Más allá de la paz

  Álvaro González Uribe
  Abogado y columnista – @alvarogonzalezu
   
 

Y qué tal si pensamos que el proceso de paz es solo otra manifestación más de un fenómeno social que vive Colombia en el marco de un gran cambio cultural mundial. Quizá pensarlo así pueda explicarlo mejor y conseguir que lo entiendan como algo inevitable, parte de una nueva visión nacional y mundial que se abre paso.

Ello no excluye ni le resta importancia al día a día, a las disputas entre simpatizantes y opositores del proceso, ni deja por fuera los análisis sobre las causas objetivas y subjetivas del conflicto. Tampoco excluye el dolor de la guerra ni las víctimas ni las atrocidades ni las reparaciones, justicias y perdones. Pero desde esta teoría esos son aspectos de “carpintería” aunque suene irresponsable y quizá duro. No los desconozco y sin duda es necesario tramitarlos.

Entre muchas otras que el lector sabrá identificar, ese cambio cultural mundial tiene manifestaciones de diferente índole como el acercamiento entre EE. UU. y Cuba, la crisis europea, el nuevo capitalismo chino, la reivindicación de la población LGBTI, el acuerdo nuclear con Irán y el camino de la consolidación de la mujer en todos los campos.

Los grandes cambios solo se empiezan a notar por sus fumarolas o frutos, y la perspectiva histórica permite luego determinarlos con cierta claridad. Nada sucede espontáneamente, todo está relacionado y cualquier movimiento tiene consecuencias que se mezclan, transmutan y expanden por el mundo en hechos a veces totalmente diferentes a sus causas.

Volvamos al proceso de paz colombiano. Quizá sea cansancio de guerra pero a su vez dicho cansancio es una manifestación de ese cambio cultural. Las guerras nunca desaparecerán en el mundo pero sí cambian de forma y de lugar. Incluso, la paz puede traer otro tipo de conflictos porque la esencia humana y la historia son una sucesión de conflictos de todo tipo. Así avanza la humanidad.

No es gratuito que la polarización que hoy vive Colombia se dé en muchos campos y no solo entre amigos o enemigos del proceso de paz. Se han ido formando dos corrientes que me atrevo a nombrar: una conservadora y otra liberal en el sentido filosófico. Ello explica que por lo general la mayoría de quienes se oponen al proceso de paz también están contra otros cambios jurídicos, políticos, económicos, sociales y hasta religiosos que están brotando en racimo no solo en Colombia sino en el mundo entero.

No se trata pues de una simple lucha de poder, ni de uribistas y antiuribistas, ni de amigos u opositores al proceso de La Habana. Eso es pensar pequeño. Hay algo más profundo que no es nuevo en la historia universal. No hay duda de que estamos en un momento crucial mundial causado o facilitado, entre muchos otros fenómenos, por la innovación tecnológica en especial en las comunicaciones, por los avances científicos -como la clonación por decir uno- o por el afán de proteger el planeta. Los grandes cambios que marcan las épocas son cíclicos y estamos en uno de ellos; puede ser una revolución que el tiempo ratificará o negará. Son cambios que afectan todo porque en el fondo provienen de una nueva forma de pensar que se empieza a imponer.

Por ejemplo, la humanidad tiene casado un conflicto con su planeta cuyas consecuencias cada vez empeoran porque de manera feroz arremetemos contra la Tierra con repercusiones que como el cambio climático tienen visos de gran tragedia. No será la explosión nuclear la que extinga la vida sino nuestra guerra contra la naturaleza que estamos en peligro de ganar.

Esa es otra modalidad de guerra que hemos mantenido casi silenciosa, larga y pertinaz, y que ahora requiere un inmenso proceso de paz mundial que cese el conflicto con nuestra propia morada.

Pero siguen las otras guerras. La más preocupante es la fanática-religiosa que inició su etapa terrorífica con las torres gemelas y ahora con el Estado Islámico, y que occidente ha alimentado torpemente. Es otra faceta que tendrá su momento de trámite propiciado por una nueva revolución más profunda. Los fenómenos sociales son largos pero nunca eternos.

Edición 441 – Semana del 10 al 16 de abril de 2015
 
 
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