Sobre celebración, conmemoración, rosas, y derechos:
el consabido y casi nunca bien ponderado 8 de marzo

  Karina Camacho Reyes
  Asesora de la Estrategia de Lobbying y Presión Política Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

Flores, chocolates, y tarjetas rosas exaltando la delicadeza, entrega desmedida, la abnegación, y la “vocación” para dar y cuidar la vida inundan cada 8 de marzo oficinas, universidades, colegios, bares, restaurantes, medios de comunicación, centros comerciales; pero la más preocupante es que se instalan en el pensamiento y en el sentir de hombres y mujeres, y que cada año estemos más cerca de la “dulzura” de la “celebración” y más lejos del real sentido del día internacional de los derechos de las mujeres.

¿Y cuál es el problema de los regalos y las “felicitaciones” el 8 de marzo?, habrá mujeres a las que nos gusten los chocolates, y otras tantas a las que no nos interesen las flores cortadas, esas son consideraciones personales; pero el asunto es que el 8 de marzo no es una celebración, y por lo tanto no es un día para “felicitar” a las mujeres por esas supuestas virtudes que corresponden “por naturaleza” a su sexo. No todas las mujeres somos dulces, devotas, incondicionales, las mejores amigas, y demás “halagos” que se reciben en este día, no existen propiedades que definan per se a las mujeres, de hecho estas características que se asocian con la “feminidad” son más bien herramientas y creencias con las cuales se mantienen a las mujeres en un estado de subordinación.

Me explico: instalar en el imaginario de las mujeres que ser buenas madres, esposas, hijas, o trabajadoras se consigue mediante la entrega absoluta, la delicadeza, la belleza, y la constante complacencia, genera un efecto por el cual las mujeres van poniendo por encima de sus proyectos y necesidades, las de los y las demás, y con ello desarrollan también una actitud de servicio y obediencia permanente –que a su vez los hombres y otras mujeres esperan y exigen como definición de “una buena mujer”.

Estos factores afectan gravemente la autonomía y el empoderamiento de las mujeres y tienen a su vez efectos sobre el mantenimiento del orden social –que no en vano está construido sobre fuertes bases patriarcales-, impidiendo que las mujeres se movilicen por la protección y restitución de sus derechos y sean reconocidas sus apuestas para la constricción social.

Muy contrario a estos “recordatorios” de la “feminidad” y de “cómo debemos comportarnos las mujeres”, el sentido real del 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres es la conmemoración –propuesta por la activista feminista Clara Zetkin a la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910- de las luchas y conquistas de las mujeres por la equidad y el pleno ejercicio de derechos como el voto, el trabajo en condiciones dignas, la alimentación adecuada, y muchos otros que aún en 2015 se siguen violando o no se garantizan de manera equitativa.

Por eso en lugar de felicitar y regalar rosas y chocolates, mejor vendría revisar si las relaciones entre hombres y mujeres en nuestras oficinas, colegios, universidades, familias, y parejas –y por extensión en la sociedad toda- son realmente equitativas, y en lugar de hacer bonitas declaraciones de admiración por lo difícil y hermoso que es ser mujer diseñar y emprender acciones por el pleno reconocimiento de sus derechos y su verdadero papel en la sociedad.

Edición 437 – Semana del 6 al 12 de marzo de 2015
 
 
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