Óscar William Calvo, un caso emblemático de la memoria histórica en derechos humanos y de los procesos de paz en Colombia

 

Álvaro Villarraga Sarmiento1
Presidente de la Fundación Cultura Democrática

Oscar William Calvo pionero de la Constituyente y promotor del Diálogo Nacional

Saludo a todas y todos los asistentes a este acto que exalta la memoria histórica de Óscar William Calvo como vocero de la paz y pionero de la Constituyente y junto con él a la de su hermano, Jairo, conocido más como Ernesto Rojas, quien fue el comandante general del EPL. Además de lo ya referido quiero recordar que en esta auditorio precisamente, en 1982, Oscar William Calvo salió a la vida pública legal, cuando fue encargado de promover el proyecto político Unión Democrática Revolucionaria UDR. Porque es claro que tras la lucha armada emprendida entre 1967 y 1980, el PCC ML adoptó un viraje que reconoció como prioritaria la lucha política en un amplio sentido, de forma que se consideró con importancia la necesidad de acceder también a los espacios de la actuación política e incluso electoral. Fue cuando sobrevinieron varios ensayos políticos como fueron la creación de la Unión Democrática Revolucionaria con parte de los militantes que salieron a la actividad legalidad a construir un movimiento político que fue lanzado en la plaza La Macarena de Medellín, la edición del Periódico Unión, la conformación de la Juventud Revolucionaria de Colombia, la participación en numerosas actividades políticas nacionales e internacionales y los diálogos y negociaciones de paz con el Gobierno Betancur que conllevaron a una tregua bilateral en las acciones militares, la cual fue asumida como una campaña por la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

En verdad histórica corresponde reconocer en Colombia que el PCC ML y el EPL fueron los autores y promotores de la Asamblea Nacional Constituyente como fórmula posible para el logro de acuerdos de paz con las guerrillas, con base en presupuestos de apertura democrática efectiva y escenario de las transformaciones institucionales que posibilitaran el proceso de paz. Oscar William Calvo en medio de una importante expectativa nacional fue el vocero que propuso tal fórmula para la paz, en medio de la firma de la tregua y la sustentó de forma reiterada en los espacios del diálogo nacional que en ese momento se trató de desarrollar. El acuerdo de tregua y cese al fuego con el EPL se firmó el 23 de agosto de 1984 en Medellín, en el Museo Zea. Sus voceros sostuvieron reuniones con los delegados gubernamentales, el Gobernador de Antioquia y contactos telefónicos directos con el presidente y presidieron una nutrida concentración en el Parque Berrío. Oscar William argumentó que el parlamento no estaba en condiciones de emprender las reformas necesarias y que sólo representaba a una minoría dedicada al regateo burocrático entre las fracciones de los partidos liberal y conservador. Posteriormente, en concentraciones públicas, manifestaciones, conferencias, foros, reuniones y en las comisiones del Diálogo Nacional instaladas con el Gobierno, los voceros del EPL particularizamos la propuesta de la Constituyente e insistimos en su necesidad y viabilidad.

Sin embargo, el diálogo nacional no surtió efecto ante las presiones negativas del Congreso, los gremios económicos y sectores de la élite tradicional así como ante el ambiente difícil que se creó ante frecuentes incidentes militares y hechos violatorios al cese al fuego, en los cuales perdieron la vida varios voceros regionales del EPL y pobladores de distintas regiones cuando desarrollaban actividades políticas. Entonces, el 14 de noviembre de 1985 tras reiteradas denuncias por las violaciones sucedidas y ante la no conformación de las subcomisiones temáticas y regionales del diálogo nacional, se produjo el retiro temporal de Oscar William Calvo de la Mesa Directiva de la Comisión de Diálogo Nacional. Posteriormente, en Puerto Ánchica, Córdoba, ante centenares de campesinos y una numerosa concentración guerrillera Ernesto Rojas, Oscar William Calvo y otros dirigentes del EPL se retomaron el diálogo con los delegados gubernamentales y los voceros de los sectores políticos y sociales participantes en las comisiones.

