Mediterráneo: La disyuntiva entre salvar o dejar morir

 
  Camila Cuello Saumeth1
  Ana Orjuela Santamaría
 
   
 

No fue un avión que sobrevolaba el sur-oeste de Europa con destino a Alemania, fue un barco sin rumbo asegurado cuya totalidad de viajeros era de origen africano. En noticias se habrá escuchado que el pasado domingo, 19 de abril, naufragó un barco frente a las costas libias en el que viajaban aproximadamente 700 inmigrantes. El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados califica este hecho como “la peor hecatombe” que se haya presentado en el Mediterráneo. Cifras desalentadoras son las que con el pasar de los días se dan a conocer: aumenta el número de víctimas y desaparecidos; disminuye la cantidad de supervivientes.

Italia, Libia, Malta, la Unión Europea, y representantes del Reino Unido, Alemania y Francia, se han pronunciado al respecto. Sin embargo, el auxilio prestado en la zona no ha sido suficiente, aunque manifiestan tener una obligación política y moral frente al desastre. En este momento no es claro si la situación se debe a falta de recursos –en la ocasión de no concretar un acuerdo que dé como resultado sufragio satisfactorio-, o es un caso asimétrico más, en el que la disyuntiva entre ir al rescate o ser indiferentes, toma un lugar decisivo en la catástrofe.

Cabe ahora preguntarse si el accidente ocurrido con aquel avión de Germanwings que transportaba 150 personas, hace un poco menos de un mes, tenía mayor validez para la Unión Europea que el reciente naufragio. Tal parece que así es, y la razón, que en un discurso formal hace referencia a la legalidad de la actividad, no es otra que el hecho de que los protagonistas de una tragedia sean inmigrantes africanos, y los de otra no. De esta manera se oculta el prejuicio que se tiene acerca de la población del tercer continente más grande del globo, correspondiente a que ellos son quienes infringen la norma y no se les puede dar prioridad, debido a que no juegan un papel importante en el mundo; que ellos sufren constantemente, y una o varias catástrofes de este tipo no son de extrañar en esta zona.

El papel que toma la comunidad internacional en este contexto es diverso y heterogéneo, sin dejar de ser obtuso e hipócrita. Algunos portavoces se presentan con opiniones alusivas a que si se confirman las cifras, estaríamos ante la peor catástrofe del Mediterráneo; o dan a entender que se encuentran horrorizados con la situación y esperan que Europa halle soluciones ante la crisis. Palabras más, palabras menos, dan discursos dignos de representantes que solo reaccionan ante circunstancias que se puedan presentar desde sus fronteras, y en casos como el presente, el tipo de respuesta que proporcionan es aquél que se espera escuchar en una que otra reina de belleza.

Naufragios como el ocurrido hace pocos días, o todos los que han tenido lugar en lo que va del 2015, no solo se presentan en el Mediterráneo. Para acercarnos un poco a la realidad Latinoamericana, es menester remitirnos a la situación que sobrellevan los habitantes de Haití o Cuba constantemente. Los primeros buscan atravesar el mar de manera ilegal para llegar a las islas Bahamas o Turcas y Caicos, y en días pasados del mes de abril también ocurrió un naufragio que cobró la vida de aproximadamente 40 Haitianos.

Por otro lado, una alta cantidad de cubanos a diario intentan migrar de forma ilegal por el Golfo de Urabá con el fin de cruzar la frontera con Panamá. Este tipo de actividades, tanto en África como en América Latina, se dan por diversas razones; sin embargo, convergen en la búsqueda de mejores condiciones de vida, a razón de la pobreza extrema que afecta a gran parte de los individuos; altas tasas de desempleo; y/o las crisis políticas que trastornan y desorientan sociedades discriminadas, carentes de buena educación y faltas de criterio.

Una falencia que tenemos los colombianos es que solemos preocuparnos más por acontecimientos anglo/euro-centristas, que por las de aquellos que viven una situación similar a nosotros. Sentimos indignación por el atentado contra Cherlie-Hebdo y hacemos presencia en redes sociales; se nos sale lo Americanos al ver que Hillary Clinton será candidata presidencial de los Estados Unidos; o nos emocionamos porque Rápidos y Furiosos 7 es de las películas más taquilleras. No obstante, vemos el titular de una catástrofe de altas magnitudes como la ocurrida en aguas libias, y lo ignoramos porque ese tipo de noticias no son de nuestro interés.

Lo que sucede en África –y América Latina- es un llamado de atención. No podemos ver que una sociedad desesperada por falta de opciones acude a determinaciones que atentan contra su vida porque no hallaron otra solución, y pasar por alto el anuncio de la primicia. Es fundamental que dejemos de pensar que una tragedia más, no hace la diferencia; que revaluemos el tipo de noticias que captan nuestra atención, e intentemos crear cultura y conciencia acerca de lo que es en verdad importante.

1 Investigadoras del Semillero In-Vestigium, Universidad de La Salle.

Edición 443 – Semana del 24 al 30 de abril de 2015
 
 
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