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¿Es la derecha una nueva fuerza política?

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Miguel Ángel  Herrera Zgaib
Director  - Grupo Presidencialismo y Participación
 
 
La derecha, tanto la que lidera el ala reaccionaria como la que gobierna con la impronta liberal a partir del 20 de julio, no son ni pueden ser una fuerza política nueva. Lo nuevo, en verdad, es la persistencia y la re-emergencia de una fuerza de izquierda y democrática que da pasos de tanteo.
 

Un artículo reciente del semanario liberal SEMANA, “La derecha es la nueva fuerza política del país”, publicado en internet la anterior semana, aventura en un análisis y una afirmación que pretende ser objetiva, no neutral, “wertfrei”, diría el difunto Weber, a propósito de la oposición política en Colombia.
El sujeto colectivo en primera persona de esta novedad es el Centro Democrático, CD, porque ya no es más la izquierda en sus variantes la fuerza de oposición en Colombia. Ahora el bloque reaccionario resultó ser también la oposición cuya existencia, además, debe reconocer la ciudadanía en general.
En particular, el artículo en comento “borra” también de un plumazo a una fuerza bien caracterizada antes como la oposición, el PDA; de la que el senador Jorge Enrique Robledo es un “cancerbero” celoso; para este tiempo nebuloso él trata de ser la voz cantante, por todos los medios, hasta prevenir “los deslices” doctrinales exitosos de Clarita López, quien en asocio con Aída Abella ganó protagonismo como resultas de las pasadas elecciones presidenciales.
La verdad sí es, en efecto, que tiene Colombia una abierta reacción, que SEMANA decidió llamar de modo “benigno” oposición de derecha, un gradiente que le permite distinguir, en verdad a otra fuerza, que dirige los actuales destinos del bloque dominante, la centro-derecha liberal que comanda el presidente Juan Manuel Santos.
Es al mismo tiempo, él quien insiste en cumplir un papel doctrinal, al agitar el trapo desteñido de la “tercera vía” en el continente, cuando las izquierda de América Latina pasan malos tragos, afectados en mayor o menor grado sus gobiernos por erráticos manejos del “paquete capitalista”, o por la corrupción política de sus cuadros dirigentes que no han resistido las tentaciones de hacerse ricos, después de haber vivido por mucho tiempo en “el desierto y en la austeridad.”
La función de liderazgo de la nueva derecha dirigente, remozada de neoliberalismo con “rostro tercerista”, reclamó del presidente reelecto la ayuda de varias figuras del espectro político internacional, quienes encabezadas por Clinton desfilaron por Cartagena; pero, estas, por sobre todas las cosas, al hablar lo hicieron en la defensa de la causa de la paz como corolario de la “prosperidad democrática”.
Los hechos y la “otra” Oposición
“De ahora en adelante esa franja tendrá que competir con los José Obdulios, Palomas, Cabales y Rangeles.”
El artículo nos recuerda que el Centro Democrático que apoyo al candidato Zuluaga ganó en 14 de 32 departamentos; y antes, en la elección congresional, en sus dos vertientes, contabiliza por ahora, 16 representantes y 20 senadores. Es la segunda fuerza política con representación en el congreso.
Su cauda electoral suma alrededor de un 20 por ciento de la gente que aún vota en Colombia, donde la abstención es sostenida, antes y ahora, con incrementos significativos entre una elección y otra.
Ahora bien, la derecha reaccionaria que lidera el CD, tiene añadido otro protagonista, el reencauchado conservatismo “doctrinal partidista”, que tuvo como conductora a Martha Lucía Ramírez, quien en la primera vuelta cosechó casi dos millones de votos, en rechazo incluso del clientelismo tradicional que hizo causa común con la reelección presidencial.
Según la cita de Semana esta derecha tiene dos vertientes, una que toma en cuenta la ideología y la otra los puestos. La verdad de esta división se verá pronto, a partir del 20 de julio, cuando la mermelada se vuelva asunto de “vida o muerte política”.
Sin embargo, el CD no oculta sus orejas del todo, esto es, el paramilitarismo y el extremismo militar que sueña con la liquidación de la subversión armada, y tiene pesadillas diurnas con ella todos los días. El ex Álvaro Uribe se encarga de seguirle los pasos tuiteando sin descanso sobre los desafueros de los “bandidos y terroristas” de las Farc y el Eln.
Un perfil ideológico y económico antagónico
“El uribismo sabe lo que representa, odia a sus enemigos, y uno sabe a qué atenerse.” William Ospina, al apoyar la candidatura de O.I. Zuluaga.
Esta dupla de reacción y derecha doctrinal, en cabeza de Uribe/Zuluaga y Ramírez/Pastrana tiene una audiencia potencial de 45 por ciento de los votantes, en un país que según las estadísticas del “Barómetro de las Américas (2012)” que marcan: 1(izquierda) y 10 (derecha), los encuestados se ubican en 6.2, en una posición proclive a la derecha como pocos países en el continente americano.
Este grupo heterogéneo, de perfil de derecha y potencial reaccionario, dice estar en desacuerdo con la participación política de la subversión y quiere, en cambio, el castigo para la guerrilla.
