Ni apaches, ni británicos, ni gringos

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

“Durante más de 200 años, nuestra tradición de acoger a los inmigrantes de todo el mundo nos ha dado una enorme ventaja sobre otras naciones. (…) Mis conciudadanos, nosotros somos y siempre seremos una nación de inmigrantes. Nosotros también una vez fuimos inmigrantes. Y si nuestros antepasados fueron inmigrantes que cruzaron el Atlántico, o el Pacífico o el Río Grande, simplemente estamos aquí porque este país les dio la bienvenida…”. (Obama, anuncio de las nuevas medidas migratorias la semana pasada).

El presidente de EEUU trata de dar una solución a los actuales inmigrantes de su nación. Paradojas del correr de la historia, pues en la conquista y en la colonización de Norteamérica, los nativos, al igual que hoy los republicanos, no pensaban lo mismo de los inmigrantes. Obama borra a esos pueblos nativos y comienza la historia desde la Independencia. Igual pasa en Colombia y en varios países.

Por lo general, en las películas gringas de vaqueros los “indios” eran los malos. Los buenos eran los “caraspálidas” inmigrantes, representados en los Cartwright de Bonanza y en personajes como el Llanero Solitario pese a tener de parcero a un nativo: Toro. También eran de los buenos los soldados de Rin Tin Tín y otros de varios “westerms”, delicias de niños y grandes de casi todo el mundo.

Los caraspálidas eran, claro, blancos, algunos ya nacidos en América y otros en Europa. Pese a que se trataba de películas del oeste y del sur, desde allí se puede ver la evolución histórica de la demografía y de la política de todo Estados Unidos.

Los indígenas, verdaderos dueños de tan inmenso territorio, fueron prácticamente exterminados, salvo algunos pocos que hoy habitan las constituidas reservas, donde intentan conservar sus costumbres más que todo para los turistas y porque son territorios donde se permiten casinos libres de impuestos. He allí una gran diferencia con la conquista de Latinoamérica, donde pese a las masacres y malos tratos la población indígena se ha conservado en mayor cantidad, así sea hoy minoría y aún atropellada.

Una vez reducidos los nativos a una mínima expresión, Estados Unidos fue por mucho tiempo una población de rubios, descendientes puros de europeos, sobre todo británicos. Luego empezaron a llegar inmigrantes italianos, de otros países de Europa, de Asia y de varias regiones del mundo buscando “the american dream”. A principios del siglo XVII (1619) empezó a llegar la población africana, pero totalmente confinada, primero a la esclavitud y luego sometida a un indignante trato que solo empezó a mejorar desde 1955 con el llamado boicot a los autobuses de Montgomery.

Pero en las últimas décadas el coco para los estadounidenses “puros” han sido los latinos, quienes se han venido constituyendo en una cantidad apreciable que cada día crece más, hasta el punto de que se puede considerar protagonista de una gran invasión silenciosa, lo cual es paradójico ante la experticia gringa en invasiones, desde las militares ruidosas hasta las culturales y económicas semisilenciosas.

Obama, afroamericano y por tanto no latino aunque sí hijo de inmigrante, era el hombre indicado para reconocer esa realidad. Sin embargo, sin poner en duda sus convicciones, la demora de la reforma migratoria muestra que se trató más de política formal que de ideología. Fue una desesperada pero magistral jugada a tres bandas pese a los riesgos legales: se sobrepuso a la mala imagen que venía creciendo y le allanó el camino a su partido en las próximas elecciones, cuya candidata será seguramente Hillary Clinton.

Ni apaches ni británicos ni estadounidenses “puros” como tampoco los afroamericanos sabían para quién trabajaban: El imperio será algún día dominado por latinos. El interrogante es cuántos de esos latinos se “gringuizarán”. Prueba de ello es que uno de los senadores republicanos más opositores a la reforma de Obama es de apellido Cruz, el recalcitrante Ted Cruz.

Edición N° 00427 – Semana del 28 de Noviembre al 4 de Diciembre – 2014
 
 
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