La paz, ¿Cuándo y dónde se empieza a construir?

  Mariano Sierra
  Colaborador Semanario Virtual
   
 

Cuando sobre el tema se reflexiona, se escribe, se habla, se piensa siempre existe la tendencia que la paz es ausencia de toda guerra, de conflictos bélicos o de orden público o cosas por el estilo. Pero al ahondar el tema en verdad hay muchas confusiones o malos entendidos o erradas interpretaciones. Tal vez porque ciertamente no sabemos que es paz. En forma sencilla hemos de considerar la paz en el sentido de convivencia armónica en medio de toda diferencia. De respeto por los derechos, por la dignidad humana en dimensión integral, por la coherencia entre lo que creemos, decimos y hacemos, por la tranquilidad de conciencia y por el respeto a las diferencias.

Ante este ideal y observando el desenlace humano, hoy en día y a través de los tiempos, se diría que la paz es una utopía. Pero no. Este no es el sentido de mirarla, observarla, reflexionarla y practicarla. El ser humano es un realizador de iniciativas que responden a su noble ideal. En ese afán puede quedar reducido a fantasías o utopías, aunque hay utopías realizables y la historia nos lo comprueba.

Mirar con ojos de comprensión y menos juicio a quienes no hacen el bien, es un paso positivo. Paz no es soportar o aceptar tolerancias o justificar conductas. La acción de paz es de respeto, de entendimiento y de dar valor a toda persona no obstante sus diversos pensamientos. Paz es no llenarnos de rencores o de odios o de total incomprensión siendo estas formas inicios de construir paz. La paz no es ideal sino una verdadera convicción que se vive en cada uno y debemos llevarla y practicarla en el diario vivir, en el compartir, en el servir, en el comprender, en el dialogo, en la crítica fraterna, en el gobernar, en la práctica de la justicia, en el trabajar, en el formar. La paz nace al interior de cada uno dentro del convivir de un hogar pletórico de armonía, dentro del útero de la madre que la divulga desde la concepción y prosigue hasta el nacer de ese hijo que en su primer llanto anuncia una llegada del amor y ese amor es la paz.

Visto este escenario no cabe duda que la paz nace y vive en nuestro interior alrededor de los yacimientos de valores que avivan al ser humano para propagarla y practicarla por doquier. Lo que importa es saber cómo manejar todos esos sentimientos, aprender de ellos, aceptarlos e integrarlos de forma tal que cuando estemos en momentos críticos, de crisis o caos, sepamos rechazar toda violencia contra el hombre, la naturaleza, contra los animales, contra el medio ambiente. Por ello la tierra no puede ser un valle de lágrimas sino de paz, la tierra es el gran hogar donde el hombre se interrelaciona armónicamente para en forma comunitaria la convierta en medio social para convivir sin necesidad de abusos, opresiones, limitaciones, condiciones, destrucciones, y sujetándose a las leyes naturales y sociales justas para una paz interconectada.

Somos prolíficos para hablar de paz, de dialogo, de entendimiento pero todo ello se convierte en muchas ocasiones en palabras estériles, efímeras. Para la paz no bastan las dotes academicistas o los verbos floridos y retóricos, sino la capacidad de servir, de acoger de regular los impulsos y los pensamientos egoístas. Se requiere con acción identificar y edificar sentimientos para conocer el concepto de paz, para incursionar en el otro. Ejercer paz viene pues de adentro exigiendo un papel determinante en la dimensión donde ella debe convivir como el hogar, el trabajo, en la sociedad. Esa paz exige esfuerzos para valorar al otro en sus derechos admitiendo que hay luces, sombras, limitaciones.

En la paz participan muchos actores o mejor todos que con su esfuerzo contribuyen a derrotar los excesos de presión y de opresión y un acto es el derecho visto como ente regulador, conciliador que sustituye la fuerza. La paz es el fin de una contienda por el establecimiento de un modo de vivir armónico en donde el hombre con respeto sabe articular todas las leyes existentes. Las de la naturaleza, las humanas, las espirituales, las sociales, las políticas…y así todas las leyes justas.

La paz se pone en práctica cuando gobernantes y gobernados cumplimos la ley, defendemos los derechos, cuando se imparte justicia transparente, cuando desde las posiciones que se ocupen en la esfera social se establezcan ambientes armónicos y responsables no meros reconocimiento o apariencias cuando se busca eliminar todo trato conflictivo, cuando se tiene la disposición para compartir y discernir en medio de las diferencias con los demás, cuando no nos dejamos llevar por las emociones, cuando nos disponemos a promulgar caminos de conciliación con acciones críticas, firmes, respetuosas y coherentes.