Ataques contra los voceros, asesinato de Oscar William y ruptura de la tregua

La dinámica política y el descontento social eran intensos. El 20 de junio de 1985 se realizó un Paro Cívico Nacional. El 24 de octubre de ése año una nutrida jornada de protesta convocada por las organizaciones sindicales y los partidos de izquierda rechazó las exigencias del FMI que debilitaban las políticas sociales, laborales y las posibles reformas relacionadas con un proceso de paz. Oscar William estuvo entre los oradores de la Plaza de Bolívar en Bogotá. Allí aludió al ambiente unitario que se abría paso en la izquierda, insistió en el llamado a la Constituyente y anunció que si había un cambio en las condiciones políticas podríamos acceder a la participación electoral quienes estábamos por fuera del régimen político. Pero el proceso de tregua entró en crisis. El Ejército desplegó cercos militares contra los campamentos del EPL en varias regiones. Entre tanto, con el M 19 se desencadenaron intensos combates. Varios integrantes de la Comisión de Paz presentaron renuncia colectiva. Luego vendría la toma del Palacio de Justicia por el M 19 con las nefastas consecuencias conocidas. A partir de este hecho se produjo el retiro de Oscar William de la Comisión de Paz, Diálogo y Verificación, en rechazo a la negativa gubernamental a solucionar políticamente tal incidente y a la arbitrariedad oficial en el operativo emprendido, pero también expresó divergencia con este tipo de acción del M 19.

El 20 de noviembre sucedió la toma de la población de Urrao por parte de columnas guerrilleras del M 19 y del EPL, de manera que Oscar William en una rueda de prensa declaró ese mismo día en horas de la mañana que se trataba de un contraataque defensivo ante la presión de los cercos y le propuso al Gobierno nacional intervenir con urgencia para que se revisaran los compromisos con el cumplimiento del pacto de tregua. No obstante, esa misma tarde cayó acribillado en una céntrica calle de Bogotá. Fue asesinado junto a Ángela Trujillo y Alejandro Arcila, dos destacados dirigentes nacionales de la JRC. En rechazo se produjeron manifestaciones y mítines en varias ciudades y de especial impacto fue un paro obrero de dos días realizado en Urabá. El entierro se realizó en Medellín el 22 de noviembre. Lo acompañamos más de 5000 personas con una marcha por la Avenida del Río hasta los Campos de Paz, a pesar de las presiones de las fuerzas de seguridad del Estado y de una intensa lluvia. En el cementerio se realizó un acto político y una escuadra de guerrilleros urbanos le rindió honores militares. Luego, el EPL retomó las acciones de guerra.

La Asamblea Nacional Constituyente garantizó los pactos de paz

Con la ruptura de la tregua y la muerte de Oscar William se ahogó por un período la propuesta de la Constituyente y las posibilidades de la paz, pero dejó huella en la conciencia ciudadana la idea de que la reconciliación podría ser posible sobre la base de establecer garantías de cambio en las estructuras políticas del país. Seis años después, tras una intensa dinámica de conflicto armado con amplio despliegue guerrillero, el surgimiento del paramilitarismo con permisividad o colaboración de la fuerza pública y de otros sectores y su desborde de guerra sucia y la expansión del narcotráfico que implementó sus actuaciones terroristas y retroalimentó el fenómeno paramilitar, se produjo al final de los años 80 lo que los analistas llamaron la “crisis en la crisis” y hubo verdaderas expresiones de guerra civil y de ingobernabilidad.

Pero fue en tal circunstancia cuando se produjeron nuevos diálogos de paz que al momento intentaron ser con el conjunto de la CNGSB y tras la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente se desencadenaron las posibilidades de nuevas negociaciones y se produjeron varios acuerdos definitivos de paz con unas guerrillas y diálogos con el conjunto de la insurgencia. De esta manera se produjo el pacto de paz con el EPL que le garantizó su participación con dos delegados plenos en la Constituyente de 1991, Jaime Fajardo y Darío Mejía. Paralelamente, el Frente Popular, construido al influjo del EPL y la JRC que se ligó de forma decisiva al movimiento estudiantil que promovió la Constituyente, permitieron que tales proyectos políticos instancias de la AD M19 eligieran una importante bancada en la Constituyente, que incluyó a los compañeros Germán Toro, que fue presidente de la Fecode y uno de los dirigentes del Frente Popular, y a Fabio Villa, dirigente de la JRC y destacado líder del movimiento de la Séptima Papeleta.

