El ELN y el fin del conflicto

  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

Preocupantes noticias llegan sobre los diálogos exploratorios que se desarrollan entre el gobierno nacional y el ELN. Señalan esas noticias que a partir del V Congreso predominan en la dirección de ese movimiento insurgente las posturas guerreristas que amenazan con hacer imposible el inicio de una negociación.

En un anterior artículo, hace poco más de un mes, señalábamos la inconveniencia e imposibilidad política de la tesis esgrimida por sectores del ELN, de una mesa de negociación de tres lados, gobierno, sociedad civil y ELN. Y recalcábamos que las justas demandas de las organizaciones sociales, las exigencias de pago de la deuda histórica que el Estado Colombiano tiene con los campesinos y campesinas, con las mujeres, los pueblos indígenas, negros, raizales y Rrom y demás demandas y exigencias de la agenda de las organizaciones sociales y populares, ni se le pueden entregar al ELN, ni puede pretender este movimiento insurgente que a su vera marchen las organizaciones sociales, porque simplemente no las representa.

Decíamos también que recogíamos con esperanza las declaraciones del ELN sobre su anhelo de paz.

Hoy observamos retrocesos preocupantes en las posturas del ELN. En efecto, la tesis de la mesa de tres lados ha sido reemplazada por la tesis de la retaguardia armada. Según esta tesis el proceso sería del siguiente talante: Una negociación de la “agenda de las agendas” entre el gobierno y la sociedad civil, (que en este caso son solo los sectores populares), que llevan a posibles acuerdos de transformaciones y el ELN y su poder armado son la garantía, primero de la negociación y después del cumplimiento de los acuerdos.

Lo primero que hay que decir es que la sociedad civil no requiere, no necesita al ELN, ni como vanguardia, ni como retaguardia armada para el desarrollo de sus procesos y reivindicaciones. Por el contrario lo que requiere, lo que necesita, es que el ELN negocie la terminación del conflicto armado y como resultado de ello haga dejación de las armas y desarrolle a cabalidad la condición de actor político que reclama.

También hay que decir que la demora del ELN en avenirse a una negociación del fin del conflicto, que implica necesariamente la renuncia a la utilización de las armas en la lucha por el poder como decisión política previa, revela una inexplicable incomprensión del momento y las oportunidades políticas. La decisión de un sector de la élite, en cabeza de uno de sus máximos representantes, de negociar el fin del conflicto y de aceptar que lo hace sobre la base de no pretender una rendición de la insurgencia y que la construcción de una paz sostenible y duradera necesariamente implica la efectiva construcción de un Estado Social y Democrático de Derecho configura una oportunidad política extraordinaria.

Pero también implica que a pesar de que desde su fundación forma parte del ideario del ELN la comprensión de las armas como instrumento y no como fin, estas hoy se han sacralizado y parece ser la posesión y uso de las mismas, el principal obstáculo para iniciar una negociación del fin del conflicto.

Además de lo anterior no negociar simultáneamente con las FARC, debilita la posición negociadora de ambas insurgencias y supone que el ELN le apuesta a una negociación en un futuro, y que en esa negociación considera que tendrá mayores posibilidades de lograr ganancias que en este momento histórico. Esa pretensión está fuera de toda lógica, y lo está porque una vez firmado un acuerdo con las FARC, las posibilidades de éxito militar del ELN son aun menores de lo que hoy son, y en cambio el riesgo para los sectores y movimientos sociales con los que el ELN ha desarrollado profundas relaciones políticas crecerá exponencialmente.

Quienes hemos militado y seguimos militando en el grupo de los convencidos de la urgente necesidad de la salida política negociada al conflicto armado interno creemos que hoy tiene el ELN la enorme responsabilidad de dar los pasos necesarios para que esa salida política negociada se concrete.

Seguiremos ofreciendo nuestro concurso en la construcción de un vigoroso movimiento social por la paz, insistiendo ante el gobierno nacional que facilite condiciones para que la negociación con el ELN sea pronta, seguiremos respaldando la negociación con las FARC, pero también seguiremos diciendo que la tarea de negociar el fin del conflicto armado es de los guerreros, la tarea de la construcción de la paz es de todas y todos.

Nos hacemos parte de la consigna del pueblo Nasa “Cuenten con nosotros para la paz, nunca para la guerra”.

Edición 441 – Semana del 10 al 16 de abril de 2015
 
 
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