Una conversación con Trina

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A propósito del 8 de marzo Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Trina Chavarriaga es la primera mujer que ocupa la presidencia de la CUT en Antioquia en el tiempo que ésta lleva de existencia, cargo que se ha ganado a pulso. “Como debe ser”, dice ella.

Trina nació y creció en Briceño, un municipio enclavado en las montañas a 181 kilómetros al norte de Medellín. Fue dirigente estudiantil en su colegio, donde le tocó dirigir un paro de una semana. Luego fue delegada de la Asociación de Institutores de Antioquia, Adida, cuando empezó a trabajar como maestra en el mismo Briceño, en una vereda a la que llegar le tomaba dos horas caminando.

En el 2001 se trasladó a Medellín y se metió de lleno en el mundo sindical, como integrante del comité de ética de Adida y militante del Colectivo Nacional Clasista Guillermo Marín. Desde el 2003 integra el Comité Ejecutivo de la CUT Antioquia, dos años como Secretaria General, y desde el 30 de agosto de 2014 es la presidenta.

La siguiente es una tranquila conversación que tuvimos con Trina, sobre cómo ella ve el mundo desde su condición de mujer y dirigente sindical, un colectivo tradicionalmente manejado por hombres. Una conversación de género.

Empecemos por el tema del momento. La discusión que introdujo la OCDE, y que sin duda el sistema financiero ve con buenos ojos; que se nivelen las edades de los hombres y las mujeres para efectos de obtener la pensión. ¿Qué piensa sobre eso?

Esa clase de igualdad que proponen no nos interesa, nos molesta. Se olvidan que la igualdad se da entre iguales. Tenemos que mirar en qué somos iguales y en qué no somos iguales los hombres y las mujeres. Cuando nos hablan de nivelar la edad de pensión se desconoce el doble trabajo que hacemos las mujeres, afuera y dentro del hogar, una doble explotación. La diferencia de la edad de pensión hay que entenderla como el reconocimiento, mínimo de todas maneras, de esa doble jornada que tenemos.

Hablando de explotación, ¿son más explotadas las mujeres que los hombres? ¿Eso es claro para usted?

La explotación es un asunto de clases sociales. Las mujeres somos tan explotadas como los hombres, en la medida en que ambos tenemos al servicio del capital nuestra fuerza de trabajo. La explotación adicional de la mujer viene de ese doble papel que nos entregó la sociedad por el simple hecho de ser mujeres: la reproducción de la especie en el papel de madres, y la reproducción de la fuerza de trabajo. Con esto quiero decir que después de la jornada laboral una mujer llega al hogar a cuidar la familia, a reponer la fuerza de trabajo del marido, de sus hijos si trabajan, y suya propia; llega a preparar alimentos, limpiar la casa para el descanso, a recuperar fuerzas para al otro día volver a la explotación. Ese es un papel que nos toca a las mujeres. Pero ojo, estoy hablando de las mujeres que tenemos al servicio del capital nuestra fuerza de trabajo, porque las de la burguesía se las pasan en clubes y explotan a otras mujeres para que les cuiden las casas y a sus hijos.

Y en el plano sindical, ¿qué le aportan las mujeres al sindicalismo que los hombres no?

Yo escucho a los compañeros que dicen que las mujeres son más estrictas y más ordenadas y organizadas, cualidades que en una organización sindical hacen mucha falta. De pronto yo les doy la razón. De hecho desde que estoy en la presidencia hemos sacado algunas tareas. También aportamos el cuidado de los detalles. Las mujeres somos de detalles, de que no se nos escape lo más mínimo.

¿Son más autoritarias acaso?

No. El autoritarismo no es un tema femenino, no es de género. Como hay hombres autoritarios hay mujeres que también lo son; como hay hombres permisivos hay mujeres permisivas.

Usted, que es educadora, ¿cómo ve los obstáculos para que las mujeres accedan a cargos de dirección en las organizaciones sindicales, como en Fecode, para no ir más lejos?

Las dificultades para acceder a esos espacios tienen que ver en buena parte con el patriarcado, o sea con lo que dije ahora: con las actividades y responsabilidades que a las mujeres se nos ha entregado por el simple hecho de serlo. A nosotras se nos exige más. Lograr que las responsabilidades se repartan equitativamente entre hombres y mujeres, es una tarea que todavía nos falta por hacer. Uno encuentra compañeras que quisieran estar en el liderazgo, pero unas tienen parejas que no les gusta el tema, otras no tienen tiempo.

¿Será también que tienen menos capacidad política que los hombres?

Estoy convencida de que si en algo somos iguales hombres y mujeres, es precisamente en eso. El ser mujer no me pone el nivel político frente a un hombre. Somos diferentes en muchas cosas, pero iguales en muchas otras. Lo que reclamamos son derechos plenos, como mujeres, como ciudadanas, como trabajadoras, como madres, como esposas, en todos los sentidos. Porque en capacidad intelectual y política somos iguales. Cuando nos dedicamos a formarnos políticamente somos capaces de ser mejores que muchos hombres, iguales que muchos hombres, o estar por debajo de muchos hombres.