La memoria histórica, el olvido y la verdad sobre las graves violaciones sucedidas

El historiador Gonzalo Sánchez que ahora preside el Grupo de Memoria Histórica nos recuerda que los imaginarios sociales son contradictorios y problemáticos, de forma que la memoria se convierte en lugar de interpretaciones, de selecciones y omisiones y de debates académicos, políticos y sociales. Más allá del rigor de los estudios históricos se evoca ahora la memoria como hechos social y político, en el entendido de recuperar una forma de apropiación del pasado reciente. Lo particular es que se busca atender de manera especial a la voz de las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho humanitario, contrarrestar las formas de olvido, por lo regular articuladas a los mecanismos que impusieron las condiciones de impunidad. Por eso se hace referencia a un esfuerzo que no sólo confronta la indiferencia o el simple desconocimiento del pasado o la ignorancia, sino el olvido deliberado, el ocultamiento de la verdad, o lo que las Naciones Unidas llaman al respecto el revisionismo de la historia, con referencia a las formas injustas de ocultamiento. Es lo señalado por el filósofo Reyes Mate como un olvido deliberado que constituye una situación de injusticia.

Precisamente, tratándose de injusticias y, para el caso, de graves violaciones a los derechos humanos y al derecho humanitario, es frecuente el recurso al olvido, el ocultamiento o la deformación de la información sobre los hechos y las responsabilidades, la destrucción de pruebas y de archivos e incluso el ataque a los testigos. Actitudes por lo regular promovidas desde los mismos responsables.

Sin embargo, en los años 90 en el mundo y con particular acento en Latinoamérica cobró fuerza un movimiento por los derechos humanos, en contra de la impunidad, el cual dio lugar a procesos inéditos que se conjugaron con dinámicos procesos derivados del tránsito de regímenes de dictadura a la democracia y de procesos de paz por la vía del acuerdo político como solución a guerras civiles que también consiguieron transformaciones orientadas hacia la democratización. En tal contexto es que surgen los principios orientados a reconocer como derechos fundamentales la verdad y el esclarecimiento histórico, la restitución de la justicia, la reparación de las víctimas y las garantías de no repetición de los graves crímenes cometidos. Surgen alternativas en tales tránsitos como las comisiones de la verdad y sus informes de memoria histórica, los mecanismos transitorios de justicia restaurativa y justicia transicional y se posiciona con fuerza el tema de la reparación de las víctimas ocasionadas por todos los actores del conflicto y la violencia.

En tal sentido, asunto fundamental a tratar en Colombia es el del reconocimiento de una tragedia humanitaria ocasionada en las décadas recientes a través de graves violaciones que llegaron a configurar crímenes de guerra, de lesa humanidad y de genocidio. En torno a ello se entrecruzan responsabilidades, por su mayor volumen y gravedad de los paramilitares, por lo regular asociados a la fuerza pública, de los propios agentes del Estado, y de las guerrillas. En ese contexto, el EPL también tuvo su cuota de responsabilidad ante las víctimas y ante la sociedad necesarias de reconocer.

Pero la sociedad colombiana ha vivido una especie de letargo, de acostumbramiento y de ocultamiento, de manera que se desestimó o se ignoró o se evitó que se conociera y se hiciera conciencia colectiva sobre la verdadera dimensión de la crisis humanitaria ocurrida. Sin embargo, en la presente década y en los años recientes, por distintas razones cobró fuerza en la agenda nacional el tema de los derechos de las víctimas referidos. Podemos entre tales razones referir a la propia movilización de las víctimas y sus organizaciones. La incidencia importante de las organizaciones de derechos humanos. La movilización ciudadana por la paz desde los 90 que luego se sensibilizó con la causa humanitaria. Los avances jurisprudenciales y legales conseguidos a través de importantes fallos de la Corte Constitucional y de la Corte Suprema de Justicia. Todo el debate surgido a partir del marco legal para las desmovilizaciones paramilitares y las decisivas rectificaciones que la misma Corte Constitucional le introdujo a la Ley 975 de Justicia y Paz con la Sentencia 370 del 2006. Las recomendaciones de los organismos intergubernamentales de derechos humanos, sus informes, sus fallos contra el Estado colombiano por violaciones sucedidas y la acción vigilante de la Corte Penal Internacional ante la evolución de la situación, pues dado el caso podría actuar, si impera la impunidad ante graves violaciones.

