Las crisis del diálogo habanero

 
  Héctor Alonso Moreno
  Profesor Universidad del Valle
 
   
 

El proceso de conversaciones de la Habana para poner fin al conflicto político armado ha pasado por lo menos por dos crisis humanitarias que han puesto en peligro la continuidad de los diálogos.

El primer caso ocurrió en noviembre de 2014 a raíz de la extraña retención del comandante de la Fuerza de Tarea Titán del Ejército, general de la republica Rubén Darío Alzate Mora en compañía de dos acompañantes más por parte de las FARC. Por causa de la retención de Alzate, el militar de mayor rango en caer en manos de las FARC, el presidente Juan Manuel Santos suspendió temporalmente los diálogos que adelanta desde finales de 2012 en La Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

El general Alzate, el cabo del ejército Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego, fueron liberados posteriormente, permitiendo la reanudación del proceso de paz entre el gobierno y los rebeldes. La liberación la coordinó el jefe guerrillero “Pastor Álape”, quien viajó desde Cuba hasta el departamento del Chocó.

Los recientes hechos de Timba, en el departamento del Cauca, en el cual fueron cobardemente asesinados 11 miembros del Ejército colombiano en medio del cese al fuego unilateral de las FARC y la suspensión de los bombardeos a zonas guerrilleras por parte del gobierno nacional, precisa la dimensión de otra nueva crisis.

En ambos casos han sido las fuerzas rebeldes quienes han propiciado los hechos que tensionan los diálogos de paz y por ello se han visto obligados a dar respuestas al país.

En esta ocasión no se ha escuchado que el jefe rebelde Pablo Catatumbo, responsable de las fuerzas guerrilleras que propiciaron el ataque, se desplace desde la Habana a su zona de operaciones del Cauca a fin de investigar la responsabilidad de sus hombres, y coordinar el respeto y acatamiento a sus lineamientos políticos de cese unilateral del fuego; el cual han manifestado desde Cuba que deberá continuar. Desplazamiento que sí ocurrió en la primera crisis cuando “Pastor Álape” viajo desde la Habana al Choco a coordinar todo lo referente al secuestro del General. Dándole así la cara a la crisis y colocando orden a sus tropas.

En la primera crisis el Presidente Santos suspendió temporalmente los diálogos; pero en esta ocasión, ha sido el pueblo colombiano quienes con protestas, rechiflas al presidente, y manifestaciones de apoyo a las fuerzas armadas mediante caravanas de vehículos, plantones y ofrendas florales a la tumba de los soldados y a las instalaciones militares, han expresado su solidaridad, su dolor, y al mismo tiempo su rechazo por tan alevoso ataque contra los militares, y exigiendo a la vez redefinir y poner plazo a las conversaciones de paz habaneras.

Ahora bien. En reiteradas ocasiones se han hecho recomendaciones y declaraciones a favor del cambio del modelo del proceso de diálogo en la Habana de negociar sin un cese al fuego bilateral. Lo anterior ha sido sugerido tanto desde la academia, como desde sectores de la sociedad política y de la propia sociedad civil, sin que el proceso rectifique su dinámica inicial.

Hay sectores del gobierno que parecieran no estar interesados en acatar las recomendaciones de un cese bilateral del fuego, pues ello, según se pregona, se entendería como una supuesta ventaja militar para las guerrillas. Lo anterior, finalmente se traduce en una concesión definitiva a un sector civil militarista y de las Fuerzas Armadas que siempre se han negado a un cese total del fuego y de hostilidades y a los que, según parece, la violencia les resulta funcional.

Es preciso avanzar en la discusión sobre la necesidad futura de continuar las conversaciones en medio del cese bilateral al fuego y de hostilidades para poner fin al conflicto político armado. Este es el único mecanismo que permite avanzar en los diálogos de una manera pronta y segura. Los tiempos y los ritmos de duración de las negociaciones no dependen de un decreto presidencial ni de la imposición de voluntades de sectores guerreristas; se impulsará el diálogo en la habana sólo como producto de la dinámica que se construya en el marco de una mesa de conversaciones con garantías mutuas y en medio de un cese bilateral de hostilidades con verificación.

De otro lado, es necesario recordar que durante el fracasado proceso de diálogos del Caguán del Presidente Pastrana se produjeron unos documentos sobre cese al fuego y de hostilidades, elaborados a partir del famoso informe de los llamados “notables”, que deberán servir en la actualidad como elementos de análisis para el futuro del proceso de las negociaciones.

Continuar los diálogos sin negociar un cese al fuego bilateral, es una danza de terror y de muerte en el cual ambos sectores en controversia se juegan su imagen frente a la opinión pública y frente a los amigos y enemigos de la paz. Esta decisión política de cese al fuego bilateral con verificación nacional e internacional será la que permita desarrollar capacidades humanas entre los actores en conflicto a fin de generar mayor confianza hacia una pronta solución definitiva del conflicto armado.

La inmensa mayoría de los colombianos que anhelamos la paz, no entenderíamos que con estas dos experiencias nefastas de crisis humanitarias los actores del conflicto se nieguen a construir un proceso de cese bilateral del fuego.

Una tercera crisis podría acabar por muchos años las posibilidades de volver a dialogar el conflicto armado; y el costo en número de víctimas y muertes directas de la guerra serian incontable antes de volver a abrazar nuevamente el patriótico camino de lograr la Paz para Colombia.

Edición 443 – Semana del 24 al 30 de abril de 2015
 
 
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