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Con autonomía política: al oído del Presidente

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Pedro Santana Rodríguez
Presidente
Corporación  Viva la Ciudadanía
 
Si el presidente Santos quiere sintonizarse con la base electoral que lo reeligió, vale decir,  con los 7’816.537 votantes, deberá realizar cambios profundos no sólo de estilo y maquillaje sino en los contenidos de las políticas públicas que no entusiasmaron a los colombianos durante la mayor parte de la campaña electoral. Y ello deberá también llevar a cambios en su equipo de gobierno.
 

La jornada electoral de segunda vuelta para elegir al Presidente de la República deja una serie de lecciones que deberían ser tenidas en cuenta por el señor presidente Juan Manuel Santos Calderón. Quizás la frase que más ha llamado la atención en su discurso de proclamación de su victoria es aquella en la cual Santos señaló “Hay que corregir lo que haya que corregir, ajustar lo que haya que ajustar y reformar lo que haya que reformar. La paz nos debe llevar a profundas reformas del país”. Y es que si el presidente Santos quiere sintonizarse con la base electoral que lo reeligió, vale decir, con los 7’816.537 votantes, deberá realizar cambios profundos no sólo de estilo y maquillaje sino en los contenidos de las políticas públicas que no entusiasmaron a los colombianos durante la mayor parte de la campaña electoral. Y ello deberá también llevar a cambios en su equipo de gobierno.
La primera lectura que hay que hacer es que el triunfo de Santos por más de 900 mil votos después de haber perdido en primera vuelta por cerca de 500 mil votos se debió en primer lugar como lo han destacado diversos analistas a la adhesión a su campaña de sectores muy importantes del Polo Democrático y de la Alianza Verde incluidos los Progresistas así como de movimientos sociales como los movimientos de paz, los trabajadores sindicalizados, los movimientos y organizaciones indígenas, sectores campesinos, jóvenes y movimientos de mujeres, sectores culturales, los maestros agremiados en FECODE, y diversos sectores ligados con las iglesias. Todos ellos dieron una muestra extraordinaria de madurez política al privilegiar sin acuerdos burocráticos el respaldo a la propuesta de la paz negociada que en la última recta de la campaña se convirtió en el punto de diferenciación clara entre la campaña de Santos y la campaña del uribismo representada en Oscar Iván Zuluaga que obtuvo 6’904.989 votos.
Este sector del electorado percibió de manera clara que los avances logrados bajo el gobierno de Santos en la negociación con las FARC y en las conversaciones exploratorias con el Ejército de Liberación Nacional, ELN, no deberían ser puestas en riesgo. Que estamos cerca de poner fin al conflicto armado que desangra al país. Madurez política e independencia pues el presidente Santos debe entender que no es un cheque en blanco girado a su candidatura sino una escogencia libre entre dos opciones radicalmente opuestas. La candidatura de Zuluaga que al proponer al electorado poner condiciones unilaterales a la guerrilla podría ocasionar un rompimiento de las negociaciones. La paz salió avante como política pública lo cual no quiere decir que se haya refrendado el mandato de Santos en todo lo demás. Ese fue a mi juicio el error garrafal tanto de Uribe que quiere prolongar la guerra como de sectores de la izquierda como los representados por el senador Jorge Enrique Robledo que llamaron a la abstención o al voto en blanco.
Un segundo sector del electorado estuvo representado por aquellos que en primera vuelta votaron en blanco y que llegaron casi al 7% de los votantes mientras que en la segunda vuelta se redujeron en cerca del 3% y por supuesto en los ciudadanos que se habían abstenido de concurrir a las urnas; que ahora motivados por la paz redujeron el porcentaje de los abstencionistas del 60% al 52%, es decir, un 8% de nuevos votantes entre indecisos y abstencionistas. Un tercer factor más favorable a Santos y que se manifestó de manera importante en la Costa Atlántica fue la activa participación en esta ocasión de los parlamentarios tradicionalistas y beneficiarios de la mermelada, los sectores clientelistas, que ante el riesgo de perder, ahora si movilizaron a sus electores, reduciendo las bajas tasas de participación electoral que se habían registrado en la primera vuelta el 25 de mayo. En esta región Santos sacó en los siete departamentos un millón de votos más que Zuluaga. A ello hay que agregar el triunfo en Bogotá en donde Santos logró triplicar la votación que había obtenido en la primera vuelta presidencial de la mano de verdes y progresistas y obviamente con el respaldo de los partidos de su coalición, sacó 910 mil votos más que en primera vuelta. Santos gana en el suroccidente del país, con una votación muy importante en el Valle del Cauca y Cauca, y en los Santanderes, mientras que pese al aumento significativo de su votación pierde en Antioquia, los tres departamentos del Eje Cafetero, Tolima, Huila, Meta, Caquetá y Cundinamarca.
Como dato importante con la excepción del suroccidente, es decir, en el Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo donde se impone claramente Santos y en donde hay una presencia militar bastante arraigada de las FARC, en los otros territorios en donde hace presencia esta guerrilla vale decir en Huila, Caquetá y Meta, el triunfo de Zuluaga es amplio. Las FARC deberían reflexionar sobre los resultados electorales y sobre su impopularidad en la perspectiva de convertirse en un movimiento político legal en el futuro. Los colombianos votaron mayoritariamente para que se acabe el conflicto armado y para que las guerrillas tanto de las FARC como del ELN también se acaben y para que hagan el tránsito a la vida política legal. Es por ello que FARC y Gobierno Nacional deberían llegar muy rápidamente a fijar una fecha cierta para el término de las negociaciones y pactar un cese al fuego con verificación internacional para que el proceso tenga aún mayor credibilidad en la opinión nacional y de esta manera se reduzca la oposición al mismo.
