Nicanor

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

Se han escrito y se van a escribir decenas de columnas sobre el empresario, humanista y luchador por la paz que fue el antioqueño Nicanor Restrepo Santamaría. No creo que ninguna esté de más, primero, por la dimensión de la persona que era y, segundo, porque cada uno, cercano o lejano, tiene su propia opinión de tan maravilloso ser humano que nos tocó conocer o ver pasar por este mundo.

Nicanor. Así le decíamos muchos pese a no pertenecer a su círculo de amigos. Sin embargo, su sencillez hacía que a uno se le saliera el simple Nicanor, nombre por demás sonoro que también incita a ser pronunciado solo. Y no le molestaba.

Hay personas que sin tener la culpa se van volviendo instituciones andantes, por su trayectoria, su forma de ser, sus frases, su carisma. Y en eso se había convertido Nicanor. Así quedó.

Además de esporádicos y rápidos encuentros, recuerdo hace mucho dos largas conversaciones con él ocurridas en sendas noches que me permitieron conocerlo. En ambas el tema central fue la paz y sus procesos.

No pretendía apropiarse de la palabra, pero eran tantas las experiencias e ideas que tenía para expresar -con esa gracia y rapidez que lo caracterizaban- que a uno le parecía que interrumpirlo era como arrancarle una hoja a un libro o salirse un rato de una buena película. Pero escuchaba, le gustaba escuchar y siempre, así fuera el más vano, tenía alguna amable y constructiva observación para cualquier comentario ajeno. Era respetuoso y creía en las personas, en que todas tenían algo que aportar.

Frases tenía muchas, algunas suyas, otras recicladas de sabios refranes paisas. Recuerdo una: “Yo solo soy un experto en generalidades”. La usaba para decir que no se consideraba un especialista en temas académicos o científicos pomposos. Al menos la decía antes de que se fuera a estudiar a París en sus últimos años.

Es que su inteligencia le daba para absorber rápidamente profundas teorías de tan solo leves aproximaciones a cualquier disciplina, sin ostentar de ello porque respetaba inmensamente a cada uno en su campo y creía como el que más en la suma importancia de la educación en todos sus niveles. Nicanor era testimonio de que es posible mezclar lo pragmático con lo filosófico, lo cual da un resultado maravilloso: sabiduría. Sus brillantes éxitos como empresario eran opacados por el resplandor del humanista y del ser social.

Nunca perdió la meta de su camino empresarial, sabía que este era solo una ruta hacia una mejor sociedad y hacia un mejor ser humano. Lo comprendió: cualquier profesión u ocupación son simples formas de manifestar y desarrollar el ser humano social que debemos ser antes y después que todo.

Pese a hablar con ellas poco, hay personas que cuando se mueren nos hacen sentir huérfanos y frágiles. Eso me pasa con Nicanor Restrepo, en especial en un mundo cada vez más salvaje, más capitalista –aunque suene paradójico para algunos- y más insensato. ¡Hoy, en el momento crucial que vive Colombia, sí que nos hará falta!

Nicanor estaba ahí, uno lo sabía aunque ya eran pocas sus intervenciones públicas en charlas y conferencias, por cierto bien taquilleras, aunque, me atrevo a decir, no todos en verdad practicaban sus ideas, pero ante esa suerte de embrujo que despedía no tenían más remedio que aplaudir sus disertaciones y chispazos sabios llenos de anécdotas y de sentencias claras, fáciles y profundas.

No sé cuáles fueron sus últimas conversaciones, pero no creo equivocarme que debe haber hablado mucho de la paz, del proceso que hoy se vive y de su optimismo. Siempre presto a creer y apoyar todos los esfuerzos por la paz, a dar sus consejos, a impulsarlos de una u otra manera.

Ojalá la vida de Nicanor Restrepo, ahora que se apagó y que por tanto permite y propicia su balance, le sirva a muchos para entender que apoyar la paz y buscar la equidad social no es de guerrilleros ni de izquierdistas ni de soñadores, ni requiere tampoco intervenir en política partidista. Que la búsqueda de esos objetivos es una obligación social se esté en el lugar donde se esté en la sociedad.

Aldaba: Mi solidaridad con la gran periodista Ana Cristina Restrepo ante las amenazas que quieren acallar su palabra que es la de todos quienes creemos que hay que denunciar las violencias, las injusticias y el crimen en todas sus facetas.

Edición 439 – Semana del 20 al 26 de marzo de 2015
 
 
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