Un valioso documento

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

Pese a las críticas que ha recibido por su diversidad ideológica y de enfoque al igual que por su extensión, considero de gran utilidad el reciente documento titulado Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, emanado de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, conformada en la mesa de negociaciones de La Habana.

Precisamente esa diversidad muestra la complejidad del conflicto armado en el que está sumido nuestro país desde hace 50, 60 o hasta más años, porque ni en su duración existe claridad.

Quienes nos hemos dado a la tarea de iniciar la lectura de las 809 páginas, hemos podido constatar que se trata de un documento juicioso y profundo, y que una de sus mayores riquezas es la variedad en las apreciaciones.

La Comisión estuvo integrada por doce académicos, seis escogidos por el Gobierno y seis por las Farc. Pese a ello hay enfoques y criterios divergentes dentro de cada mitad como también similitudes entre miembros de las diferentes mitades.

Sin duda, este trabajo no es la verdad del conflicto ni decidirá las negociaciones de La Habana ni esa era la pretensión de las partes cuando encargaron su elaboración, pero sí aportará muchas luces a los acuerdos, tanto por su contenido como por la comprensión de que uno de los problemas que siempre hemos tenido es esa divergencia de opiniones que hace parecer que viviéramos en países diferentes.

Pero la utilidad de este documento no se debe limitar a las negociaciones de La Habana en sí. Los colombianos somos muy dados a hablar de la situación del país en todos sus órdenes, en especial el tema del conflicto y la paz está en boca de todos en los últimos años. Sin embargo, la profundidad es muy poca, incluso en personas que se supone deben conocerlo bien y que además toman las decisiones cruciales.

Es muy fácil y hasta entretenido para muchos sentarse a “arreglar el país” o tuitear lapidarias frases sobre diversas situaciones, pero falta profundidad sobre las causas y las consecuencias del conflicto y en general sobre la historia y la marcha de nuestra nación. No se trata de que todos tengamos que ser “violentólogos” o “pazólogos”, pero sí de que cada uno en su campo y según sus responsabilidades tenga el conocimiento adecuado para pensar, opinar y decidir sobre nada más y nada menos que su país.

Entender a cabalidad el conflicto de Colombia no es solo asunto de unos pocos que toman las decisiones o de los académicos. Los ciudadanos de a pie deben comprender bien por qué se están dando las negociaciones de La Habana y que allí se está jugando su futuro y el de sus hijos. Precisamente, parte de los escollos que han tenido los diálogos se debe a la falta de un conocimiento mínimo sobre la historia del conflicto e incluso sobre lo que hoy en día sucede.

Quizá por proteger nuestra salud mental preferimos quedarnos en los titulares y solo ahondamos en las noticias livianas. Sin embargo, debemos entender que todo tiene unas causas y unas consecuencias. La democracia exige ciudadanos, no solo informados, sino con capacidad crítica de los acontecimientos. Por ejemplo, el hecho de votar exige análisis y conocimiento dado la sagrada importancia del voto.

El Estado, la academia, la empresa privada, los medios de comunicación y las diferentes entidades de todo tipo tienen ahora la responsabilidad de hacer conocer de una manera clara y accesible el documento Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia. De resumirlo, de divulgarlo y de incentivar su discusión. Esa debe ser una contribución fundamental para la paz, se esté o no de acuerdo con el actual proceso.

De una u otra manera, los acuerdos de La Habana tendrán que ser refrendados por los ciudadanos para que tengan legitimidad, y esa participación democrática implica adoptar decisiones responsables y a conciencia que deben tener como base unos conocimientos y análisis mínimos que vayan más allá de los titulares o de las arengas de unos y otros.

Edición 436 – Semana del 27 de febrero al 5 de marzo de 2015
 
 
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