La ruptura de la tregua unilateral indefinida

  Antonio Madariaga Reales
  Director Ejecutivo Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

El cese al fuego unilateral e indefinido de las Farc, un ofrecimiento de las Farc a la sociedad más que al gobierno Santos y una muestra de voluntad de paz que había funcionado, al romperse el pasado martes también rompió la tendencia ascendente de la confianza ciudadana en el proceso, evidenciada en las marchas del pasado 9 de abril, interrumpió el acuerdo sobre desescalamiento del conflicto, (desminado, cese de bombardeos, etc.) y revirtió la pérdida de la iniciativa política de la oposición uribista y sectores del partido conservador. Ah y dio alas al ingeniero autoritario Vargas Lleras en trance de vicepresidente.

Esto hizo perder de vista, momentáneamente, avances tan importantes como el acuerdo de principios sobre los derechos de las víctimas, la recepción de 60 de ellas por parte de la mesa, la creación de la subcomisión de género, la recepción por parte de la mesa a las dos delegaciones de organizaciones de mujeres, la presencia de la comisión asesora de militares activos, la creación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico del conflicto y de las víctimas y el informe rendido por la misma y la petición de perdón de las Farc a los sobrevivientes de Bojayá.

Corresponde destacar, pasada la indignación por el ataque y muerte de miembros de la Fuerza Pública, el hecho de que ninguna de las partes mencionó, siquiera como una posibilidad, la suspensión o terminación del proceso. Eso habla de su fortaleza y nos obliga a recuperar rápidamente la caracterización de sus bondades.

Pero hay que aprender lecciones de esta luctuosa circunstancia.

La primera de ellas, negociar en medio del conflicto, si bien obliga a las partes a buscar el máximo aislamiento entre el conflicto armado aquí y sus múltiples expresiones, (que no son solo combates y bombardeos), y las negociaciones en la Habana no garantiza que se logre esa separación. Por lo tanto hay que prever mecanismos, que podríamos denominar de intervención en crisis, en los cuales, a nuestro modo de ver deberían tener un papel especial los países garantes, con el establecimiento de formas muy agiles y legitimadas por las partes, de intervención para evitar las reacciones con “cabeza caliente” de tan malos resultados en estos casos. El caso del general Alzate fue una buena muestra de la eficacia de mecanismos de intervención en crisis, pero dio tiempo a la intervención aunque no logró evitar la suspensión momentánea del proceso.

Pero una vez producido el incidente y el daño lo único que no pueden hacer las partes es escalar la confrontación y literalmente “atrincherarse” en la exoneración de las propias responsabilidades y en la asignación de responsabilidades a la otra parte. Si es posible se debe proceder a la conformación de un mecanismo de los garantes que muy rápidamente señale la hipótesis más probable de ocurrencia y evite el escalamiento.

En este caso preciso y dado que la hipótesis más probable es la de un ataque de las Farc y más allá de que un cese al fuego bilateral con mecanismos de verificación, es un buen método de prevenir la ocurrencia de incidentes, mientras lo que se haya declarado un cese unilateral por parte de las Farc y con él la decisión de no realizar acciones ofensivas obliga a los insurgentes a tomar por lo menos las siguientes medidas:

1. Anunciar y llevar a cabo una investigación interna, que conduzca al establecimiento de responsabilidades en sus filas, (incluidos los máximos responsables) y las sanciones en términos de su código disciplinario.

2. A comunicar a la sociedad, los resultados de su investigación y las medidas tomadas para hacer efectiva la decisión de la tregua unilateral indefinida, sin acciones ofensivas.

3. Ofrecer a la sociedad una reiteración clara y con compromisos que puedan hacer ciertos, de desescalamiento del conflicto.

4. Comprometer su voluntad de no pararse de la mesa y acelerar al máximo la búsqueda de acuerdos.

5. Llamar al ELN a un compromiso similar de negociación para acercarse al final del conflicto.

A nuestro modo de ver las Farc ya tomaron las dos decisiones más difíciles desde el punto de vista político, para una guerrilla con capacidad de hacer daño militarmente. La primera decisión negociar para poner fin al conflicto armado y hacer dejación de armas. La segunda admitir que tienen responsabilidades en este desangre y han producido víctimas entre la población civil y aun entre sus propios combatientes.

Se necesita grandeza y valentía para tomar esas dos decisiones. Ahora se trata de ser consecuentes con ello.

Parodiando lo que dice el refrán popular antiecológico. ¡Ya mataron muchos tigres, que no se asusten con el cuero!

Edición 442 – Semana del 17 al 23 de abril de 2015
 
 
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