¿Cómo funcionan las cosas?

  Luis Bernardo Díaz Gamboa
  Postdoctor U. Politécnica de Valencia
   
 

Una gran amiga me obsequió un interesante libro, en el cual Ángel Beccassino hace una especie de entrevista al comunicador al jurista y politólogo, Alex Vernot. Se habla de numerosos tópicos como el poder político y económico, la corrupción, el machismo, la legalización de las drogas, el internet, la prostitución y el agua, entre otros.

Partiendo de que el actual sistema es injusto, plantea un “capitalismo social” que cierre la brecha entre ricos y pobres. Propone la solidaridad, democratizar el conocimiento y utilizar el sentido común para desentrañar el funcionamiento de las cosas, el título de la obra. Nos dice que los absolutos no existen.

La percepción de la religión moldea el comportamiento de los seres humanos en Latinoamérica, y “hace que las personas no vivan la vida como lo único que tienen por vivir, sino como una vida más. Y eso nos lleva a que nos permitimos pecar, obrar mal, porque finalmente hay un sistema remedial que nos permite corregir eso aunque lo hagamos… Podemos embarrarla porque luego lo podemos arreglar”.

Dice que “es preciso que la economía vuelva a ser una ciencia social e histórica, que recupere su alianza con la filosofía social y política, y no utilice la modelización matemática más que de manera accesoria e instrumental”.

También señala que el miedo es un instrumento de manipulación mediático el cual tiene grandes efectos como ocurrió en las pasadas elecciones. “La ley es un instrumento de poder, no de igualdad” y por ello la impunidad tan alta. La seguridad democrática es una falacia para intimidar. No se falla en función del derecho, sino en función de los intereses. Este país es un país de las mafias. “El hombre se refugia en la religión cuando no tiene explicaciones sobre el mundo”, dice Vernot en un brillante gesto laicista volteriano.

La educación está direccionada para la negación de las críticas de los sistemas imperantes. Un planteamiento erróneo en Vernot parte de creer que per se la inversión extranjera genera riqueza. No es ella la que la genera, sino los modelos de apropiación de la misma en los Estados. En Colombia es claro que el crecimiento del PIB no ha generado tasas de inclusión y superación radical de la miseria y la informalidad. Aunque matiza diciendo que “hay que generar una conciencia de lo social como interés del individuo empresario que hoy no existe”. Lo principal son los intereses colectivos, enfatiza. ¿Será suficiente?

Habla del poder re-evolucionario para intentar superar los intereses fuertes y darles preeminencia a los intereses débiles, que son los de la sociedad.

Demuestra cómo son los grupos de presión los que financian a los candidatos, desnaturalizando la democracia. Propone que el Estado financie las campañas para lograr legitimar la democracia y bajar la abstención.

Manifiesta que en las campañas electorales no se tocan los temas medulares de la crisis, como la concentración de la riqueza y si la actual riqueza sólo necesita 8 o 10 millones de empleos, y no el pleno empleo, con lo cual habría que realizar reformas estructurales.

Recuerda que la única seguridad hoy es que no hay seguridad, y siguiendo a Foucault, la única verdad hoy, es que no hay verdad.

Denuncia algo muy grave: los químicos que utilizan para los chicles o los productos “light” o “diet” utilizan “venenos potenciadores del sabor” como el glutamato monosódico, los cuales afectan las neuronas y generan derrames cerebrales, así como parkinson y alzheimer.

El glutamato es un aminoácido que estimula las papilas de la lengua y un área cerebral, haciendo renacer el sabor que los alimentos perdían luego de la coacción industrial. También se masificó en compotas para bebés. Luego se descubrió que afectaba las células nerviosas de la retina y la gente perdía la vista. También destruía partes del cerebro. Recuerdo lo que pasó con la Talidomida, que frenaba las náuseas en las embarazadas, pero al nacer, el bebé perdía sus extremidades.

Las reglas para los ricos son distintas para los pobres. El 85% de la gente pobre va más fácil a la cárcel si comete un delito, que el 15% de los estratos altos o medios altos, que saben que si pagan buenos abogados saldrán libres en un 99% (caso Andrés Colmenares). El 70% de los elegidos en cargos de poder reciben apoyos de los grupos de presión y trabajan para esos intereses.