¿Qué habría qué cambiar en el sindicalismo para que las mujeres tengan más acceso a los cargos de dirección?

Hay que hacer un trabajo de re-educación, hacer conciencia, tanto en hombres como en mujeres, de la necesidad de formarnos políticamente para llegar a esos espacios. Pero además, más allá del movimiento sindical, hay que hacer trabajo de conciencia en los hogares. Cómo logro yo acuerdos en el hogar que me permitan estar en los espacios de la dirección sindical. Pero tenemos compañeras que teniendo mucha conciencia en sus hogares no tienen capacidad para pagar el cuidado de sus hijos. Entonces tampoco pueden. Por eso el Estado tiene que garantizar el cuidado de los menores para que los padres y las madres podamos acceder a los diferentes espacios.

A las mujeres se les exige más, dijo ahora. ¿Por qué lo cree?

Por esa concepción patriarcal que nos han metido en la cabeza. En la política, por ejemplo, se nos exigen pruebas que a los hombres no se les exige. Cómo es posible que haya expresiones como: la compañera se tiene que ganar el puesto. Claro que se lo tiene que ganar, pero el hombre también se lo tiene que ganar. No se lo ha ganado por el solo hecho de ser hombre. Ganémonoslo juntos, les digo. Yo estoy al mismo nivel para peleármelo contigo o con otra mujer, si me preparo para hacerlo.

Hablemos un poco de usted. ¿Cómo le cambió su vida familiar cuando se asumió como dirigente sindical, con todas las dificultades que eso tiene en este país?

Con la familia el tema es difícil y complejo. La dirigencia sindical quita demasiado tiempo, no permite compartir los espacios con la familia. En mi caso, como toda la vida he estudiado y el estudio me quitó tiempo y espacio para mi familia, no fue tan impactante. Tengo dos hermanos, un hombre y una mujer, y un hijo de 20 años, universitario. Su papá murió cuando estaba niño. Desde entonces no me he vuelto a casar ni a estar con ninguna pareja. Y eso es algo que me ha ayudado mucho, porque a veces las parejas dificultan el movimiento en el mundo sindical.

Y su hijo, ¿no le ha dificultado su movimiento en el mundo sindical?

Tanto mi hijo como yo hemos tenido que aprender a manejar las situaciones que se me presentan por mi actividad sindical. Y ahí vamos. Él a veces me reclama, cuando llego tarde, o los domingos que me toca salir, porque muchas asambleas de los sindicatos toca hacerlas en domingo por falta de permisos. Siempre procuro que el poco tiempo que tengo para mi familia, sea de calidad.

Y con las personas que antes eran compañeros en el mismo nivel. ¿Cómo ha cambiado su relación con ellos ahora que es la presidenta de la CUT Antioquia?

En el movimiento sindical hay de todo, compañeros que de pronto no conciben que una mujer avance más que ellos, y eso genera dificultades en el mismo colectivo de trabajo. Por qué ella y yo no, dirán. En el sector clasista tenemos claro el principio marxista de que a cada quien de acuerdo con sus capacidades y sus necesidades. En la medida de que uno demuestra capacidad, compromiso, responsabilidad, pues el mismo movimiento sindical le va cargando responsabilidades. Pero por otro lado están los que te apoyan, que en mi caso afortunadamente son muchos más.

Un caso concreto en el que se haya sentido discriminada por ser mujer

Cuando me propusieron que fuera presidenta de la CUT Antioquia, dimos una discusión entre las distintas fuerzas políticas. Una de esas fuerzas reclamaba con insistencia la presidencia, colocando por encima muchas otras cosas. Por algunas expresiones que se lanzaron en algún momento sentí que no tenían que ver con lo político sino con lo del género. Sabiendo que yo tenía todos los méritos por el recorrido en la CUT y porque me he preparado para el cargo. Pero en términos generales no me he sentido discriminada, además porque yo no lo he permitido. Yo les digo: un momentico, es que tú y yo estamos en las mismas condiciones y nos hemos preparado juntos. Demuéstrame que tienes mejores condiciones, y yo me hago a un lado. En eso he sido bastante exigente con mis compañeros.

Finalmente, ¿cómo va a celebrar la CUT Antioquia, que usted preside, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora?

Este año vamos a resaltar el papel de las mujeres en los procesos sindicales, reivindicando especialmente el nombre de Betsabé Espinal, la mujer que lideró la primera huelga en Colombia y defendió el derecho al trabajo, la principal conquista de las mujeres de su época. El lema es “Un grito de rebeldía por el derecho de huelga”, ahora que los empleadores en la OIT han planteado la amenaza contra este derecho. En la semana hicimos un acto académico y artístico, y el domingo 8 de marzo haremos una movilización en Bello, donde Betsabé Espinal lideró la huelga.

Edición 437 – Semana del 6 al 12 de marzo de 2015
 
 
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