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  La paz en Colombia: entre expectativas e incertidumbres
  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional
   
 

Durante los últimos días el tema del conflicto interno armado estuvo en la agenda nacional, no sólo porque hubo nuevamente muertes que causaron profundo impacto –el asesinato de los cuatro miembros de la Fuerza Pública a manos de las FARC-, sino también porque se dieron reacciones ciudadanas y múltiples pronunciamientos del presidente Santos y de los grupos guerrilleros. Veamos la secuencia de hechos y la valoración que podemos derivar.

En lo que todo indica fue un intento de rescate por el Ejército de los miembros de la Fuerza Pública secuestrados, cuatro de ellos fueron asesinados por sus captores y uno más logró escapar. Esto generó, como era esperable, un gran repudio nacional y se concretó la realización de una marcha de rechazo al secuestro, por la libertad de los secuestrados y en contra de la violencia, especialmente de las FARC.

El intercambio de discursos

En días posteriores, con motivo de la realización de la cumbre de la CELAC en Caracas, las FARC decían en carta dirigida a los presidentes y jefes de Estado, “La paz nunca será fruto de rendiciones humillantes que contribuyan a atornillar aún más en el poder a los responsables de esta tragedia nacional, jamás cambiaremos los alzados en algo que permita que todo continúe igual. Un diálogo con plenas garantías, de cara al país, al continente y al mundo, con participación popular, que modele una recomposición institucional y política; que abra las compuertas a profundas reformas democráticas es la fórmula que repetidamente hemos planteado las FARC y que aspiramos se haga realidad muy pronto.” Y el ELN en el mismo sentido planteaba en su propia comunicación a los mandatarios latinoamericanos, “La paz es una urgencia ineludible para Colombia, sólo que esa paz es justicia y equidad social, es democracia y soberanía, es un proceso que hace indispensable que se escuchen los clamores del pueblo y la nación. No es un acto ni un decreto, es un proceso consensuado, donde las partes nos escuchemos y nos coloquemos de cara a las mayorías, como el sujeto de cambio y de futuro… solicita a ustedes la urgencia de sostener diálogos directos y al más alto nivel, que avizoren un camino cierto para la paz de Colombia y eviten que sus consecuencias sigan generando tensiones en la región.”

Por su parte, el presidente Santos en Caracas respondió dichos pronunciamientos, enfatizando en la necesidad de una real voluntad de paz: "Si vemos esa voluntad real, estamos más que dispuestos a sentarnos a encontrar esa solución pacífica", y agregó el Jefe de Estado colombiano, enfatizando la tesis que ha manejado su Gobierno y es que el conflicto interno armado es un problema de los colombianos, a diferencia del Gobierno anterior que pretendía, infructuosamente, vincular a sus vecinos en la lucha contra las guerrillas, "Por ahora la mejor forma de ayudar es no hacer nada. Dije en mi posesión que la paz es un asunto interno colombiano, y vamos a resolverlo los colombianos", pero seguidamente dijo que si ve esa voluntad de paz  "Ahí sí acudo a ustedes para que nos ayuden y a todos ustedes o algunos de ustedes que pueden ayudarnos a acelerar los procesos, a iluminarnos, a hacer sugerencias. Seguramente los vamos a necesitar y seré el primero en acudir a ustedes" con lo cual deja abierta la posibilidad de participación de mandatarios de la región en un eventual proceso de paz con las guerrillas.

La marcha ciudadana de protesta

El 6 de diciembre y precedida de una campaña publicitaria de los medios de comunicación y del Gobierno, se realizaron en varias ciudades del país y algunas del exterior las marchas contra el secuestro, por la libertad incondicional de los secuestrados y contra la violencia. Si bien estas marchas son una manera de reafirmar el amplísimo rechazo de la sociedad colombiana a la violencia, al secuestro y también a la insurgencia, sin embargo, hay que señalar que en esta ocasión la participación ciudadana fue sensiblemente menor que en las de febrero de 2008. Explorando la razón de  esto, se puede aceptar que la lluvia pudo desestimular cierto nivel de participación, igualmente que la publicidad fue menor y que al parecer ciertos sectores no se movilizaron con igual entusiasmo que para ciertos sectores la marcha era sólo para condenar uno de los actores y por lo tanto no favorecía posibilidades de paz, pero probablemente lo que más incidió fue una especie de fatiga de amplios sectores con esta modalidad de movilización que para muchos no es evidente que genere resultados tangibles, es probable que a diferencias de otras latitudes que se colocan como ejemplos, en Colombia si no hay resultados tangibles pareciera darse una tendencia al desestimulo –pero esto debería ser objeto de mayor estudio por los especialistas.

