Ante todo democracia y libertad

 
  Fernando Dorado
  Activista Social
 
   
 

Lo nuestro es ir construyendo un Nuevo Proyecto Político. Creemos que en los partidos y movimientos que existen actualmente, hay gente muy importante, valiosa, entregada, heroica, persistente, inteligente, experimentada, todo lo que se quiera, pero – lastimosamente – la mayoría se basa en matrices y paradigmas del siglo XIX y XX, o sea, son deterministas1.

La primera matriz, la que ha hecho más daño porque es el gran limitante para construir verdaderos y profundos procesos democráticos consiste en que se alimenta y predomina un espíritu redentor, mesiánico, liberador y salvador.

Ello es fruto de la herencia religiosa que se camufla de acción política. Por ello esas personas desarrollan acciones y constituyen movimientos basados en minorías vanguardistas. La teoría y hasta la “ciencia” es convertida de esa manera en DOCTRINA. Las minorías iluminadas que se convierten en élites necesitan de una “verdad” para poder dominar, dirigir, conducir y finalmente imponer disciplina. ¡Sobre todo disciplina y orden!2

Por ello pongámosle cuidado a los movimientos y organizaciones que ante todo le solicitan a sus simpatizantes y colaboradores “de manera encarecida acogerse a nuestras políticas”. Allí se muestra un temor grande, un querer “imponer” desde un principio, un terror inmenso a la libertad y a la creatividad. Allí ya se coloca el “freno de mano”. Es decir, hay un pequeño grupo que elabora las políticas y los demás deben hacer caso.

Por el contrario, para construir una verdadera fuerza democrática que logre recoger al 99% de la población que necesita el CAMBIO, la DEMOCRACIA, la LIBERTAD, la CREATIVIDAD y la CONSTRUCCIÓN COLECTIVA, se requiere “soltar la idea central” y dejar que esa idea sea apropiada por miles y hasta millones de personas. Que la gente apoye y empuje desde su perspectiva e intereses, que se desarrolle el movimiento con dinamismo y fuerza social. Seguramente se presentarán muchos errores y deficiencias que sólo se corregirán sobre la marcha con participación amplia y diversa, debate y democracia.

Ese limitante ha impedido – no sólo en Colombia sino en América Latina y el mundo –, desarrollar verdaderos movimientos democráticos que crean en la gente, que estimulen la verdadera participación, que sean efectivamente libertarios y transformadores. Y es por ello, por esa matriz, que las cúpulas de los partidos inexorablemente degeneran los procesos revolucionarios. Primero se impone el burocratismo. Después, cuando el “poder” ya no se puede repartir entre “todos”, los burócratas se convierten en dictadores y autócratas. Y claro, todo se hace en nombre de los ideales, de la doctrina, de los intereses superiores, de la democracia y la justicia. ¡Ay… de quienes se atrevan a cuestionar el dogma y al jefe!

Hay que identificar los paradigmas ideológicos que están detrás de esa matriz. El “partido”, que lo sabe todo, lo planifica todo, lo prevé todo, y claro, puede castigarlo todo. El “líder" y/o “caudillo” que no se equivoca, que debe ser endiosado, que es “perfecto”, al que hay que “seguir” porque es una especie de “iluminado”. Y claro, inmediatamente aparecen los áulicos que se encargan de rodear y manipular al “gran dirigente”.

Así, en esa dinámica se olvida cualquier sentido de modestia, humildad, verdadero espíritu crítico y autocrítico, y mucho menos se estimula la democracia, la participación, la apertura mental, la experimentación, y la creatividad. El control y la disciplina son las palabras preferidas.

Por ello en Colombia, país religioso hasta el fanatismo, la izquierda – armada y desarmada – heredó ese tipo de fundamentalismo mesiánico que llevó al extremo de las vanguardias que se disputaban, muchas veces a mano armada, quienes eran los escogidos para “liberar al pueblo”. Esa es la razón de que nuestra izquierda sea profundamente conservadora y en gran medida “temida” por un sector importante de la sociedad.

Se olvidaron del principal llamado que hacía la Primera Internacional: “La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos”. Y también hicieron a un lado el contenido de los versos de su himno que decían: ¡No más salvadores supremos/ni césar, ni burgués, ni dios/pues nosotros mismos haremos/nuestra propia redención!”

Esa matriz está siendo superada por los nuevos movimientos que han empezado a surgir en el Siglo XXI. No por los que se autodenominan “Socialismo del Siglo XXI” en América Latina que tienen la misma placenta, sino por aquellos procesos que están naciendo de las nuevas revoluciones que se han vivido a partir del levantamiento y rebelión árabe de 2011, los “indignados españoles” y Ocupa Wall Street (“Somos el 99%”). De alguna manera los neo-zapatistas han avanzado en esa dirección, bajo se propia herencia y tradición indígena.

En ellos se promueve la Democracia Directa, la democracia ciudadana y el poder popular. Y aunque no se desconoce la “democracia representativa”, porque se es consciente que hay que aceptar el sentido de la verdadera representación, se proponen modificarla, hacerla efectivamente representativa, quitársela al poder del capital. Por ello se lucha por acceder a la institucionalidad existente o sea, el Estado Heredado, no para perfeccionarlo ni destruirlo abruptamente, sino para subordinarlo, limitarlo en sus aspectos negativos, y ponerlo, así sea parcialmente, al servicio de los intereses de las mayorías, siempre con la presión “desde abajo”.

Seguramente será todo un aprendizaje, un nuevo camino, un hacer colectivo, que nos va a permitir superar esas falsas democracias que hoy están al servicio del capital financiero, pero también, nos van a evitar caer en las dinámicas autoritarias en que degeneró la supuesta “democracia socialista” que – en verdad –, nunca tuvo una verdadera concreción porque el “Partido” (o mejor, la burocracia del partido, la “nomenklatura”) rápidamente se apoderó y anuló los incipientes organismos que estimulaban y construían democracia directa.

Entonces, la idea es tener un pie en la institucionalidad existente con visión y práctica de “nuevo gobierno”, y el otro pie, en la Democracia Ciudadana, con visión de “Verdadero Poder”. Seguramente esa dualidad se mantendrá por un buen tiempo – tal vez mucho – pero serán otros factores, que son de más largo aliento, los que definitivamente harán a un lado la misma “democracia” y surgirán nuevas formas de auto-gobierno.

El Pro-común Colaborativo que hoy surge alrededor del “Internet de las Cosas”3 y los “gobiernos de los bienes comunes”4 que existen en muchas partes del mundo, nos irán dando la pauta de cómo resolver el gran dilema histórico, que es hacer coincidir el interés individual con el colectivo.

Email: ferdorado@gmail.com/Twitter: @ferdorado

1 Hay determinismo biológico, genético, social, económico, psicológico y cultural.

2 Se puede profundizar en esta idea abordando el estudio del texto “Elogio de la dificultad” de Estanislao Zuleta, destacado pensador colombiano. http://bit.ly/1BdpL5n

3 Rifkin, Jeremy. “La sociedad de coste marginal cero – El internet de las cosas, el pro-común colaborativo y el eclipse del capitalismo”.  Editorial Paidós, Barcelona, septiembre de 2014.

4 Ostrom, Elinor. “El gobierno de los bienes comunes”. Fondo de Cultura Económica, México, 2008.

Edición 447 – Semana del 22 al 28 de mayo de 2015
 
 
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