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El fin del secretismo en La Habana

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Antonio Madariaga
Director Ejecutivo
Corporación Viva la Ciudadanía

El anuncio de que las FARC y el Gobierno llegaron a un acuerdo para revelar el contenido completo de los acuerdos hasta ahora logrados en la mesa de diálogo de La Habana es una muy buena noticia. O para decirlo mejor, comprende un conjunto de muy buenas señales para el país y para quienes estamos comprometidos con la solución política negociada y su expresión en los diálogos entre las FARC y el Gobierno.

 

El anuncio de que las FARC y el Gobierno llegaron a un acuerdo para revelar el contenido completo de los acuerdos hasta ahora logrados en la mesa de diálogo de La Habana es una muy buena noticia. O para decirlo mejor, comporta un conjunto de muy buenas señales para el país y para quienes estamos comprometidos con la solución política negociada y su expresión en los diálogos entre las FARC y el Gobierno.

Es una señal de que la confianza entre las partes está en un punto muy alto. Ya hubo muestra de ello en los temas de la comisión de esclarecimiento histórico, de los principios para el abordaje de los derechos de las víctimas, en el desarrollo de la visita de las delegaciones de las víctimas y en la subcomisión de género.

Es también una señal de que la mesa de conversaciones considera que los diálogos han llegado a un punto de no retorno tal que sus resultados parciales se pueden someter al escrutinio público y que no representan ventaja política desproporcionada para alguna de las partes.

Es una señal de que se da inicio a una nueva fase en la participación de la sociedad en la medida en que esta se puede desprender de los asuntos procesales, que tanto nos gustan a los colombianos y colombianas, y concentrarse en los contenidos de los acuerdos y por lo tanto avanzar hacia una comprensión de las oportunidades, limitaciones y alcances de los acuerdos y por lo tanto de los desafíos que la implementación de los mismos comporta.

Finalmemente es una señal de querer abordar una de las debilidades del proceso y es que no logra concitar la ilusión de la sociedad colombiana y por lo tanto, tal como se demostró en las elecciones presidenciales, no tenemos todavía una masa crítica de ciudadanía jugada por la paz concreta de la que forman parte las negociaciones de La Habana, y las consecuencias posibles de la firma de un acuerdo de fin del conflicto.

Mas allá de la contradicción evidente en las declaraciones de los aúlicos del "innombrable" y demás miembros de las huestes del uribismo quienes han basado recientemente su oposición al proceso en las supuestas concesiones ocultas del Gobierno a las FARC y ahora dicen con desprecio que no hay en los acuerdos nada nuevo, nada que no se supiera, como fórmula para minimizarlos, si hay una serie de asuntos, que a nuestro modo de ver, deberían considerar en la Mesa de Conversaciones en La Habana.

El primero de ellos tiene que ver con que la divulgación de lo acordado es políticamente muy fuerte, pero insuficiente en la lógica de hacer del apoyo a la negociación y la refrendación de los acuerdos cuando estos se firmen, un propósito y una actitud francamente mayoritaria de la sociedad colombiana.

Para avanzar en esa dirección se requiere articular en una red política y social, los diferentes esfuerzos de sectores de la sociedad civil y la sociedad política en favor de la paz. Hay iniciativas nacionales, así como muchas regionales y locales que a nuestro juicio aumentarían de manera significativa su potencia si entre ellas se tendieran puentes en una lógica de reconciliación. Así una iniciativa de tejer contactos entre propuestas provenientes de los empresarios, (como Soy Capaz y Reconciliacion Colombia p.e con propuestas provenientes de otros sectores de la sociedad como el Clamor Social, el Pacto Nacional de Paz y los provenientes de las mujeres como la Cumbre de Mujeres por la Paz, p.e) y a su vez conectarse con el extraordinario papel que están haciendo las Comisiones de Paz de Cámara y Senado, los Programas de Desarrollo y Paz y el Frente Amplio por la Paz, para mencionar algunos de los esfuerzos conocidos.

Una coalición de esta naturaleza deberá acompañarse, además del encomiable esfuerzo del Alto Comisionado Sergio Jaramillo y del jefe de la delegación Humberto de la Calle de ir a distintos espacios a explicar el curso de las negociaciones, de una gran campaña de comunicación pública en que muchas organizaciones de diversos ordenes, sectores y características de la sociedad, en las ciudades y diversos territorios, a partir de que se les ofrezca un menu de metodologías, instrumentos y apoyos pueda, de manera autónoma y como parte de su actividad cotidiana, construir su propio relato de la paz y desarrollar la pedagogía y difusión de los contenidos de la negociación y generar entre sus relacionados la ilusión de la paz posible.

Lo anterior servirá simultáneamente para desarrollar una actividad permanente de preparación para la implementación de los acuerdos en una lógica de paz territorial.

Un elemento central de esa estrategia tendrá que permitir que todos y todas y no sólo las personas y comunidades afectadas directamente por el conflicto armado, puedan responder positivamente a la pregunta, ¿qué gano yo o que ganamos nosotros con el fin del conflicto?

Todo lo que se haga en la dirección señalada se enfrentará con poderosos adversarios en los diversos ordenes, con sectores de la institucionalidad, sobre todo sectores de los militares y otros actores que se oponen abierta o larvadamente a que la solución política negociada al conflicto sea exitosa, que estimulan o producen amenazas a los y las trabajadoras por la paz y que sobre una matriz de oposición política sirven a la guerra.

Por todo lo anterior la consigna del momento tiene que seguir siendo "volcar el país a la paz".

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