PODEMOS: de la mayoría social a la mayoría política

  Felipe Pineda Ruiz
  Publicista Politécnico Grancolombiano, activista social
e Integrante del Centro de Estudios Democracia HOY
   
 

Hace tan solo 8 meses, Podemos, agrupación conformada por un grupo de docentes de la Universidad Complutense de Madrid y decenas de manifestantes que se congregaron el 15 de Mayo del 2011 en diferentes ciudades españolas, el autodenominado 15M, debutaba en el escenario electoral de España. En esa primera salida logra el 8% de los votos totales a las elecciones al Parlamento Europeo, alcanzando 5 de las 58 curules que le corresponden al país ibérico y sumando 1.245.000 electores. La idea de construir una fuerza para llegar a ser poder encaminando la indignación hacia las urnas, ubicó a Podemos, en tan corto tiempo, como la fuerza política en España con mayor proyección de futuro.

La reciente encuesta, publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), a principios de noviembre, ratifica dicho ascenso al ubicar a la agrupación liderada por Pablo Iglesias en el tercer lugar de intención de voto para las elecciones generales de noviembre de 2015. Podemos, si las elecciones fueran hoy, alcanzaría el 22,5% de los sufragios a tan solo 5 puntos del Partido Popular, 27,5 de los votos, y levemente por debajo de quien se sitúa en segundo lugar, el PSOE, el 23,9% del total1.

Los números marcan un aumento vertiginoso para esta joven casa política, pero más allá de esto, una tendencia inusual en el electorado español que, por primera vez, en más de 30 años vislumbra algo que parece no tener reversa: el bipartidismo, representado por el PSOE-PP, parece llegar a su fin.

Desde aquel momento en que Podemos logró instalarse en la política oficial, los calificativos y ataques por parte de miembros de los dos partidos políticos tradicionalmente más representativos de España, el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, se han recrudecido con el tiempo: “Freakies de corto recorrido de ámbito madrileño”, en palabras del actual presidente Mariano Rajoy, “cubanos”, “chavistas”, “iraníes”, “etarras”, “comunistas", “telepredicadores”, “perroflautas”, “enemigos de España”, en palabras de algunos otros políticos connotados pertenecientes a las dos agrupaciones dominantes, marcan la propensión miope del bipartidismo, de repetir los manuales discursivos que intentan estigmatizar a los proyectos alternativos sin medir las consecuencias, que no son otras que el meteórico avance de esta colectividad.

PODEMOS y el contexto español actual

Audacia, decisión y una estrategia clara de definir a los culpables de la crisis como un círculo reducido de amigos que se ayudan unos a otros, en detrimento de los intereses de las mayorías, haciendo uso del famoso “Somos el 99%”, consigna predicada por el movimiento Occupy Wall Street, fueron parte de la táctica que hizo posible el ascenso vertiginoso de esta agrupación cuyo centro de operaciones es un local modesto ubicado en Lavapiés, uno de los barrios más multiculturales y con más rica historia de luchas sociales en la capital española.

La condición socio-económica de la España contemporánea, el desempleo reinante, que ronda el 24% y cuyos principales afectados han sido los jóvenes menores de 25 años, franja de edad donde los niveles de desempleo se sitúan en el 52,3%, y el hastío con el sistema político, convirtieron a Podemos en una opción política real para miles de españoles, muchos de ellos procedentes de barrios periféricos de grandes ciudades que en el pasado votaron de manera indiferenciada por partidos de diverso matiz ideológico.

En medio del descrédito de una mayoría desilusionada con el rescate a la banca y la impunidad penal con los grupos financieros; indignada con la corrupción de la institucionalidad, en la que el ciudadano del común también incluye a las viejas estructuras del gremialismo y sindicalismo, emerge Podemos como un proyecto político transformador, con un abanico de propuestas realizables, que apuesta por intentar algo impensable hace un año: “sí se puede echarlos a todos (los que detentan el poder)...y de una vez por todas”.

Superando aquellas posiciones, algunas veces desesperanzadas, de quienes desconfían de la lucha electoral, atravesando las visiones románticas que ponen a los movimientos sociales como los únicos capaces de responder a las necesidades de las amplias mayorías, al mejor estilo de las teorías esbozadas por Toni Negri y Michael Hardt en su voluminoso acervo bibliográfico, Podemos encontró el camino para seducir a parte de aquella marea de ciudadanos y ciudadanas inconformes que se movilizaron el 15M.

La concepción de poder y el análisis discursivo de Podemos

A pesar de su plataforma de corte progresista, de izquierda más a la izquierda del PSOE y probablemente más a la derecha de Izquierda Unida, Podemos ha logrado reinventar el antagonismo izquierda-derecha, por momentos cosmético, que ha dominado la política española desde 1982, para situar otro tipo de disyuntivas y ejes conceptuales en el radar de la ciudadanía: oligarquía vs ciudadanía, continuidad vs ruptura, o pueblo vs casta, han sido algunas de las contradicciones atizadas por la agrupación para  establecer antagonismos irreconciliables, pero oportunos, entre los de arriba y los de abajo.

