Obama, ET, 28/10/20, p. 1,21.

A cuatro días de resolver en las urnas, quién será el presidente de los Estados Unidos, algo más de la tercera parte de los estadounidenses ya votaron, y lo hicieron por correo. A pesar de las advertencias intimidatorias del presidente en funciones, quien insistió con la estrategia de las fake news, que allí podía incubarse el fraude que burlara el querer de la mayoría del pueblo.

Sin embargo, a la fecha, la opinión pública nada sabe, en forma directa, quién puntea en este anticipo, y no existe tampoco como en Bolivia, la autorización para auscultar las preferencias de la ciudadanía a boca de urna.

De otra parte, ya van dos veces, la primera en el año 2000, y la segunda en 2016, al ser electo Donald Trump, que el voto popular derrota al electorado republicano. En la última elección presidencial, Hillary Clinton lo aventajó en más de 3 millones de votos.

Pero, no ocurre lo mismo en los votos de los colegios electorales, donde la mayoría ha favorecido al partido del que fuera miembro activo, nadie menos que Abraham Lincoln, durante la segunda mitad del siglo XIX. Y en estos casos, para los estudiosos y especialistas en campañas, está claro cuáles son los estados que sostenidamente votan demócrata y republicano.

Ellos conocen también aquellos estados que pendulan entre uno y otro partido. Es allí, por supuesto, donde las últimas energías de cada campaña están concentradas en persuadir casa por casa a los potenciales votantes. Por eso, la Florida, que elige 29 delegados, está siendo visitada por los candidatos, y bombardeada con propaganda, para inclinar la balanza a su favor.

Los dos perfiles

Es un duelo a muerte en la Florida. Porque ya pasó en el año 2000, cuando Al Gore reclamó la revisión, y, en definitiva, la CSJ, convalidó la votación a favor de Bush. Eso sí, con el salvamento de voto de la magistrada Bader Ginsburg, quien falleció este año, y fue reemplazada por una cristiana fundamentalista, postulada por Trump, y que les da a los republicanos una mayoría de 6 a 3.

Sabido es que Donald tiene u mansión de descanso, en Lago A Mar, en el sur de la Florida. Se ha dedicado a cortejar a cubanos, venezolanos, nicaragüenses y colombianos con sus dosis de propaganda provocadora.

A todos ellos les repite, casi les grita, que no pueden votar por Biden, que es un socialista, y al electorado colombiano que Biden está con Petro, y que éste es castro-chavista. Pero, claro, poco o nada dice de las cosas más definitivas de nuevos votantes latinos, las que tienen que ver con su permanencia legal en suelo americano, y los apoyos concretos para los dreamers.

En cuanto a Joe, quien fue la fórmula de Obama, tiene fama de moderado, y una carrera en el congreso de 54 años. Pero, en cambio su edad es 78 años, y cuando habla en las campañas con contadas excepciones, no luce vigoroso, mucho menos vital, con la pinta de un blanco de clase media bien educado, atildado y medido en sus palabras, con poco chance de despertar pasiones en sus electores.

Las locuras de Trump en política exterior, en particular, la guerra que ha cazado con el gigante asiático, China, su gran rival comercial, contrastan con Joe Biden y su presencia en los 40 años en política exterior de Estados Unidos, donde la sensatez es la medida, un poco en la tradición inaugurada en la primera posguerra por el presidente Woodrow Wilson, padre de La Sociedad de las naciones.

Sin embargo, Trump le espeta, cada que puede, por todos los medios, que Obama y él no hicieron nada; que, por el contrario, dejaron atrás a los Estados Unidos en el área de defensa, ante enemigos cada vez más poderosos y temerarios.

En materia de migración, uno y otro están en orillas extremas. Así se verá cuando electos, ignoren o cumplan sus promesas. A Trump poco le importará porque ya habrá sido dos veces presidente. Según el ex asesor de seguridad, Dan Restrepo, hijo de padre colombiano, la migración Biden no la impedirá, sino la modulará. Aunque conviene recordar que Obama hizo retornar a millares de migrantes de América Latina.

Con respecto a Colombia, Biden se destacó por el apoyo al Plan Colombia, un ejercicio contrainsurgente que aparecía para combatir el narcotráfico, pero en verdad estaba dirigido a respaldar la acción contrainsurgente del gobierno colombiano, para someter a las guerrillas, y en particular, a la más poderosa y amenazante, las Farc – EP.

Con relación a Venezuela, no promete ni amenaza como Trump con acciones violentas, pero, en cambio, Biden insistirá en lo que intentaron España y la UE, buscar una conversación entre los enemigos y adversarios, con los apoyos regionales de parte y parte, y buscando no causarle más males a la población común con embargos y bloqueos.

Y de Colombia, ¿qué?

“Lo que estamos viendo es la participación de un partido político colombiano, o al menos de algunos de sus miembros, apoyando la candidatura de Trump”.
Dan Restrepo, ET.

El presidente Iván Duque, ante los llamados de atención del embajador de Estados Unidos en Colombia, respondió a través de la cancillería que no había actuaciones ni favorecimientos de parte del personal en funciones diplomáticas en ese territorio. En particular, se había sido insistente en el cabildeo y activismo del embajador Francisco Santos por favorecer la campaña de Donald Trump.

Desde los tiempos del réspice polum, Colombia ha mirado a los Estados Unidos con reverencia, echando en saco roto las advertencias “sabias” de Simón Bolívar, y durante el siglo XX y el corriente, siempre ha dado muestras de considerar al gobierno de la potencia del norte como su mejor amigo, aunque éste lo ignore, y más de una vez, lo chantajee o lo intimide, como pasó con este gobierno, al que Trump amenazó con descertificar por el crecimiento de los cultivos ilícito, y a la postre, lo dejó bajo observación.

