Trump y el gansterismo político

 

Trump y Putin gobiernan obsesionados con revivir el pasado glorioso e infamante de sus sangrientos y depredadores imperios. Trump lo proclamó sin ambages: America First y Make America Great Again. Consignas que traducidas al lenguaje de la política son la quintaesencia de la mafia en la cúspide del Estado.

 
Hernando Llano Ángel
 
Profesor Departamento de Ciencia Jurídica y Política Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales
 
 

Donald Trump representa, junto a Vladimir Putin, el ascenso de los gánsteres al mando de dos potencias imperiales en decadencia. En nuestros lares, tenemos al menos dos ejemplares de la misma familia política: Nicolás Maduro y Jair Mesías Bolsonaro. De allí la estrecha amistad de ese cuarteto de gánsteres y su fuerte afinidad con el ejercicio del poder político como el arte del chantaje, la mentira, la trampa y la violencia. Escenifican un juego de dobles en la cancha de la política internacional. Todo ello oculto bajo el manto impune del nacionalismo y el estímulo de los negocios, en beneficio de sus corruptas plutocracias. Trump y Putin gobiernan obsesionados con revivir el pasado glorioso e infamante de sus sangrientos y depredadores imperios. Trump lo proclamó sin ambages: America First y Make America Great Again. Consignas que traducidas al lenguaje de la política son la quintaesencia de la mafia en la cúspide del Estado. En efecto, nada está primero en la vida de un mafioso que el cuidado y la seguridad de su familia, sin importarle la suerte de las demás familias, incluso de su propia vida personal, como le sucedió a Pablo Escobar1. Guardadas las proporciones, Trump es un ejemplar sucesor de Escobar, pero al mando de Estados Unidos, la primera potencia mundial. Nada le importó la suerte de la familia humana y su hogar planetario con tal de garantizar la prosperidad de su propia familia nacional: America First. Declaró la guerra contra el comercio internacional y defendió como señor feudal su castillo familiar. Por eso bloqueó la Organización Mundial del Comercio2 y retiró a Estados Unidos del Acuerdo de Paris3. Contra toda evidencia científica y las catástrofes naturales que nos amenazan y diezman, continúa negando el calentamiento global y la gravedad de la crisis climática. Ahora, su desdén por la naturaleza y la ciencia se ensaña contra su querida familia, cobrándole el coronavirus cerca de 245.000 víctimas mortales y un crecimiento exponencial de la pandemia, que se aproxima a los 10 millones de contagiados. Sus dos consignas terminaron siendo todo lo contario. Hoy Estados Unidos es cada vez menos en el mundo. Terminó siendo la primera en número de víctimas mortales y la más grande en propagar la pandemia. Objetivamente Trump es un fracaso inimaginable e indiscutible. Ha sido el mandatario que, durante cuatro años y sin comprometer a fondo el poder militar norteamericano en conflictos internacionales, ha propiciado el mayor número de muertos en la familia americana. Muchas más que las bajas militares durante la segunda guerra mundial y la guerra de Vietnam.