Al privatizarse los servicios públicos, surgen otras riquezas como las EPS, las eléctricas, las mineras, etc. Por ello fue tan cuestionado por la oligarquía el alcalde Gustavo Petro, al haber re-estatalizado el servicio de recolección de basuras y habérselo entregado a recicladores (15.000), en lugar de monopolios vinculados incluso a paramilitares, según él mismo denunció. El gran beneficio económico del narcotráfico queda en las clases pudientes.

La salida es educativa: “debemos tratar de generar en el ciudadano de la base una conciencia de cómo son las cosas, cómo funcionan, para que ese ciudadano se dé cuenta de que ciertos actos que acepta, o tolera que hagan otros, 50% por ignorancia, por irresponsabilidad, y 50% porque cree que no importan, o no le afectan, pasen a ser “actos reflexivos”. Porque si la gente se da cuenta de cómo funcionan las cosas, de pronto va a participar políticamente y va a poder instalarse en el poder político un candidato que sea contrario a los intereses ilegales de esos grupos económicos, y favorable a los intereses de la mayoría”.

Tiene confusiones en cuanto al modelo: “Yo no tengo ningún reparo frente al capitalismo per se, como el sistema imperante, pero pienso, lo que en el país y el mundo está sucediendo tiene que ser la antesala del paso a un socialismo, a un capitalismo social o a un socialcapitalismo, un sistema económico, político, con un gran componente social”.

Las firmas encuestadoras manipulan a la gente. La gente cree que decide, pero lo que hace es seguir el mandato de otros (sistema cerrado). La gente no se preocupa de lo público, porque gasta todo el día en sobrevivir. La clase alta y media-alta es el 15% y decide los destinos del 85%. Estos últimos son los pobres, los guerrilleros, los soldados, los paras, los trabajadores. Los demás no ofrecen sus hijos e hijas al servicio militar para alimentar la guerra. Se trata de educar a la gente para que sepa cómo funcionan las cosas.

Entre un 25% y un 30% son personas honestas. Por eso la justicia no funciona. “Hoy fácilmente se puede decir que en el caso de Colombia todas las autoridades, la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría, no cumplen las funciones para las que fueron creadas, y es así porque su gestión se le entregó a los políticos y los políticos están entregados a sus propios intereses, a los intereses de los grupos económicos, a los de la mafia, del narcotráfico, de la delincuencia… En el tema de la justicia, la enfermedad se volvió normalidad”.

La pobreza está ligada al fenómeno del narcotráfico. Hay un millar de fábricas de armas ligeras en el mundo, en lugar de invertir en progreso. Por ello en Colombia la guerra se volvió un negocio. En Colombia hay 500.000 personas viviendo de la guerra. Hay 450.000 personas combatiendo a 10.000 guerrilleros. Por eso es un dilema el tema de la paz y aún más el posconflicto.

Recuerda cómo hay un modelo internacional injusto, donde las 500 personas más ricas del planeta poseen rentas mayores que los 416 millones más pobres. O –como dijo Evo Morales- que tres familias tengan rentas superiores a la suma de los PIB de los 48 países más pobres. El beneficio general de las actividades de servicio público tiene que ser para la comunidad, no para unos pocos. La privatización del agua es muy grave y con el fenómeno del niño sentimos más sus costos. El clientelismo y la corrupción electoral son la ventana del presente y el futuro. El político paga y luego hace lo que le da la gana. Por ello sigue el hambre y la pobreza. La re-evolución propuesta parte de superar la ignorancia del ciudadano que vende su voto.

La falta de conciencia es falta de educación, pero no la formal, sino en valores. La religión es un problema porque es cómplice de lo bueno y de lo malo, pues el que reza y peca empata. También hay que superar el sexismo o machista, pues lo que le es permitido a los hombres, no lo es para las mujeres.

La familia es otro problema, pues estimula la competencia, no la solidaridad. Todo está en crisis por el culto al dinero. Los referentes hoy están basados en el éxito a cualquier precio. Como dijo la mamá paisa a su hijo: “¡Mijo: haga plata como pueda, y si no puede, haga plata!”.