Contra este bloque se levanta una mayoría con el 80 por ciento de respaldo electoral. Cifras que contradicen la medición registrada en el Barómetro. A este bloque político que el artículo califica de “nueva izquierda” le interesa la paz por venir, el anti-uribismo, y aprecia, cómo no, la mermelada presidencial.
Sin embargo, ahora sí conviene hacer distinciones adicionales, a contramano del articulista de SEMANA, para recordar que el dúo PDA/UP, puso en claro que no participará del gobierno de la Unidad Nacional, y su nueva mayoría; que, en cambio, continuará con una política independiente, pero, eso sí, en el frente de la paz, por lo que esta izquierda, con el PC de Lozano y Caicedo insistiendo en la fórmula de un frente amplio, como el de Uruguay para Colombia.
A la vista tenemos otra izquierda, de oposición, esto es, distanciada de los llamados partidos de la U, PdU, y Centro Democrático, CD que coinciden en el modelo de desarrollo capitalista, aunque este último con centro en la economía del latifundio capitalista, agro-ganadero-industrial, donde cosecha sus principales aliados legales e ilegales, concentrados en los departamentos andinos del centro, y la región antioqueña, y varios departamentos del oriente colombiano, donde la presencia de las dos guerrillas, Farc-Ep y Eln, se ha mantenido por larga data.
La otra fuerza que configura el bloque dominante en el poder, y que gobierna con una diferencia de algo más de 900.000 votos, está apoyada por el gran capital financiero, donde Santo Domingo, Sarmiento Angulo, y el Sindicato Antioqueño fijan el rumbo económico a la nave colombiana.
El bloque de la paz que tiene asiento principal en los grupos y clases subalternas, con expresiones legales y de hecho, donde las guerrillas son protagónicas en el asunto de la paz con el gobierno, y la sociedad civil de abajo, adquiere momento según marcan las pasadas elecciones presidenciales con casi dos millones de votos para la alianza PDA/UP, y la denominada Alianza Verde, con un núcleo en el movimiento Progresista de Petro/Navarro, que rondó el millón de votos. Esta izquierda con tres millones de votantes.
Esta es, en verdad, la nueva izquierda de la que no habla SEMANA, y que aparece a contra-mano del querer de escritor de “la franja amarilla”, quien quedó fuera de base en su preferencia presidencial. Esta izquierda hizo posible el triunfo de la reelección votando por la paz, y no por la “tercera vía” capitalista. Es la espina en la garganta del viejo “Willi” que pasó de historiador con gracia estética a echar cuentos con pretensiones de renovación política.
La derecha, tanto la que lidera el ala reaccionaria como la que gobierna con la impronta liberal a partir del 20 de julio, no son ni pueden ser una fuerza política nueva. Lo nuevo, en verdad, es la persistencia y la re-emergencia de una fuerza de izquierda y democrática que da pasos de tanteo, y que aún no logra articular todos sus matices en un sujeto-multitud capaz de obtener el triunfo en las elecciones nacionales de presidente, y que tiene delante el desafío de avanzar en las locales y departamentales.
Esta izquierda que anima un nuevo imaginario social y político es la que hará la diferencia a pesar de su manifiesta minoría en el Congreso, pero, al fin de cuentas una minoría necesaria para defender e impulsar conquistas democráticas, de cara a las acciones de la derecha reaccionaria, y los retrocesos de la derecha “liberal”.
La izquierda de la que aquí se habla es una que junta a la UP/PDA, al Congreso de los pueblos, la Marcha Patriótica, y a los simpatizantes y militantes clandestinos de las guerrillas, y a los sin partido, que de modo reiterado se abstienen de votar, o votan en blanco.
Todos ellos, si las direcciones relativamente cegatones de estos agrupamientos lo entienden bien, podrán cumplir el papel contra-hegemónico que les corresponde frente a la derecha y la reacción, y cumplir las tareas de la modernidad aplazada, congelada que hacen posible una real sociedad burguesa, como las que se conocen en el mundo de hoy, para ir más allá en las tareas de una revolución democrática que traigan consigo libertad e igualdad social.
Objetivo este último en que se han detenido todos los entusiasmos reformadores de la derecha nueva y vieja. Esta es la otra “tercera vía” que corta camino, y le da peso específico a la revolución proletaria que no es sinónimo de violencia sino de presencia de una hegemonía inaudita donde los muchos establecen las posibilidades de un goce real de todos los derechos.
Aquí se abren las avenidas para un mundo que reclama una fórmula distinta de conexión entre las tareas de la emancipación y la liberación humana, curada de los espantos que aterrorizaron a Hannah Arendt, y a un puñado de lúcidos pensadores liberales de todos los continentes. Colombia hoy, como en el fútbol es el laboratorio de otra experiencia política, después de 60 años de caminar en el desierto, preñado de violencia sin cuento, y de desigualdad inenarrable.

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