71 millones de esquizofrénicos tanáticos

Quizá sea la consecuencia de poner al frente de un Estado imperial a un empresario tan codicioso como un mafioso, para quien primero está el mercado, la economía y las ganancias, después la vida y la salud de sus propios compatriotas. La verdadera divisa y consigna de Trump es Market First, poco importa que la consecuencia sea la muerte de cientos de miles. Un patriotismo de mercado, mezquino e indolente4. Por eso también obtuvo cerca de 71 millones de votos, superando a todos los anteriores candidatos republicanos a la Casa Blanca. 71 millones entre los cuales se encuentran ejemplares padres y madres de familia, para quienes no importa que los hijos de inmigrantes permanezcan separados de sus padres, como solían hacerlo los estados totalitarios y socialistas a los que temen y odian furibundamente como Trump. Tanto es el odio y el miedo que creen en la absurda mentira y alucinada versión de Biden como un “socialista radical”, que convertirá a Estados Unidos en la Venezuela del norte. Tampoco les importa mucho la salud, el sufrimiento y el maltrato emocional de esos niños, pues son hijos de supuestos peligrosos criminales latinos, que los explotan y maltratan. Por eso votaron por Trump, porque creen con una ingenuidad cercana a la estupidez, que es un católico piadoso, que exhibe la biblia contra “agitadores socialistas” y defiende la sacralidad de la vida contra el aborto. A sus electores los tiene sin cuidado que Trump haya sido un mercader de la belleza femenina y la exhiba hoy como un objeto de lujo, consumo y placer. A sus ojos, Trump es un ejemplar padre de familia y un macho exitoso, calumniado por mujeres resentidas, ambiciosas y oportunistas. Pero, sobre todo, votaron por Trump porque representa lo que millones de sus electores no han podido ser y obtener: riqueza, poder, lujuria, reconocimiento y éxito. Trump les permite sentirse superiores a millones de “pobres fracasados, negros e inmigrantes ilegales” que, en el colmo del atrevimiento, proclaman que la vida de todos importa y tiene igual valor, sin considerar el color de piel (Black Lives Matter) o la procedencia nacional. Esos millones de fracasados que pretenden tener iguales oportunidades y derechos que ellos, los auténticos y superiores norteamericanos blancos y migrantes legales, no pueden aspirar al sueño americano. Para esos indios, negros e inmigrantes ilegales solo existe la pesadilla americana. Esos 70 millones de esquizofrénicos electores, tanáticos del consumo5 y fanáticos del mercado, admiran tanto a Trump que incluso desprecian la muerte de más de 230.000 de sus compatriotas y hasta toleran que los robe, evadiendo su pago de impuestos. No es, pues, casualidad, que lo votos por Trump procedan de los Estados con mayor número de víctima causadas por el Covid-19. La muerte, como la negación de la realidad, son atributos de Trump y muchos de sus seguidores. Por eso, ahora lo respaldan incondicionalmente en su intento de desconocer el triunfo de Biden, así arrase con la legalidad y validez de los votos por correo, desmantelando los vestigios de democracia que deja su mandato. Para Trump la verdad no cuenta si no coincide con sus intereses, entonces proyecta lo que denomina hechos alternativos para sustituir la misma realidad, porque él personalmente se arroga el poder y la gloria. Se autoproclama el líder de los moral y racialmente superiores, los llamados a salvar a Estados Unidos de socialistas, ateos, homosexuales, pedófilos, cobardes y degenerados, con la inspiración de QAnon6 y el respaldo de la National Rifle Asociation.

El Show ha terminado: ¡You are fired!

Por todo lo anterior, es comprensible que la consigna final de la campaña de Biden haya sido “La batalla por el alma de la Nación”. Sin duda, el único mérito de Trump es haber despertado y movilizado a más de 74 millones de norteamericanos para que votaran por Biden. De esta forma, reafirmaron que sus vidas son más valiosas que el mercado y que sus convicciones rechazan radicalmente la discriminación racial, el odio, las mentiras y la violencia policial como fundamentos de la vida política norteamericana y optaron por la decencia y la convivencia. Trump, el aprendiz de la política, se resiste a dejar la Casa Blanca. No alcanza todavía a comprender que su mediocre Show de America First ha terminado en un multitudinario y mortal fracaso. Que, como lo hacía con arrogancia en su programa televisivo, “El aprendiz”, millones de norteamericanos le están gritando: ¡You are fired! ¡Estás despedido! Pero como toda su vida ha sido un litigio permanente entre sus ambiciones personales y su narcisismo inconmensurable contra sus competidores y adversarios, interpondrá cuanto recurso legal le aconseje su equipo de abogados para intentar ganar en el foro judicial lo que ya perdió en la arena política. Y, cuando sea vencido en ambos escenarios, es probable que pretenda convertirse en el jefe de la oposición, si acaso se lo permiten el Partido Republicano y las reservas de la cultura, la inteligencia y la decencia de la sociedad norteamericana, ya escarmentada y avergonzada de tan fatal y cínico aprendiz político. Un aprendiz que bien le convendría volver a sus negocios personales y cancelar sus multimillonarias deudas7, las únicas que quizá podrá pagar algún día, porque su deuda con la humanidad es incalculable, insondable e impagable.

Edición 708 – Semana del 14 al 20 de noviembre de 2020
   
 
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