ELN: declaraciones, dudas y esperanzas

  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

En reciente carta a la periodista María Elvira Samper1, y en entrevista publicada por el portal del ELN, titulada la “Paz no es una Zanahoria”2, el comandante del ELN Nicolás Rodríguez Bautista, - Gabino- alimenta nuestras esperanzas del fin del conflicto armado, como también lo hace el comandante Antonio García en entrevista publicada por el diario Tiempo Argentino3.

Lo hacen ambos cuando en sus declaraciones manifiestan rotundamente frases como, “Desde hace más de 20 años el ELN inició diálogos en búsqueda de la paz, que es nuestro máximo objetivo y sueño… asistimos al actual proceso, buscando poner fin a casi 70 años de conflicto ininterrumpido”4 y también cuando dicen, “Ojalá fuera mañana el momento de firmar los Acuerdos de Paz”.

Quienes estamos convencidos de la urgente necesidad de la terminación del conflicto armado, del clamor de la sociedad colombiana por la erradicación de las armas de la política, de la naturaleza perentoria de la obligación de recuperar el monopolio de las armas en manos del Estado y de la inaplazable urgencia de hacer cierta la promesa de la Constitución del 91 de un Estado Social y Democrático de Derecho no podemos menos que celebrar estas afirmaciones rotundas que hemos leído. Podemos decir, leyendo con atención los dos textos el de la carta y las entrevistas que quedamos convencidos de que existe en el ELN, una genuina intención de contribuir en la búsqueda de la paz en Colombia.

Pero esa lectura atenta también comporta la existencia de una serie de dudas que plantearemos a continuación, con el fin de contribuir también a una comprensión de las complejidades que este proceso aún tiene y tendrá:

La primera de ellas hace referencia a la definición del objetivo de la negociación con el gobierno. En efecto, distintas partes de los textos permiten pensar que para el ELN la negociación posible es una negociación de la Paz en su conjunto y no de la terminación del conflicto armado para proceder, sin él, a la construcción de la paz. A esa conclusión se arriba cuando se encuentran afirmaciones tales como las de Gabino, “soy uno de los convencidos que si hoy, a pesar de los enormes retos que tiene la lucha guerrillera, una organización se desmoviliza sin lograr cambios estructurales del Estado, otros hombres y mujeres se alzarán en armas” o cuando ante la pregunta ¿qué pretende el ELN de estas negociaciones? la respuesta de Antonio García es “Establecer una agenda que abra y permita a la sociedad colombiana, por sí misma (nosotros no podemos negociar en su nombre), identificar y definir el país que sueña y que es posible hacer realidad. Un mal acuerdo puede ser más perjudicial que el mismo conflicto que vivimos. Nosotros no tenemos afán de firmar cualquier acuerdo”.

No existe duda alguna que la construcción de paz sostenible y duradera deberá ser un esfuerzo del conjunto de la sociedad, que en su desarrollo deberá comportar diversos cambios tanto en la normatividad y arquitectura institucional, como en las prioridades, mecanismos y rutas que permitan un Estado garante de derechos, transparente, que rinda cuentas a sus ciudadanas y ciudadanos. También habrán de producirse cambios profundos en la ciudadanía para aclimatar una cultura de paz, para lograr una efectiva participación de esta en los asuntos públicos, etc. No son menores los retos en la lucha contra la pobreza y la desigualdad, contra la discriminación y por una relación autónoma con los demás países del mundo. Los movimientos sociales, las múltiples iniciativas de paz en el país coinciden en ello, pero también coinciden en que todo ello implica tiempos prolongados y esfuerzos sostenidos que requieren de la terminación del conflicto armado. Pero estos aspectos parecen estar, según se desprende de los textos mencionados, para los comandantes del ELN como parte esencial de la negociación misma con el gobierno y no como un proceso que si bien empieza con la negociación de terminación del conflicto armado, no forma parte de la negociación misma.

La segunda duda sobre la participación de la sociedad, surge de encontrar en los textos la insistencia en que “Nosotros siempre hemos dicho, que si en Colombia se llegara a abrir los cauces democráticos, para que las mayorías puedan luchar desde dichos espacios, sin necesidad de recurrir al derecho de la rebeldía, nadie se verá forzado a empuñar las armas, ese es el momento que deseamos y esperamos, es por ello que acudimos a los diálogos con el gobierno, con muchas expectativas.”, y que cuando se afirma que, “En esta línea definida por el Quinto Congreso, queda claro que los protagonistas son el pueblo y todos los sectores, que ven urgente un cambio social, donde sus objetivos sean la justicia y equidad social, la inclusión, la soberanía de las grandes mayorías y que los verdaderos dirigentes, son quienes están jalonando la lucha y organización popular y social”,  se da paso a pensar que la negociación de la terminación del conflicto armado es un asunto de negociación entre el ELN y el Gobierno con una agenda necesaria para esa terminación del conflicto armado y generar condiciones para que se abran los cauces democráticos para el proceso de amplia participación ciudadana, con la agenda propia de esa ciudadanía, en línea a la obtención de las transformaciones necesarias.

Pero al mismo tiempo parecería que lo anterior puede ser interpretado que para el ELN esta es en la práctica una negociación en una mesa de tres lados, en uno de los cuales está la sociedad civil y muy particularmente los sectores populares. Si esta interpretación fuera cierta además de los enormes retos y desafíos metodológicos que implica, entraría en una aparente contradicción con el objetivo principal de terminación del conflicto armado interno y con la autonomía de la sociedad civil.

La tercera duda surge de una afirmación de Antonio García, cuando dice a la pregunta ¿Cuál considera que es el resultado tras 50 años de existencia del ELN? “Lo hecho por nosotros no lo ha realizado ningún Estado del mundo: 50 años sosteniendo una fuerza peleando, creando mecanismos para construir una economía propia, unas formas de convivir con la sociedad en distintas partes del país. Recuerde que todo Estado tiene ingresos propios vía impuestos que garantizan su funcionamiento. En nuestro caso, nosotros no tenemos tales pagos garantizados, sin embargo nos hemos sostenido y aquí seguimos. Al volver la vista atrás y mirar nuestra continuidad y realidad actual, veo una comunidad, un proyecto de vida donde están conectadas varias generaciones. Aquí hay valores, principios. Hemos construido una forma de ver y luchar por la vida, la nuestra y la de nuestro pueblo, con un sueño de país que no es local sino continental y mundial.”

Si el ELN es un proyecto de vida, con las características que Antonio García define, que se valida a sí mismo y no se valida en el objetivo y proyecto político de conquistar a la mayoría de la población para una propuesta de Estado y sociedad, de ¿qué se trata entonces la negociación?

Las anteriores anotaciones están inspiradas en la necesidad de estimular la reflexión y obtener las claridades posibles, desde la orilla de la sociedad civil a la que pertenecemos, sobre las perspectivas de una negociación compleja, de la que Gabino  dice, “Hemos hecho un cuidadoso seguimiento al proceso de paz que desarrolla el gobierno y los compañeros de las FARC, con estos últimos hemos desarrollado importantes intercambios, concluyendo en la importancia de dos mesas con miras a un solo proceso, ello no niega que al final pueda haber una sola mesa”, lo que permite pensar y alimentar la esperanza de la paz, en tanto el ELN encuentra en la negociación del fin del conflicto armado, la expresión concreta y de corto plazo de su reiterada manifestación de compromiso con la paz.

Edición N° 00432 – Semana del 30 de Enero al 5 de Febrero – 2015

4 Nota del autor. Todas las citas de este texto son tomadas textualmente de las tres referencias anteriores y van entrecomilladas.

 
 
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