¿Vuelve y juega? Antioquia y el reto de las elecciones para la paz

  Jharry Martínez Restrepo
  Analista en proceso político y elecciones,
Corporación Viva La Ciudadanía – Regional Antioquia
   
 

El próximo domingo 25 de octubre, Antioquia y todo el país asistirán a una nueva jornada de elección de gobernadores, alcaldes, concejales, diputados y ediles. Sin embargo, esta será tal vez la más importante jornada electoral desde la firma de la constitución de 1991. Los mandatarios y representantes que saldrán electos en esta ocasión llevarán consigo la histórica oportunidad y el inmenso compromiso de ejercer sus nombramientos, probablemente, en medio del cese de la violencia armada entre las Farc y el gobierno nacional, además de los avances que en este mismo sentido se vienen dando con otros grupos guerrilleros como el ELN y el EPL.

Este panorama impone la necesidad de un ejercicio de la administración pública distinto, esta sería la primera generación de gobernantes que ostentarían sus dignidades en medio de un panorama de paz y los encargados de implementar los acuerdos a los que lleguen los negociadores y hacer las transformaciones institucionales que la paz demande. Para llegar a concretar esta posibilidad, los candidatos tienen que ser y actuar diferente, dejar al igual que los grupos armados, sus viejos argumentos nocivos, sus arraigadas prácticas corruptas y sus vicios de política mañosa.

Los diálogos de paz en La Habana que buscan, y muy seguramente lograrán poner fin al conflicto armado, no son en sí mismos la paz sino una oportunidad para la paz. La hora en la que al fin las y los colombianos sin armas podrán dar un paso al frente en la construcción del país que les plazca, sin excusas ni temores. En ese sentido Antioquia entera tiene una responsabilidad importante, una oportunidad clara, porque el departamento más victimizado del país que aporta más del 20% de las víctimas de esta guerra infame (ver cuadro anexo).  Ahora ve como la nube que le enceguecía se disipa de a poco permitiéndole por fin avanzar en ese ideal departamental de la paz, del desarrollo y de la inclusión. Este gigantesco departamento de nueve subregiones y 125 municipios donde se encuentran desde la montañosa tradición cafetera hasta el calor de la tradicional pesca en el magdalena medio y la vocación bananera de Urabá, ha sufrido las nefastas consecuencias de la guerra de manera muy particular, debido entre otros a su estratégica ubicación geográfica, a la presencia permanente de paramilitares y guerrilleros en conflicto y a la perversa alianza entre grupos armados ilegales y funcionarios en todos los niveles de la administración pública.

*Información tomada de la red nacional de información. Unidad para la atención y reparación integral a las víctimas. http://rni.unidadvictimas.gov.co/v-reportes

De allí que sea tan importante que el escenario del cese de la confrontación armada en este departamento esté acompañado de una profunda reflexión social en busca de no cometer errores históricos y de evitar las mismas alianzas, y es allí donde el voto en las próximas elecciones alcanza una dimensión superlativa.

Sin embargo y a pesar de tanto potencial, el peligro del continuismo se presenta como un rezago de las ya tradicionales y perversas prácticas clientelares que durante años se han incrustado en el ejercicio de lo público y que se resisten a desaparecer. Solo la plataforma Pilas con el Voto presenta desde ya, más de 200 alertas de delitos electorales, de las cuales Antioquia ostenta una vez más, el deshonroso primer lugar entre los departamentos con más alertas al tener 36 reportes, faltando todavía meses para que empiece oficialmente la contienda electoral. La publicidad extemporánea y las anormalidades en la inscripción de cédulas son las alertas más comunes hasta ahora y son augurio de un deterioro igual o peor al evidenciado en pasadas jornadas de elección popular.

Trabajar por un departamento distinto es imposible si se administra igual, es inaceptable que la paz, el cese de la violencia armada y los diálogos en La Habana sean solamente elementos de discusión para incluir en discursos de campaña, que luego sucumben ante las mismas acciones y mecanismos politiqueros que solo aportan en la profundización de la desigualdad. La responsabilidad electoral es el cuidado del futuro de la paz, y la ciudadanía está llamada a jugar un papel determinante. Actualmente existen normas que castigan los delitos electorales, mecanismos de participación oficiales y ciudadanos que buscan garantizar la transparencia de los comicios electorales por medio de la denuncia y las alertas tempranas, acciones ciudadanas en búsqueda de hacer veeduría y control a los distintos planes de desarrollo municipales y departamentales.

Así pues, votar con conocimiento, investigar sobre los candidatos, conocer sus programas, ejercer el deber ciudadano de la veeduría en las elecciones, denunciar anormalidades, participar, exigir que se cumpla con lo que se prometió, acompañar y en general asumir la responsabilidad histórica de ser ciudadanos y ciudadanas de un departamento en construcción, es la obligación de todos y todas. Las próximas jornadas electorales del 25 de octubre son una primera oportunidad entre muchas que vendrán, de pasar al frente, de dejar de ver a otros comprometidos con el fin del conflicto armado y actuar en esta nueva esperanza de construir la paz.

Edición 440 – Semana del 27 de marzo al 9 de abril de 2015
 
 
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