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Las Basuras en Bogotá: una batalla que Petro libra a placer

  Hernán Suárez
  Asesor editorial
   
 

El Plan de Petro: Reducir la tasa media de ganancia a sus justas proporciones

En la lucha contra la corrupción el alcalde Gustavo Petro ha superado la tradicional medianía nacional de “reducirla a sus justas proporciones”, que en su momento estableció el ex presidente Turbay Ayala. Como senador y como candidato esta bandera le mereció reconocimiento nacional y el triunfo electoral como Alcalde de la ciudad. Desde la alcaldía ha cumplido con su promesa de combatirla sin cuartel, hasta el punto de utilizarla, en no pocas ocasiones, en un lugar común para descalificar a sus opositores, que no son pocos, con el anatema de ser “representantes de la corrupción o servirles inconscientemente”.

Con su particular estilo de confrontación y de gobernante en campaña, Petro enfrenta el tema de la recolección de basuras, no tanto para combatir la corrupción, como para “reducir a sus justas proporciones” la tasa media de ganancia de los empresarios de la recolección de basuras y “reciclar” o recambiar a las empresas privadas que han usufructuado jugosas ganancias, tras largos años de explotación del servicio de aseo, mediante concesión a término fijo y que estas pretenden convertir en una concesión a perpetuidad.

La radicalidad de sus políticas y acciones estriba más en las formas y maneras de su defensa, que en el alcance de las mismas. En reciente entrevista al Espectador señalo: “Ser humildes con el pueblo” significa ser altivos con los poderosos. Ese valor de altivez se ve, desde la otra perspectiva, como soberbia. Aquí no hay un portero que no reciba mi saludo. Pero eso tiene su otra cara: no me verá un señor empresario poderosísimo arrodillándome porque él es rico. Es lo que hemos demostrado con el aseo”.

Sus opositores no se quedan atrás: con claros intereses, cerca de 360.000 millones anuales y con utilidades superiores al 30%, en evidente riesgo de perder sus privilegios, con  gran influencia en instancias del poder público y político, apoyados en la fuerza y poder de los micrófonos, han realizado una acción sistemática de resistencia a las decisiones y anuncios del gobierno distrital.

Por su contenido, la política de basuras de Petro no transciende el intervencionismo liberal de controlar indebidas ganancias por parte de un sector económico y los abusos derivados de una posición dominante en la prestación de un servicio público. Lo revolucionario de su política no es el establecimiento de un sistema mixto público-privado, vía una nueva licitación. Lo revolucionario es, sin duda alguna, su propuesta de Basuras Cero, que incluye un programa social en favor de los recicladores amparados por un fallo constitucional, con lo cual se pone de acuerdo desde los fervientes ecologistas y ambientalistas hasta los más creyentes seguidores del Procurador Ordoñez y las huestes del presidente Uribe.

La prestación del servicio de aseo por parte de una empresa pública, no es una novedad del alcalde Petro, se ha hecho y se está haciendo en otras ciudades, como tampoco es una amenaza para el modelo de iniciativa privada, ni es contrario  a la libre competencia contemplada en la ley. El manido y citado caso de las Empresas Públicas de Medellín así lo demuestra.

Los anuncios del alcalde  sobre cómo va realizar la transición del actual sistema (privado por concesión) a uno nuevo (público-privado) pueden tener improvisaciones, radicalidad de megáfono, contradicciones, interrogantes, pero está lejos de ser un proceso de estatizaciones indebidas, ni un intento de chavismo bogotano, simplemente es una iniciativa amparada en la  ley, de “aumentar en sus justas proporciones” la participación del sector publico en la recolección de basuras.

Petro no es un gobernante gerente-administrador, es un alcalde que hace política gobernando, lo cual tampoco es una novedad en nuestra historia más reciente, ni es un signo de izquierda. Sus acciones de gobierno siempre tienen un componente de campaña política, un sesgo de clase y por ende es inevitable la confrontación, la diferenciación, la escisión de la opinión pública frente a sus promesas o ejecutorias.

Sus iniciativas de recoger por un tiempo las basuras a través de la Empresa de Acueducto como medida de transición, convocar una nueva licitación en la cual tenga cabida el sector privado y una parte el sector público mediante reparto “salomónico” de las zonas de recolección, implementar el programa Basura Cero y dar cumplimiento a la protección y derechos de los recicladores, bien podría haberse realizado mediante una licitación publica dura, altamente intervencionista, que incluyera una rebaja sustancial de las tarifas y los márgenes de utilidad (los amenazados empresarios ofrecieron una rebaja del 25%) y elevadas condiciones de eficiencias.

Petro escogió un camino distinto, para nada santista, el de la confrontación a los “poderosos” en nombre de los débiles, del cual aspira a sacar nuevos recursos para las  finanzas distritales, restablecer en sus “justas proporciones” el sector publico de servicios, lograr credibilidad y respaldo en los estratos uno dos y tres  mediante la rebaja de tarifas, que se traduzcan en réditos políticos a presente y a futuro. Es su apuesta, es su riesgo. Es la batalla que está librando a placer.

Por eso el alcalde quiere que la revocatoria a su mandato se inicie lo más pronto. Antes del año legalmente establecido. Con total claridad lo manifiesta: “Vamos a resistir una campaña el año entrante que yo quiero que se dé: la revocatoria del mandato. Quiero que se dé porque nos pone de nuevo en campaña. Nosotros necesitamos estar otra vez en la calle, gobernar en la calle”, conquistar espacios que por la enfermedad he dejado”. (El Espectador, Domingo 30 de noviembre)

Pero por esas paradojas de la historia y de la política, una vez más Enrique Peñalosa se le atraviesa en el camino al declarar: “De ninguna manera participaría ni me interesa un esfuerzo de revocatoria”, (…) recordó que contra él se adelantó un esfuerzo de revocatoria porque “estaba haciendo cosas en beneficio de la ciudad (El Espectador, diciembre 3). Un inesperado respaldo para bien de Petro y de la ciudad.

Edición N° 00332 – Semana del 7 al 13 de Diciembre de 2012
 
 
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