Biden exhibe en su expediente con Colombia, el haber propiciado la firma del tratado bilateral de libre comercio, cuando hubo la oposición cerrada a la iniciativa de Las Américas, promovida por Bill Clinton, en paralelo con el Plan Colombia, y la cual fue sepultada en Mar del Plata, bajo la conducción principal del Cdte. Chávez, con su proyecto Unasur e iniciativas complementarias, de las que ya queda poco, casi nada.

Estas iniciativas de independencia subcontinental fueron arrasadas por la caída del petróleo en los mercados internacionales; a lo que contribuyó, en parte, el efecto dumping hecho desde Estados Unidos, al utilizar el fracking en esta guerra por los mercados del crudo, el control de su precio y el apoderamiento de los recursos no renovables.

Ante dos males, ¿cuál es el menor?

De cara a los resultados electorales del 3 de noviembre, Colombia, más allá de las preferencias, está delante de una elección histórica, por donde se quiera que se le mire. Solo que, encarnada por dos candidaturas mediocres, y una, la de Donald Trump, descarada, desvergonzadamente mentirosa.

Ahora bien, en materia de fortaleza para enfrentar la pandemia y una posible depresión económica juntas, el más frágil, a ojos vistas, es Joe Biden, quien no ha sido impactado por el Covid-19; sin embargo, Trump lo fue y se ufana de haberse recuperado pronto, luego de haber “hecho fieros”, con el no uso del tapabocas en lugares públicos, e insistiendo en que la economía va primero que todo.

El contagio ha dejado el rosario de más de 9 millones de contagiados, y el mayor número de víctimas. Con todo y todo insiste ante propios y extraños que pronto estará lista la vacuna, que se distribuirá, en primer lugar, a su gente. Biden, en moviéndose, en la “aura mediocritas”, es prudente en los vaticinios.

Él recuerda todos los errores y horrores cometidos por esta administración, recordando lo dicho por el doctor Fauci, el médico de la nación, una especie de enfant terrible que enfrenta los desplantes criminales del niño rico que insiste en reelegirse.

Uno y otro son funcionarios al servicio de la república imperial, en decadencia, pero todavía poderosa, la más poderosa en materia militar, con el más grande mercado, y con uno de los más altos índices de ingreso per cápita, en condiciones de gran pobreza y desigualdad, en todo caso.

Pero, es cierto que durante la administración Trump logró bajar los índices de desempleo de manera notoria, hasta que llegó la pandemia, y descubrió los empleos chatarra, que convierten a “la clase media” en flor de un día, que al otro se marchita en la pobreza.

Un indicio notable

“Usted es un verdadero líder para la región y representa la dignidad de todos los pueblos del hemisferio”.
Mike Pompeo, en su visita al presidente Duque

“Mike Pompeo anda en una gira guerrerista contra Venezuela, pero le ha salido el tiro por la culata”.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, ET 20/9/20, p. 1.9

Si del gobierno colombiano se tratara, claro está el favorecimiento por Duque y su coalición al triunfo de Trump. Ese ademán se hizo notorio con la visita del secretario de estado, Mike Pompeo, a Bogotá, de pocas horas, donde estuvo conversando en el palacio de Nariño.

Para entonces ya estaba, sin permiso del senado de Colombia, un contingente militar estadounidense, que venía en plan de reeditar una segunda versión del Plan Colombia, a la vez que contribuir con la lucha contra-guerrillera a la chita callando.

Como si fuera poco, Pompeo se permitió “liberar” la siguiente perla, “Los Estados Unidos agradecen su ayuda en la lucha contra Hezbolá en el hemisferio”. Dicho, en otros términos, la disposición estratégica del gobierno de Colombia contra Irán, en la medida en que ha éste se le asocia con el respaldo que le brinda a Hezbolá en el Líbano.

Como si fuera poco, la retórica reaccionaria de Duque convalida la fórmula pendenciera del socio que quiere ser reelecto, cuando repite que Maduro es “un criminal de lesa humanidad”.

Bueno, esta semana, a propósito del vecino Venezuela ha habido dos hechos significativos, la huida de Leopoldo López, y el disparo de un misil sobre una refinería venezolana, este jueves. A 4 días de las elecciones en Estados Unidos. En otras palabras, los aliados de los opositores al gobierno de Maduro no serán los que favorezcan el voto por Biden.

Pero, esta vez, con todo lo dicho, y sopesado aquí, me inclino, en términos de conveniencia, por la verdad en materia de relaciones internacionales, en la urgencia de que Estados Unidos modifique su estructura electoral, y permita que la democracia fluya sin talanqueras.

Pero, por lo pronto, que la locura global no se apodere del mundo, con los juegos de guerra comercial y militar que practica esta peligrosa versión de “Daniel el travieso”. Es importante que Joe Biden sea favorecido por el voto de la sensatez en política exterior.

Y, sobre todo, que haya un trato decente y recíproco con los migrantes que han hecho posible la existencia de una gran nación diversa y dispuesta al desarrollo de la ciencia, el arte y la técnica. Y ahora, más proclive que nunca, a la causa del socialismo con democracia.

Porque así lo quieren los jóvenes, las mujeres, las minorías y los más pobres. Biden y Harris, pueden ser la dupla que cumpla con esa misión y desafío históricos a la vista, en correspondencia con el pacto celebrado con el candidato Bernie Sanders, portaestandarte de estas reivindicaciones tantas veces aplazadas, desde la dramática convención de Chicago de 1968, que se recuerda por estos días en Netflix con el Juicio a los 7 de Chicago, que vale la pena repasar con rigor crítico en este puente.

Edición 706 – Semana del 31 de octubre al 6 de noviembre de 2020
   
 
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