Contra Óscar William se cometió una grave violación a los derechos humanos

En noviembre de 1994 ante la Fiscalía General de la Nación se presentó la declaración de un testigo con reserva de identidad quien había estado vinculado a las actividades del Batallón de Inteligencia Charry Solano y luego en la Brigada XX del Ejército. Declaró sobre varios casos de desapariciones y asesinatos cometidos contra personas reconocidas por su militancia en la izquierda. Entre los casos revelados aparece el de Oscar William Calvo, sobre quien afirmó que lo tenían controlado las 24 horas y que un día decidieron darlo de baja. Por su parte, versiones de entidades de derechos humanos señalaron que Oscar William Calvo, Ángela Trujillo y Alejandro Arcila fueron asesinado por un comando de la Brigada XX del Ejército conformado por dos agentes de inteligencia y que según las confesiones de un ex agente de la XX Brigada, Bernardo Alfonso Garzón, el oficial Carlos Armando Mejía Lobo dirigió personalmente el grupo encargado de la ejecución. Sin embargo, ninguno de los implicados fue posteriormente objeto de investigación por los hechos.

El 15 de febrero de 1987 Ernesto Rojas, en calidad de comandante del EPL, fue capturado por los organismos de seguridad del Estado en Bogotá y asesinado, en estado de indefensión, lo que constituyó a la vez una grave violación al derecho internacional humanitario.

Actuales esfuerzos por la verdad y propuestas de búsqueda de esclarecimiento

Por tales circunstancias, rememorar los casos de Oscar William Calvo, de Ernesto Rojas, de Ángela Trujillo, de Alejandro Arcila y de muchos y muchas más, nos remite al esfuerzo presente por reconstruir la memoria de lo sucedido y establecer verdades, en aras de contribuir mínimamente hacia los esfuerzos por la reparación de las víctimas, la recuperación de su dignidad y el cierre de las profundas heridas existentes. La Corte Suprema de Justicia en adelanto a los procesos de la llamada parapolítica ha propuesto que se conforme una Comisión de la Verdad. Entre las iniciativas que acompañan el proyecto actual de ley de víctimas también se incluye esta propuesta. De hecho han existido ya iniciativas, informes y experiencias hacia el esclarecimiento desde las organizaciones sociales, de derechos humanos y comisiones mixtas, con participación social, gubernamental, estatal y de entes de la comunidad internacional, las sesiones del Tribunal de los Pueblos, los Tribunales de Opinión, entre otras experiencias. La veeduría en sus informes anuales de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, los casos tratados por la CIDH sobre Colombia y el mismo acopio de casos y circunstancias por parte de la Defensoría del Pueblo, entre otros elementos, constituyen un importante acervo al respecto.

En consecuencia, como lo han propuesto aquí Fabiola Calvo Ocampo, su hermana, y varios de ustedes, reclamamos y nos empeñamos hoy en que haya verdad, justicia y reparación con Oscar William Calvo y con otras y otros compañeros víctimas de graves violaciones. Entre ellas por lo menos un millar de víctimas fatales ocurridas en el entorno del Frente Popular y de organizaciones sociales influenciadas por el PCC ML y el EPL. Pero ello debe indicar también nuestra plena disposición y la coherencia política y ética para comprometernos también con esfuerzo similar frente a todo tipo de violaciones e infracciones cometidas. Por ello nuestra solidaridad va también por los casos de la Unión Patriótica, de otras organizaciones de izquierda, de líderes del Partido Liberal y entre ellos Luis Carlos Galán, de líderes del Partido Conservador y entre ellos de Álvaro Gómez, de dirigentes populares, obreros, maestros, campesinos e indígenas, pero también de los hacendados, ganaderos e integrantes de otros sectores que fueron igualmente atropellados así como de las víctimas de la fuerza pública contra quienes se atentó en condiciones de indefensión o mediante otro tipo de violaciones. Sólo así tendremos un propósito claro y una apuesta coherente hacia cerrar el ciclo de violencia y contribuir a la búsqueda definitiva de la paz, sin desmayar en el norte de nuestra apuesta general de consolidar un proyecto democrático de sociedad y Estado, en el cual sin duda la Constitución Política expedida por la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, sigue siendo el referente fundamental a aplicar.

1 Texto de referencia de su intervención en los actos en memoria de Oscar William Calvo, a los 25 años de su muerte, realizados en Medellín el 1 de diciembre y en Bogotá el 2 de diciembre de 2010.

 
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