Miguel Ángel Aguilar, analista político español, duda vehemente de la opinión de algunos críticos que desestiman el alcance y las intenciones de Podemos al dar cuenta de notorias similitudes entre el PSOE anterior a 1982 y el Podemos de 2014 al señalar: “Podemos está haciendo un ejercicio de contención, frente a la pretensión del PP de recurrir al miedo a lo desconocido. Podemos no habla de izquierdas o derechas, sino de la gente que viene de abajo, y no critica que un 17% de los que muestran su apoyo pueda llegar del PP, al revés, lo ve como un elemento positivo. Eso siempre sucede cuando se percibe el vértigo ante la posibilidad real de gobernar”2.

Acerca de lo que esta colectividad significa para el establecimiento, el análisis del catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla Juan Torres López, publicado en su blog para el Diario Público, nos ofrece claves que aportan un entendimiento más profundo sobre el alcance de la contrariedad entre Podemos y los sectores de poder: “No tienen miedo de la formación que lidera Pablo Iglesias sólo porque sepan que podría tomar medidas para acabar con los privilegios oligárquicos que provocan las crisis y el atraso económico. Lo que sobre todo les aterroriza es que Podemos encendiera las luces para que todos los españoles se enteren de cómo se han enriquecido quienes vienen detentando el poder político, judicial, económico y financiero en los últimos decenios gracias al dinero público y a su información privilegiada”3.

La idea de sintonizarse con las mayorías en torno a una victoria cada vez más cercana, y desde el mismo Estado español hacer transformaciones estructurales graduales, es una de las constantes en cada una de las intervenciones, manifiestos y comunicados de esta agrupación surgida en el seno de la Universidad Complutense de Madrid.

Ese deseo de esperanza y cambio profundo, que el círculo más visible de Podemos autodenominado Claro que Podemos hace público, es ejemplificado en su documento más reciente cuando menciona “La Asamblea Ciudadana Sí Se Puede es un momento crucial en el que tenemos que construir una fuerza política y una organización que sean capaces de articular una voluntad popular nueva. Y lo tenemos que hacer reforzando la democracia con eficacia. Podemos tiene que ser una máquina cada vez más potente al servicio de la mayoría social que ya quiere un cambio y bajo su control. Una máquina capaz de desalojar del poder a la casta y devolvérselo al pueblo”4.

El discurso de Iglesias, Monedero y Errejón, aunque por momentos se acerca a las orillas del radicalismo, percibe la necesidad de ir más allá de la izquierda para darle un ritmo expedito y efectivo a la victoria y más fuerza al descontento reinante. Iglesias lo comprende y lo hace evidente al señalar “Cuando se produce una crisis que provoca injusticias que son palpables por todo el mundo, son momentos en los que a la gente que procede de valores conservadores, la crisis también les duele y les afecta. A la gente de derechas tampoco le gusta que le roben. A la gente de derechas no les gusta que les tomen el pelo”.

Tras bambalinas en Podemos

Podemos, al igual que muchos proyectos políticos iberoamericanos, ha encontrado en el ascenso de un liderazgo carismático la manera de crecer de manera exponencial. Pablo Iglesias ha convertido a esta incipiente colectividad hace unos meses, en una demoledora máquina de opinión que crece en la medida en que sus contradictores se encargan de atacarla y difamarla.

Sin embargo, detrás del fenómeno Iglesias se encuentra una pequeño círculo que discute palmo a palmo, en privado, cada debate a realizar, cada alocución televisiva, cada énfasis conceptual a incluir.

Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero, Luis Alegre y Carolina Bescansa, son esa guardia pretoriana que se esconde tras bambalinas en Podemos. Todos tienen en común el haberse conocido o haber pasado por la misma universidad, la Complutense de Madrid; el ser colaboradores del Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS) y el haber militado o simpatizado con Izquierda Unida. Sin embargo, el factor cohesivo que los tiene en esta apuesta arriesgada de consolidar un partido político, es sin lugar a equívocos, la desazón con la clase política española y con las agrupaciones denominadas de izquierda existentes.

Íñigo Errejón es el abanderado de la planeación de las campañas de la agrupación. En los recientes comicios europeos fue el estratega de aquella exitosa contienda donde debutaron con la elección de 5 eurodiputados. Doctor en Ciencias Políticas, Errejón ha sido asesor de varios gobiernos de corte progresista en Latinoamérica. Su tesis sobre el primer gobierno del MAS en Bolivia, titulada La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo, se ha convertido en un referente dentro de la extensa bibliografía sobre los gobiernos progresistas y de izquierdas que han irrumpido en Latinoamérica durante los últimos 15 años.