Precisamente aquí me permito discrepar de una buena parte de los analistas que ahora claman porque haya un acercamiento del gobierno con la oposición. Yo por el contrario creo que un esquema de gobierno y oposición es bueno para la democracia en el país. Lo que hay que hacer frente al proceso de Paz que es el punto que separa las aguas del gobierno y la oposición es distinto. Hay que hacer de la Paz una política de Estado lo cual quiere decir que el gobierno debería informar sobre los avances y contenidos de los acuerdos con la insurgencia, sin esperar que la oposición uribista en este caso, vaya a respaldar el proceso. A ellos les ha resultado rentable empuñar las banderas de la intransigencia y los odios y no van a renunciar a ello. El gobierno, la oposición favorable al proceso deberán trabajar por combatir la desinformación y el rumor malintencionado, las mentiras y las calumnias, deberán informar al país y a los uribistas sobre los reales contenidos de los acuerdos y realizar una campaña inmensa dirigida al 52% de los colombianos y colombianas que no votan, para que tomen parte de la decisión de la paz en el mecanismo de refrendación de los acuerdos que se decida en La Habana. El país está divido en dos mitades: un 48% de los que participan y el 52% de los que no participan. Y el 48% de los que participan están divididos en 51% que creemos en la salida negociada al conflicto y un 45% que votaron por la salida militar o por una negociación condicionada con las guerrillas que es el matiz que separa a Uribe de Martha Lucía Ramírez, por ejemplo. Frente a estos sectores hay que actuar de manera pública, diferenciada e informada motivando a la deliberación, al debate público con argumentos, para construir unas mayorías sólidas que sean el respaldo para construir la paz.
Un segundo asunto fue el relacionado con la estrategia política de la campaña en sus dos fases, es decir, en la primera vuelta y en la segunda vuelta. En la primera vuelta se impuso la orientación de buscar el electorado en los 9 millones de votos que había obtenido Santos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del año 2010 que incluía obviamente al uribismo que en aquella ocasión votó masivamente por Santos y sólo un poco más de 3.6 millones de votos lo hizo por Antanas Mockus y la ola verde. En esa estrategia equivocada Santos nominó a un personaje de la derecha, Germán Vargas Lleras, como su fórmula vicepresidencial y desechó erróneamente el nombre del general (r) Oscar Naranjo que pertenece más al centro derecha. Suponía Santos que con Vargas Lleras daría batalla en la base uribista por su respaldo y su votación. Por ello menospreció al electorado del centro izquierda que como ya indicamos en un acto de madurez política en esta ocasión se jugó por la Paz y terminó respaldando a Santos. Esa equivocación le costó no sólo la primera vuelta sino casi le cuesta la reelección.
Vargas Lleras tuvo mucho peso en la definición de la estrategia de primera vuelta al influir directamente para la destitución de Gustavo Petro de la Alcaldía de Bogotá, la famosa retoma de Bogotá fue otra de sus iniciativas y otra de sus equivocaciones. Por ello para segunda vuelta su influencia en la campaña como debería ser disminuyó con la designación de César Gaviria como jefe único de debate. Gaviria rápidamente se movió primordialmente hacia los sectores del centro izquierda para conformar con la decisión de Iván Cepeda, Claudia López, Antonio Navarro, Ángela María Robledo, Clara López y muchos otros, en la conformación de un Frente Amplio de Apoyo a la Paz que se convirtió en un sector para el trabajo de movilización de los electores y que resultó decisivo a la hora de inclinar la balanza a favor de la paz y por ende del candidato que mejor representaba esta opción que no era otro que el propio Santos. Por ello hay que decirlo claramente, uno de los perdedores en este aspecto fue Vargas Lleras que casi conduce la campaña al fracaso.
Un tercer tema está relacionado con la agenda nacional y el manejo de la misma. Las rectificaciones si Santos quiere enrutar al país hacia la paz tiene que ver con modificaciones al modelo de desarrollo sobre todo en temas como: los Tratados de Libre Comercio, la locomotora minera, la reforma a la salud, la reforma a la educación, y una necesaria reforma tributaria que debe gravar a los ricos y que debería aumentar el impuesto al patrimonio para destinar parte de esos recursos a financiar el acuerdo con las guerrillas que requiere fondos públicos. La participación del Estado en el PIB que actualmente es apenas del 14.7% del Producto Interno Bruto, PIB, debería pasar siquiera en los próximos cuatro años al 20% del mismo, para financiar con los 5 puntos adicionales, las reformas económicas y sociales que deberán ponerse en marcha para generar condiciones propicias para la paz.
Y una reflexión final sobre la estrategia política del nuevo período del presidente Juan Manuel Santos. El Presidente debe hacer ajustes en su equipo de gobierno que reflejen lo que sucedió en la segunda vuelta presidencial en que una buena base de su electorado no acompaña ni a su equipo de gobierno actual ni a una buena parte de sus políticas. Si quiere sintonizarse con esta realidad Santos, deberá nombrar un equipo de gobierno en que de participación o a representantes de este sector o a funcionarios afines al mismo. Es muy probable y legítimo que los sectores hoy agrupados en Frente Amplio por la Paz decidan como todo parece indicar mantenerse alejados del gobierno y una buena parte de los mismos en oposición a su gobierno excepto en los temas de la paz y la negociación del conflicto. Si quiere mantener el apoyo de esa parte del electorado Santos debe gobernar satisfaciendo parte de sus reclamaciones y puede nombrar funcionarios cercanos a este sector para que lleven adelante estas propuestas. Esto le daría mayor credibilidad y legitimidad a su gobierno.

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