Nuevos intercambios verbales

A raíz de  estas movilizaciones ciudadanas y ante una carta de las FARC anunciando la liberación unilateral de seis secuestrados, a un grupo internacional de mujeres que le habían solicitado previamente como acción humanitaria unilateral la liberación de los miembros de la Fuerza Pública en su poder, el presidente Santos planteó que estaba dispuesto a acordar los términos para la liberación de los secuestrados e insistió en que si hay liberaciones unilaterales de los miembros de la Fuerza Pública secuestrados por las FARC se podría abrir el espacio para un acuerdo de paz, dijo, “como un paso” para “llegar a un acuerdo de paz”. Porque el Gobierno debe tener hechos que le permitan evidenciar, ante un amplio sector de la opinión escéptico de los diálogos, cómo justificar y convencerla de la importancia de éste camino para terminar definitivamente esta confrontación entre compatriotas.

Pero, en un comunicado de Timoleón Jiménez, en respuesta a las marchas, insistió en la vieja tesis de Manuel Marulanda del acuerdo humanitario, pero reiteró igualmente la idea de la solución política del conflicto armado, dijo, entre otros pronunciamientos: “Y porque cualquier acuerdo humanitario puede abrir las puertas a un diálogo por la paz en Colombia… Nos conmueven las consignas de los marchantes que salen a la calle a exigir el intercambio humanitario, la solución política, el inicio cuanto antes de las conversaciones.” Igualmente critica al presidente Santos por lo que denomina un lenguaje guerrerista, “…el más intenso y palpitante anhelo de los colombianos es la paz, mientras que de la boca de Santos no brotan más que amenazas de profundizar la guerra.”

Adicionalmente el presidente Santos sabe que una adecuada ejecución de la ley de tierras y de reparación de víctimas, es un gran salto adelante en el camino de la paz –se quita otro de los argumentos que han justificado la violencia en el pasado-, además de ser un avance fundamental en la consolidación del Estado de derecho y de la democracia y que permitirá acercar la posibilidad de unos diálogos productivos y eficaces con la guerrilla para el cierre político de la confrontación armada. Pero, hay enemigos muy grandes de la ejecución de la misma y por lo tanto se requiere, no sólo proteger a las víctimas para que no las maten, como ha venido sucediendo con algunos de sus líderes sino para que haya una presión social que la apoye, y para esta protección, así como para acompañar el proceso, como no es suficiente la acción preventiva y reactiva de la Fuerza Pública contra las fuerzas oscuras que están oponiéndose, sería muy pertinente que el Gobierno estimulara la organización de las víctimas y de los campesinos demandantes de sus tierras despojadas para que ellos como fuerza social dentro de la democracia, sean apoyo del Gobierno en la restitución de tierras y al mismo tiempo ejerciendo el derecho a la participación, sean una verdadera auditoría social en la ejecución de esta política.

No hay duda que un empuje decido del Gobierno en la ejecución de esta ley es moverse en la dirección correcta, con lo cual envía un mensaje contundente a la insurgencia evidenciando que más allá de los discursos, hay voluntad de crear condiciones para diálogos útiles que cierren este ciclo de violencia.

Un balance final

El balance que se puede hacer es que el escenario de posibilidades de acercamientos para la búsqueda del cierre negociado del conflicto interno armado, es hoy más positivo, lo que no significa ni que esto se vaya a dar inmediatamente, ni que sea un escenario fácil, por el contrario está plagado de dificultades. Pero, pareciera que si las FARC persisten en la liberación unilateral de los once miembros de la Fuerza Pública secuestrados, y no insiste en la propuesta de acuerdo humanitario, que cada vez tiene menos viabilidad, sin duda eso abriría las compuertas para que se den aproximaciones entre las partes, que ojalá sean de carácter reservado y exploratorio, para que ambas posturas valoren de manera tranquila e integral si efectivamente consideran que hay posibilidades reales de avanzar hacia una paz negociada.

Ahora bien, esto se facilita si como algunas pistas parecieran sugerirlo, se están dando pasos serios y reservados para construir un canal de comunicación serio y confiable entre las partes, que permita en el momento en que lo consideren apropiado intercambiar propuestas iniciales que puedan confluir en estructurar un nuevo proceso de diálogo entre las mismas.

Por supuesto, lo anterior no está exento de obstáculos y conspiraciones, pero un gran desafío es lograr que aumente el número de colombianos que consideren esta vía negociada de superación del conflicto armado fatigante, como la mejor y más racional. Es decir, apoyo de opinión pública.

Edición N° 00284 – Semana del 9 al 15 de Diciembre de 2011
 
 
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