El martes azul en la semana que sacude a América

 

En el caso de los Estados Unidos de América, para cualquier ciudadano interesado en el mundo ha quedado claro, antes del martes 3 de noviembre y después, que en el presidencialismo estadounidense: uno, no se separan elecciones presidenciales y de congreso, por lo que hay relación directa de la decisión de los votantes a nivel estatal y federal.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.
 
Director XVI Seminario Internacional Gramsci
 
 

“Esto es parte de una maquinaria corrupta de los demócratas…Están haciendo trampa”.
Tuit de Donald Trump, presidente.

“Dicen que son las elecciones más fraudulentas de la historia de EE. UU. ¿Quién? ¡El propio presidente que está a cargo ahora!”.
Alí Jamenei, Ayatollah de Irán.

En los escenarios electorales más prosaicos, como el de nuestra Colombia, las elecciones presidenciales quedan resueltas de un día para otro. Eso que aquí no existen las encuestas a boca de urna, o al menos, ellas no están permitidas por las leyes electorales.

De ese modo, la expectación baja y los perdedores lo pierden todo, mientras que el ganador ocupa el trono ejecutivo de la monarquía constitucional que empezó a diseñarse, con alcances nacionales en la Constitución de 1886, en lo político jurídico superestructural.

Aquella tiene, bajo la fórmula del estado ampliado su necesario correlato en el Código Civil, para normar las relaciones en la sociedad civil, esto es, el ámbito de ejercicio de la libertad negativa por las personas, los privados y sus organismos. Instancia ésta, que ahora es objeto de debate, en términos de la institución de la propiedad privada y sus ramificaciones, en interlocución de la academia con el Ministerio de Justicia para su necesaria reforma. Este ámbito el sociólogo René Zavaleta lo denominó “sociedad abigarrada”.

En términos de tareas históricas incumplidas, recordando las revelaciones y el arrepentimiento de quienes fueron los responsables de la muerte de Álvaro Gómez Hurtado, después de 130 años, no hemos podido zanjar el problema de acordar lo fundamental. Porque los grupos y clases subalternas, esto es, el país nacional, según el vocabulario de Jorge Eliécer Gaitán, ha estado dominado, casi nunca dirigido, después de la campaña libertadora por el país político, organizado después de 1832 en un bloque bipartidista exclusivo y excluyente.

Es apenas hasta en el año 2019, cuando el país oligárquico tuvo que reconocer institucionalmente, en el modelo contrahecho de democracia representativa de Colombia, la existencia de una oposición configurada por quienes fueron elegidos en el año 2018, y los que son congresistas como resultado de los Acuerdos de Paz.

Este es el síntoma, que el régimen político existente conserva una precariedad histórica no resuelta, en materia de legitimación de la dominación que ejerce. Que sin embargo permanece acorazada, en buena parte, por la separación de elecciones de los poderes ejecutivo y legislativo, y afectadas las otras ramas del poder público por el acuerdo bipartidista que sobrevive a pesar de la culminación del acuerdo del Frente Nacional.

Una semana crucial para la Unión Americana

“Lo que dice Trump es peligroso y equivocado. Si hay fraude hay que demostrarlo”.
Rick Santorum, senador republicano.

“Estoy acostumbrada a generar consenso en mi propio grupo”.
Nancy Pelosi, líder demócrata de la mayoría en la Cámara.

En el caso de los Estados Unidos de América, para cualquier ciudadano interesado en el mundo ha quedado claro, antes del martes 3 de noviembre y después, que en el presidencialismo estadounidense: uno, no se separan elecciones presidenciales y de congreso, por lo que hay relación directa de la decisión de los votantes a nivel estatal y federal.

Así las cosas, las dos cámaras reflejan de manera proporcional relativa, el grado de las relaciones de fuerzas existentes al interior de la formación sociopolítica estadounidense de una parte; y quien gana la presidencia no se lleva para sí todo el poder, sino que vive, en la realidad la experiencia de contrapesos en los poderes. Tal y como lo vemos ahora en la contienda electoral bipartidista entre Biden y Trump.

En materia de ejercicio del voto éste tiene tres modalidades, presencial, por correo, y anticipado, y cada uno de los estados tiene su propio código electoral, y los modos de validar e invalidar los sufragios, así como unos tiempos límites para depositar el voto en forma válida.

Ésta, en parte, ha sido la razón para poner a prueba el particularismo histórico que acompañó el tránsito caótico de la forma confederada de la república americana a la república federal que lleva más de 200 años, y en la que sus ciudadanos no aceptan desarmarse. Ahora los vemos deambulando por las calles, exhibiendo sus arsenales particulares, y acompañándose de frases altisonantes y con ademanes de desafío en los Estados, cinco, en los que aún no finaliza el conteo de los votos depositados.

Como lo leíamos arriba, Trump hace algo más de un mes comenzó a anunciar un probable fraude de los demócratas en la elección presente. Ahora, con mayor vehemencia y descaro insiste en la misma denuncia, y su cuerpo de abogados con Giuliani a la cabeza, empezando por Pennsylvania, han demandado un reconteo, y con todo tipo de leguleyadas han querido lograr detener el conteo de los votos que provienen de tres fuentes.

Casos representativos del “despelote”

“Los estadounidenses tendrán probablemente que poner orden en sus asuntos”.
Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin.