En lo político la paz estará en el voto pacifico por aquellos dirigentes probos que respeten la verdad y la gobernanza justa, en el hogar con el respeto y la fidelidad a los valores familiares, en lo laboral con el justo pago de los salarios, en el cumplir las obligaciones propias, en la generación de trabajo y el trato digno, en lo social participar con organizaciones que no solo promulguen misión y valores sino que las apliquen, en lo religioso con el cumplir de creyentes y dirigentes eclesiales los postulados de la palabra dada en los evangelios en especial amar al prójimo con hechos y por los no creyentes el respeto a los pensamientos y sus convicciones.

Si yo estoy en paz interior, si mi vida se mueve bajo luces de fe y esperanza y no existen laberintos o agujeros negros de conductas impropias ni pensamientos desordenados es que estoy en disposición de dar paz, de acercarme a los demás para servirles. No debemos verternos en actitudes de víctimas ni hacer afrentas por todo. La formación y la ascendencia espiritual estarán en proceso de elevación como pilares del equilibrio personal. La paz no solo debe mirarse con el ejercicio de combatir movimientos delictivos armados ya que la paz es una gran dimensión que comprende derrotar la corrupción social, la política deshonesta, la deshonestidad religiosa y otros tantos gérmenes que habitan el tejido social como el orden económico y financiero. Y que diremos también de la violencia que se alberga en nuestras conciencias carentes de ética y moral. La paz se obtiene cuando derrotemos el hambre, la falta de trabajo, cuando la educación llegue a todos los niños y jóvenes sin necesidad de reformas paros o plantones, cuando el más necesitado tenga acceso a una vivienda digna no a unas palomeras de cuarenta metros, cuando la salud, la pensión no se mendigue con tutelas, cuando la seguridad en el campo y las calles no esté amenazada ni para ella se deba estar pregonando comités de emergencia sin ningún resultado, o llenando las ciudades de policías limitada y temporalmente, cuando se genere empresa con sentido social, cuando se elimine la tramitología para acceder a los derechos o recurrir a alguna reclamación, cuando la seguridad social no se limosnee ni para obtenerla se recurra a dadivas que fomenten la corrupción, cuando se practique una justicia transparente sin impunidad.

La paz la frustramos cuando disentimos con violencia ante los demás, cuando nos llenamos de cólera y reaccionamos llenos de rabia asumiendo posturas de choque despreciativas o inconformidad agresiva, u originando maltrato sicológico y otras insidias que desgarran la dignidad humana. La paz se inicia cuando cumplimos las reglas sociales, familiares, laborales, religiosas, políticas y las dictadas por la conciencia. De allí que para la paz siempre debe haber en cada uno mucha reflexión espiritual a fin de exteriorizar las verdaderas conductas. Recordemos que como humanos somos débiles, pero así mismo debemos tener el temple para no dejarnos vencer por lo que impida el orden y la paz. Alguien nos recuerda que los pilares de la educación son, aprender a conocer, a hacer, a ser y a servir.

Solemos creer que somos portadores de paz porque no somos violentos pero caemos en el error de no darnos cuenta que nos creemos dueños de la verdad, que alardeamos posesión, posiciones y posturas soberbias, prepotentes o de dudosa responsabilidad, críticas injustas, maltrato. El trato indiferente hace desconocer el valor humano y la crítica insidiosa hace descalificar sentimientos y esto es no hacer paz. Vamos tras la paz en nuestros corazones para generar proyectos de vida donde cada uno gobierne su vida derrotando odios, practicando el perdón con la capacidad humana de amar al que nos hace mal. Los recuerdos viven en nuestra mente, pero en nuestro interior vive el amor fuente eficaz de perdón donde el recuerdo es una medida para no volver a caer.

La paz está por encima de lo terrenal nos lo recuerda el mensaje de hace más de dos mil años. La paz este con ustedes… Este mensaje nos lleva a adquirir un compromiso de todos y para todos alzando la voz denunciando los actos injustos sin dejarnos intimidar por los enemigos de la paz, viviendo sin temor, amando en abundancia.

Edición 442 – Semana del 17 al 23 de abril de 2015
 
 
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