Juan Carlos Monedero es el segundo al mando de Podemos, su amplio recorrido en el sector académico, en el cuál permanece activo como Profesor de Ciencia Política de la Complutense, y su amplio currículo como asesor de diferentes gobiernos, en especial el venezolano, lo convierten en el cuadro político con mayor experiencia en medio de un equipo repleto de rostros jóvenes. Monedero, además, jugó un papel de primer plano asesorando a Izquierda Unida en la época en que Gaspar Llamazares ejercía como Secretario General de dicho partido.

Otros connotados miembros de la primera línea que acompaña a Pablo Iglesias son Luis Alegre, coordinador de la asamblea ciudadana, que ha constituido oficialmente a Podemos como partido y Carolina Bescansa, encargada del análisis general de la organización.

Podemos, el patriotismo y el bipartidismo español

En pocos meses de existencia, Podemos no solo se ha instalado en el centro de la política española, sino que también ha encontrado la manera de capitalizar el resentimiento del grueso de la población.

Recordarle al ciudadano del común aquella complicidad que existió entre medios de comunicación, la dupla PSOE-PP y las élites financieras en medio de la crisis para vender, casi por asalto la premisa: “es necesario y responsable hacer recortes y reformas económicas por el futuro de España” al margen de la opinión pública, ha terminado por darle valor al concepto de “castas a las cuales se debe derrotar” popularizado por Pablo Iglesias en su ejercicio mediático-político5.

A diferencia de agrupaciones de izquierda como Izquierda Unida o el mismo Unión, Progreso y Democracia (UP y D), que califican cualquier alusión al patriotismo como “reaccionaria” o “derechista,” Podemos ha encontrado la manera de involucrar en su discurso a la nación española y a las mismas Fuerzas Armadas, como una manera de desmarginalizarse y desarmar discursivamente a la extrema derecha ibérica, al Partido Popular y, de paso, poner en aprietos al PSOE, agrupación a la que intenta disputarle la hegemonía del progresismo institucional.

Podemos no solo ha logrado convertirse en la tercera fuerza política en España, sino que ha acelerado el comienzo del fin del bipartidismo que se ha mantenido en el poder en las últimas 3 décadas.

Las cifras al respecto parecen no merecer discusión alguna: entre las elecciones europeas del 2009 y las del 2014, el dúo PSOE-PP ha pasado del 82 al 50% de los votos totales, lo que en términos numéricos representa una fractura irreversible de la troika que ha dominado al país político desde el retorno de la democracia.

La hipótesis tuerka de Podemos

Lejos del academicismo radical y marginal de Izquierda Unida y de la postura abiertamente en defensa del establecimiento representada en el PSOE, Podemos ha desarrollado un concepto particular, denominado por su líder Pablo Iglesias como“hipótesis Tuerka” el cuál, en sus propias palabras define como: “Uno de los dramas de los movimientos socialistas y del marxismo ha sido su incapacidad para disputar las cosas normales que están en la cabeza de la gente, lo que llamamos hegemonía, lo que implicaría convertir los puntos fundamentales de la izquierda en “sentido común”6.

Esa síntesis, que recoge parte del concepto de la hegemonía gramsciana desde la perspectiva de la sociedad, el partido y el Estado, hace parte de la lucha diaria del cuartel de Podemos en la arena política.

Detrás de este novel partido, no existe una simple lectura que involucra teorías de ciencia o marketing político, también la sociología, la semiología y el sentido común cobran vida dentro de su amalgama exitosa. Interpretando aquel carácter testarudo del español promedio, que encuentra en la terquedad una manera de hacer frente a la adversidad, el solo nombre de la agrupación de Iglesias ha ofrecido una pauta de la intención de esta colectividad de “lograr el poder o desistir en el intento”, presentándose en contienda como una propuesta ganadora capaz de derrotar al voto útil, obstáculo principal de las agrupaciones de corte alternativo para seducir a las mayorías.

Esa testarudez creativa, que ha sabido galopar sobre la testarudez inflexible del establecimiento español, le ha abierto la puerta a un proyecto que ha acertado instalando en el imaginario una plataforma programática renovadora. La propuesta de Podemos incluye, entre otros puntos, la institucionalización de la renta básica universal, la auditoría a la deuda pública estatal, el no al rescate de la banca con fondos públicos y la regulación de los movimientos de las grandes empresas en paraísos fiscales, replanteando y moderando cada una de sus propias propuestas hasta convencer al grueso de la población española que este tipo de políticas públicas son ejecutables desde el poder.

Son pocos los experimentos políticos en la convulsa Europa de la actualidad, en donde la indignación social logra ser canalizada por movimientos o partidos políticos que emergen del corazón de la ciudadanía de a pie. Junto a los casos de Siryza en Grecia y el Sinn Fein irlandés, Podemos, es una de las únicas propuestas que se ha lanzado a la arena electoral para intentar transmutar las mayorías sociales en mayorías políticas con una pretensión clara de darle forma a la utopía a través de la toma del poder.

Twitter: @pineda0ruiz – pinedaruiz@hotmail.com

Edición N° 00425 – Semana del 14 al 20 de Noviembre – 2014
 
 
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