Ahora que se realizaron la mayoría de los Estados la contabilización de los votos depositados el pasado martes, quedaron aún por decidirse las votaciones en cinco estados. En las cifras parciales, van en punta, Biden en tres estados, Nevada, Georgia y Pennsylvania, en tanto que, Trump encabeza la cuenta en Carolina del Norte y Arizona.

En número de delegados está al frente, Biden, con 254, mientras que Trump suma 213/4. Es igualmente cierto que se superaron cifras absolutas en materia de votos, y que el candidato demócrata lleva una ventaja superior a los 3 millones en materia de voto popular.

El preside adelante Biden. En Arizona, después de haber punteado el ex vicepresidente, la distancia empezó a acortarse al siguiente día, hasta el punto de ser Trump el que encabeza ahora la contienda. En Pennsylvania, el repunte de Biden “encabritó” los ímpetus de desafío en el incumbente, más cuando la secretaria de Estado, Kathy Boockvar, le había cantado la tabla cuando era una ciudadana corriente hace cuatro años.

Con la pandemia, los defectos, particularidades y retraso del sistema electoral de los EUA han quedado probados. Tres casos se han citado para probarlo: los condados de Allegheny, Filadelfia, Maricopa y Fulton, en los Estados de Pennsylvania y Georgia. Este problema se resolvería del todo si hubiera una contabilidad nacional de voto, y una Registraduría nacional del estado civil, a la manera de la que existe en varios países, y en Colombia en particular.

Las fórmulas de la descentralización y la independencia de los Estados han fracasado en toda la línea en esta emergencia. Los colegios electorales muestran la aberración de una no proporcionalidad, y la sobre representación de los estados con menor número de habitantes, que, sin embargo, todos y cada uno, tienen derecho a ser representados por dos senadores, sin importar la población votante. De otra parte, los colegios electorales, quienes son los que siempre eligen presidente, no computan los votos emitidos; lo que hacen es verificar la identificación y el acceso de cada ciudadano a la cabina de la votación.

Los resultados y las novedades de la contienda

“Nosotros no elegimos a quien va a ser presidente de los norteamericanos”.
Arancha González, min exteriores de España.

“Hay leyes de recuento si los márgenes son cercanos”.
Ben Ginsberg, asesor de G. W. Bush en la elección de 2000.

El presidente sigue insistiendo en que irá a la Corte Suprema para combatir el fraude del que ha sido objeto él y su partido, porque se están, dice, contabilizando votos que fueron depositados en fecha posterior al martes 3. Por tal razón estos serían nulos. Así las cosas, su decir es que ya ganó las elecciones aquel día.

Sin embargo, cuando en tono airado, en conferencia de prensa para todo el país, repetía esta historia, fue cortado por la mayoría de las cadenas que atendían a su alocución, por no estar probando nada, e insistiendo en su proverbial uso de las “fake news”.

En cualquier caso, le queda a Trump el recurso de acudir a la Corte, pero, primero, debe hacerlo en las cortes federales, y los tribunales de apelación antes de llegar al Supremo. Sin embargo, sus asesores jurídicos dicen haber presentado recursos para detener la votación, que no prosperaron hasta ahora.

La respuesta de la calle demócrata haciendo coro con su candidato ha sido “Count Vote”, y el candidato en posibilidad de triunfar, ha mantenido la serenidad y no se ha declarado de modo prematuro como vencedor. Aunque de mantenerse la tendencia es muy probable que este sábado haya reunido los 270 delegados que necesita, y se abrirá el proceso de las impugnaciones de parte del perdedor.

Pero, lo que sí es un hecho, es que más de un congresista republicano ha rechazado el cuestionamiento del sistema electoral y la limpieza de la votación por carencia de pruebas hasta la fecha. Todo lo cual se hace expreso en una suerte de delgada línea que divide a la divisa republicana, y no sería exagerado señalar que la otra novedad develada esta semana, además, del triunfo de Biden que se pronostica, con atrevimiento aquí, es la aparición de un tercer partido vigoroso, que quiebra el bipartidismo de más de doscientos años.

A la cabeza del mismo está Donald Trump que ha resistido con éxito el embate demócrata de apoderarse del control del senado, y acordado la distancia entre representantes republicanos y los electos por su adversario.

Así las cosas, es, igualmente probable que del lado demócrata avance el desprendimiento de una fuerza de signo social-demócrata que ha reconocido un liderazgo inteligente, pero demasiado maduro en la figura de Bernie Sanders.

Bajo su cobijo está una joven generación de dirigentes, hombres y mujeres, que apoyaron sus dos aspiraciones a la presidencia que las marchitó el “establishment” demócrata, y que, por poco le cuestan una nueva derrota a su partido.

Dicho lo cual, no hay duda, que los subalternos en los EUA han puesto de nuevo en práctica la máxima que en materia de democracia que la gente, la ciudadanía es superior a sus dirigentes, por mediocres o calculadores que estos puedan ser. Y se prueba que asistimos a una nueva ola de la revolución democrática que vuelve a sacudir el mundo de la representación alienada del capital, de modo particular, en el continente americano. Aprendamos la lección.

Edición 707 – Semana del 7 al 13 de noviembre de 2020
   
 
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