La sociedad de consumo está en crisis. “El consumidor debe morir, para que el usuario renazca”. La ciencia tiende a reemplazar a Dios. Hoy la religión no es lo fundamental, sino la cura del cáncer, la sequía, etc., por medios científicos. Pasamos un 80% con las soluciones tecnológicas y nos olvidamos de nuestro entorno humano. Hay temor al riesgo. “La mayor aventura hoy es sobrevivir al día… La sociedad dejó de tener sueños”. El servicio público se ha convertido en enriquecimiento ilícito para los que ostentan ese cargo, como ministros, congresistas, generales, etc.

Los particulares no deberían manejar la educación. Hoy se dedica un 80 o 90% de la educación a las ciencias exactas y un 10% al civismo, a la solidaridad, a las humanidades, Eso debería invertirse, educar personas con valores cívicos y sociales. La felicidad es la realización de la armonía con el mundo, no otra cosa.

El poder se convierte en instrumento de control, no de creación, de exclusión y apropiación de poder económico. Para Mao había que pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad.

Propone cambiar radicalmente la estructura financiera, pues si el dinero que hay en los bancos es de las personas, la rentabilidad del mismo debe compartirse: un 90% de los rendimientos para las personas cuenta corrientistas y un 10% para los operadores. Y el crédito centrarse en temas ecológicos, la vivienda, etc. En Colombia sólo le prestan al que tenga bienes suficientes para respaldar el crédito, por ello sólo un 20% accede al sistema financiero.

La banca debe ser un servicio público, no privado. El sistema de justicia se dedica en un 65% a atender las demandas de los bancos. La banca defiende los intereses privados, no el social. El Banrepública es cómplice. La empresa privada debe actuar dentro de los límites éticos y no pagar sobornos, el éxito a cualquier precio afecta el bien común. “No se piensa en producir, en generar riqueza, sino en apropiarse de la riqueza”, la línea fácil. Las bolsas de valores se volvieron casinos.

La ambición de riqueza sin límite es una enfermedad mental.

No nos escuchamos, “monologamos todo el tiempo”. Tampoco dialogamos.

“Es más importante ser rico, ser famoso, ser popular… Ser una persona digna, decente, espiritual, no le interesa mucho a la gente. Por sobre todo importa la materia, la parte material, la parte económica”. El nivel de corrupción va ligado al nivel de desarrollo de la sociedad. Aquí priman los antivalores y es mejor ser rico que ser honesto. Los que hacen la ley son los que más poder tienen a favor de sus intereses particulares.

A los dueños del poder político no les interesa que la gente se concientice y se eduque, pues pueden seguir manipulándolos. Esto incide en altas tasas de abstención. La gente abstencionista no entiende que si uno no se mete con la política, la política termina metiéndose con uno.

Una frase desafiante: “Yo tengo la teoría de que la gente para casarse y para tener hijos debería tener un permiso del Estado. Porque con tu decisión, con tu hijo, afectas al presupuesto del estado, afectas el plan del Estado, afectas los servicios públicos del estado”. El tema es de mucho debate, por la experiencia China del hijo único.

El sistema siquiátrico está recetando Prozac en los adultos y Ritalina en los niños, que son medicinas enfermizas. El Estado-internet es un estado fascista donde todo se controla y donde si no figuras en las redes no existes. El tema ambiental es dramático, pues por vía de ejemplo con el agua tenemos que para el año 2050 7.000 millones de personas sufrirán escasez de agua en 60 países.

La crisis es de tal magnitud que “cualquier pescado que comas puede contener: fertilizantes (nitratos), materia fecal, pesticidas y fármacos veterinarios, residuos orgánicos, petróleo e hidrocarburos, disolventes clorados, fluoruros, metales pesados (plomo y mercurio), sustancias disruptivas del sistema endocrino (esteroides y pastillas contraceptivas)”.

La desigualdad en el ingreso de la población colombiana refleja un coeficiente Gini de 58,5, lo que sitúa a Colombia en el octavo lugar entre los países más desiguales del mundo. El 49,1% de los ingresos el país va a parar a las arcas del 10% más opulento, frente al 0,9% que se queda en el lado de los más miserables. En síntesis, “Cómo funcionan las cosas” es un brillante testimonio de que lo que hay no sirve y que es necesario realizar procedimientos desde la formación ciudadana para cambiar esas cosas que funcionan mal o no funcionan.

Edición N° 00434 – Semana del 13 al 19 de Febrero – 2015
 
 
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