Maradona: Fútbol, POLITICA y Religión

 

A los que le quedaban dudas, el 10 probó que los milagros son terrenales o no son. Por eso sigue en pie la iglesia Maradoniana, mientras no se realice el cielo en la tierra. Así, convertido en un Nazareno redivivo, se fue a darle lecciones al Chapo en su tierra y sacó a los Dorados del sótano. Los hizo subcampeones en 2018.

 
Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD
 
Presidente IGS-Colombia
 
 

Mientras en Colombia se derrumbaba la patraña del exfiscal, Humberto Martínez, quien quería ser a toda costa presidente después de haberse desempeñado como consejero del príncipe más rastacueros de la historia, y del más tahúr de todos.

Desnudado por los tres mosqueteros de la oposición, Petro, Cepeda y Barreras en la audiencia de control político por las acusaciones contra Jesús Santrich. Es posible que tampoco escampe en la embajada de España.

“Y todo el pueblo cantó: Maradó, Maradó...”

En el mundo, en cambio, la sorpresiva muerte de Dieguito, abría un boquete monumental a la gris atmósfera de la muerte galopando a sus anchas por los continentes como Pedro por su casa.

Sí, después de operado de un hematoma, sufriendo un peso exagerado, cotidiano, el zurdo de fantasía estaba en su casa del reparto del Tigre. Cuando lo atacó un paro cardiorrespiratorio que en una hora puso a prueba su fe, cuando las persignaciones no le valieron.

La maravilla de Villa Fiorito estaba muerto, exánime y todos sus desafueros quedaron en el anecdotario. Antes, en 1994, la FIFA le cortó las piernas, y le cobró su irreverencia contestataria. Porque él no respetaba a los caimacanes del fútbol mundial, desde Grondona hasta Blatter, incluido José Havelange a cuenta de su desparpajo.

No respetó ni papas de la esférica ni guardianes ex proletarios de la fe, como el polaco Juan Pablo II. Estaban demasiado rodeados de riqueza y boato para creerles nada.

Se saludó y fotografió con su paisano, hincha confeso de San Lorenzo, pero el Pelusa le debía la gloria a Argentinos Juniors, de donde salió coronado a los 16 años como campeón juvenil, pero César Luis Menotti, el socialista, no se dejó encantar por esta promesa.

El Flaco no le dio paso a hacerse campeón de un mundial de adultos, a una edad similar a la de Pelé en Estocolmo de 1958. Tuvo que esperar a 1986, para conjuntar su embrujo con la voluntad de Dios. Para reivindicar la gloria de Aztecas y Mayas, humillando a la rubia albión, que antes había masacrado a los jóvenes patriotas argentinos, inmolados por la bestia militar enloquecida.

Los dos habían caminado con la pobreza sus ilusiones de una mejor vida, que los sacara de pobres. A punta de fintas y goles. Uno en las canchas en las vecindades del Río de la Plata, y el otro en las sucias playas de la aldea de Baurú, en la cercanía del puerto de Santos.

Ahora cuando ya era ídolo fue a parar al Barca por una cifra increíble. Lo querían y lo tuvieron. Con él llegaron tres campeonatos. Y también cosechó el resultado del fútbol torticero. Por Goicoechea que confundió el arte de la pelota con una carnicería.

Después de la lesión resucitó, y se fue al meridión italiano a hacer la revolución con los subalternos. A completar la obra de Gramsci, y lo logró. Juntó al sur con el norte. Rompió el embrujo de la revolución pasiva en la que se devanan los sesos los doctos. En la tierra de Cuoco. Y es más popular que Nino.

A los que le quedaban dudas, probó que los milagros son terrenales o no son. Por eso sigue en pie la iglesia Maradoniana, mientras no se realice el cielo en la tierra.

Así, convertido en un Nazareno redivivo, se fue a darle lecciones al Chapo en su tierra y sacó a los Dorados del sótano. Los hizo subcampeones en 2018.

Y claro, la historia continúa für ewig. Después de su velatón, acompañado por un ejército de multitudes subalternas.

Edición 710 – Semana del 28 de noviembre al 4 de diciembre de 2020
   
 
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