El día “e” sin estudiantes

  Jaime A. Wilches Tinjacá1
  Hugo F. Guerrero Sierra2
   
 

Mientras nos entreteníamos con el escándalo de la Corte Constitucional y los partidos inútiles de la Selección Colombia, pasó de agache un tema que, al parecer, no generó mayor interés: el día “E” de la excelencia educativa, iniciativa del Ministerio de Educación que, a pesar de sus buenas intenciones, tiene gruesos errores en su planeación.

La Ministra Gina Parody ha decidido aprovechar su buen registro en las cámaras y en sus pocos meses al frente de la cartera de educación, ya ha sido noticia central con cuestiones como el programa de Becas “Ser pilo paga”, “Las reformas a universidades de garaje” y la participación en distintos foros donde se ha comprometido a buscar mecanismos para hacer que la educación se articule al desarrollo económico y la transformación de los conflictos que vive este país.

No obstante, esta semana se comprobó una vez más que la educación se piensa  más con la calculadora en la mano, que con los ojos en los contextos sociales. La Ministra Parody crea la jornada “E” de la excelencia educativa”, con el fin de darle titulares a la prensa, pero sin pensar en la importancia y la consecuencia de este tipo de actividades en el presente y futuro de la educación. En concreto, fueron cinco los errores que cometió la Ministra.

Primer error – fecha de la jornada: con tantos días para seleccionar y planear una jornada de vital importancia para reflexionar sobre la calidad y los retos de la educación en la construcción de un proyecto de nación, se optó por la fecha más inapropiada: miércoles 25 de marzo. La mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino parecerlo, y en el caso de la Jornada “E”, se presentó para múltiples burlas porque es poco serio que después de un puente festivo, los estudiantes regresen al colegio el día martes y vuelvan a descansar al siguiente día. No hay lugar para engaños, ni palabras diplomáticas, en el imaginario popular queda la sensación de una jornada de descanso, muy propicia para preparar las vacaciones de Semana Santa.

Segundo error – excluir a los estudiantes: un día de la madre sin mamá, un festival de cometas sin cometas y una navidad sin un regalo, eso es lo que significa el día de la Excelencia Educativa al convocar una jornada de reflexión sin sus protagonistas: los estudiantes. Nos negamos a salir del parroquialismo e insistimos en subestimar el poder de los estudiantes en el momento de proponer otras rutas que le den sentido a una educación, que hace rato dejó de tener en la memorización su horizonte de sentido (Wikipedia cumple esa función, así nos cause dolores de cabeza o las acusemos de tener datos inexactos, los mismos que tenían las enciclopedias que nacieron en la revolución francesa)

Enviar a los estudiantes a la casa en vez de convocarlos a dialogar en una dinámica distinta a las rutinas de la escuela, sólo contribuye a repetir el círculo vicioso de ver en niños y jóvenes unos ratones de laboratorio a los cuales les aplicamos lo que consideramos es conveniente para ellos y, en caso de fallar, reunirnos para planear nuevas formas de imponer las formas y visiones de mundo de docentes y directivos. El día que en la mayoría de los Colegios el sonido de la campana anunciando el fin de la jornada académica, deje de significar alegría para los estudiantes, nuestra educación dejará de estar en los últimos lugares de los rankings internacionales.

Tercer error – excluidas las universidades: una verdad tan obvia, pero tan ignorada, es la ausencia de conexión entre las distintas etapas de la educación. Por esa razón, cuando el estudiante no cumple con los mínimos exigidos, los docentes universitarios culpan a los de secundaria, los de secundaria a los de primaria, los de primaria a los de jardín, los de jardín a los padres de familia y los padres de familia a la sociedad. Entre todos nos echamos la culpa, cuando lo ideal sería enfrentar el problema y asumir responsabilidades. En vez de hacer una jornada que solo afecta e incluso incómoda a los docentes de colegios, el Ministerio debería promover debates entre distintos niveles para que encuentren puntos en común para trabajar de manera articulada, y no hacer foros y jornadas, cada uno por su lado y pensando más en los costos que en los beneficios.

Cuarto error – creer que la educación es mala: la voz empoderada de la Ministra al decir que en la jornada queda claro que debemos mejorar y ser más competitivos con contenidos de calidad, es otra de las frases que queda en la colección de interesantes discursos y pobres metodologías. La reflexión, tal vez no debería ser sobre los contenidos, sino sobre las condiciones desiguales en las que cada colegio asume su proyecto educativo. Como ya lo han señalado algunos investigadores, vivimos en un “Apartheid educativo”, donde el problema no es que le falten colegios de calidad, el lío es que para educarse hay que tener dinero o ser bendecido por la herencia de un familiar lejano. Las consecuencias las vivimos hace algunos años: la Universidad Nacional de Colombia ha dejado de ser el espacio para los estudiantes con menos oportunidades, pues los colegios públicos van en franca caída, y en su reemplazo, colegios privados preparan a sus estudiantes para ingresar a este tipo de universidades, con lo cual sin querer queriendo se asiste a la elitización de la educación.

Quinto error – centralismo: sumado a la endogamia de discutir los problemas de manera sectorizada y fragmentada, se encuentra el alto grado de centralismo de nuestra educación, pues hay pocas oportunidades de generar diálogos con experiencias educativas regionales. Al revisar los datos de los rankings en los últimos años, se ve a la Colombia real, la que pone en primer lugar colegios de Bogotá, Antioquia, la Costa y en aplaudidas excepciones colegios de provincia. En ese sentido, hace falta crear más estímulos para que  profesores que pertenecen a colegios de calidad,  vayan a los colegios con deficiencias y asesoren a sus colegas en los aspectos que los hacen quedar relegados. Incluso los estudiantes de los mejores colegios pueden hacer parte de este proceso de intercambio. Hay fundaciones que ya trabajan en este sentido, pero falta que el Ministerio de Educación lo impulse a través de una política pública eficaz y no se quede sólo en una noble propuesta ciudadana.

Parody todavía tiene el tiempo de mejorar y darle sentido a jornadas, que en la mesa nadie se atreve a decir que son para descansar y librarse por un día más de las pesadas clases y los insufribles estudiantes. Ojalá la intensa relación que mantiene con los medios de comunicación se traduzca en la presentación de resultados y procesos…Ojalá…

1 Magíster en Estudios Políticos. Docente e Investigador de la Universidad de La Salle

2 PhD. En Relaciones Internacionales. Docente e Investigador de la Universidad de La Salle

Edición 440 – Semana del 27 de marzo al 9 de abril de 2015
 
 
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